Efemérides

1 de febrero: Nace Norman Rockwell (1926)
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viernes, 10 de septiembre de 2010

El aro

El aro es una circunferencia tendente a estrecha y desplaciente, tirando incluso a maloliente, tipo esfínter, que individuos y sociedades se ven obligados a atravesar en momentos desfavorables, a fin de evitar males mayores, cuando la única salida alternativa supone la hecatombe. Y aquel que nos invita a atravesarlo, vara de avellano en mano, bien lo sabe.

La Historia está repleta de ejemplos de pasadas por el aro, que han ido conformando, a lo largo de los siglos, el mundo tal y como ahora lo conocemos. Mundo que sigue moviéndose al compás de nuevas pasadas por el aro, habida cuenta de que el uso y la costumbre lo han refutado como método eficiente en la mayoría de los casos, pues, apoyado en la tergiversación y, más aún, en el olvido que proporciona el paso del tiempo, sólo unos pocos desviados acaban teniendo en mente al cabo de una o dos generaciones que la consecución de los éxitos se logró gracias al viejo método de pasar por el aro. Y esos desviados, de cara a esa nueva sociedad, no alcanzan a ser más que cuatro locos que dan el coñazo cada equis por vete tú a saber qué quieren y de qué se quejan. Sólo en mínimas ocasiones logran siquiera el título nobiliario de “agitadores”. Que al menos les sirve para salir por la tele quince segundos.
Irlanda pasó por el aro, dejándose un trocito de país a fin de ganar al menos la independencia del trocito más grande.
España pasó por el aro a la muerte de Paco, firmando las “leyes de la amnesia”, porque era mejor que otro sainete a dos bandas.
El Sahara y todos sus contertulios pasaron y pasan por el aro tras la Marcha Verde.
Los dirigentes palestinos llevan décadas pasando por un aro cada vez más angosto.

Lo malo de pasar por el aro estriba en que, desgraciadamente, a aquel individuo o sociedad protagonista de la acometida a través del redondel no tiende a olvidársele tan fácilmente el asunto, y basta que la tornas en algún momento se den la vuelta, o viren mínimamente, para que el recuerdo de semejante humillación se sume a la razón moral que, antes de atravesarlo, poseía sobre el hecho originario en cuestión, para que la reacción sea tan virulenta como nunca antes. Cierto que esto, para sosiego del orden mundial, no ocurre muy a menudo. Pero a veces, pasa. Mucho se han estudiado los efectos de las estrictas condiciones de paz impuestas a Alemania tras la I Guerra Mundial y la responsabilidad de las mismas en el nazismo posterior.

Hoy es 2010 y sigue habiendo aros diversos que atravesar. Dice el periódico de ayer que Serbia ha “reconocido” que la independencia de Kosovo no fue ilegal. Me la imagino en una sala de un ministerio, con una lámpara deslumbrándole los ojos, exclamando “¡sí, es cierto, yo escribí el Quijote y la independencia de Kosovo no fue ilegal, pero por dios déjenme ya participar del mundo y sáquenme del aislacionismo este al que me tienen relegado!”
Amén del absurdo de pretender (y fingir) por parte de la internacionalidá un Kosovo independiente*, lo que me indigna no es que Serbia comulgue con esta misma teoría: me parece, de hecho, muy lógico que lo haga. Es la única forma de que lo admitan en el club (si lo admiten, porque hasta la fecha, ella ha venido cumpliendo su parte, aquello que se le ha ido exigiendo, mientras que por nuestra parte no le hemos dejado más que oler de lejos la zanahoria). Lo que me indigna es la hipocresía con la que nosotros, el mundo civilizado, adalid de la paz y la concordia, le emplazamos a “reconocer” la legalidad del asunto. Cuando de legal ni tiene ni ha tenido nunca nada, y la mentada independencia se da de bruces con los tratados internacionales en general y la resolución de la ONU para Kosovo en particular, esa en la que precisamente dice apoyarse.

El mundo gira y la geopolítica se mueve, y eso es y ha sido siempre así. Siempre habrá quien gane, y siempre habrá quien pierda. Pero acompañarlo de la humillación demagógica revestida de moralidad me provoca náuseas. Pasar por el aro es necesario. Pero pretender que sea moralmente admirable es avergonzante. Sobre todo, para quien lo pretende.


*Para curiosos que quieran saber a santo de qué digo esto, les sugiero la lectura de esto otro, especialmente los epígrafes referidos a “Futuro de Kosovo” y “Presente de Kosovo”

miércoles, 11 de agosto de 2010

Al olor de las sardinas...

Están pesaditos los marroquíes con que si les ponemos un pressing catch por razón de unas sardinas malolientes, et alteres. A mí me produce cierta nostalgia, la verdad, ver las manis de indignados magrebíes quejándose del trato que reciben por parte de los bárbaros hispanos en la ciudad ocupada de Melilla. Tienen una pinta muy parecida a las manis del 1º de Mayo en la antigua RDA (esas en las que ay de ti como no colgaras la banderita en el balcón), o a las hordas de españolitos recibiendo a Eisenhower –o despidiendo a la División Azul-.

Las manis magrebíes tienen su puntito kitsch. Me pregunto si serán como las manis de La Familia aquí en Colón, y el monarca de ahí abajo sacará a pasear a todos los familiares más y menos cercanos de su séquito como cuando Rouco tira de agenda. El caso es que ahí les ves, con las banderas rojiverdes a todo trote en plena exaltación pro-derechos humanos.

Y es que les tratamos muy mal, en los pasos fronterizos de la ciudad ocupada de Melilla. Este pueblo de iberos, racista, que no alcanza a comprender el trato sutil al que el pueblo marroquí está acostumbrado.

Yo, qué quieren que les diga: me aburre el asunto. Están coñazos, los tíos. Pero no puedo evitar preguntarme por qué anda Mohamed tan nervioso, revolviendo tantas aguas y buscando que salte la chispa. Hace unos meses, nombrando para el cargo de embajador en España a un prófugo del Frente Polisario sin experiencia ninguna, de pasaporte argelino hasta hace nada y ahora en teoría hiper-pro-marroquí al respecto del Sahara (es decir: tocando las narices en un tema tan controvertido como ese en este nuestro país). Y ahora, con que si tú me das de latigazos porque al pobre estudiante de 30 años las sardinas le huelen mal (la excusa parece sacada de Ali Baba y los 40 ladrones, a la sazón).
Anda Mohamed nervioso, me pregunto si será porque a Estados Unidos se le acaba el imperio de a poquitos y quiere aprovechar a quemar los últimos cartuchos –que nunca se sabe si con los chinos, indios y brasileños la cosa estará tan clara-. Estados Unidos se va esfumando y Marruecos sabe que se queda sin El Amigo Americano, el que le hace ser quien es en la zona, el que le permite campar a sus anchas en tantos asuntos, ONU incluida. Es ahora o nunca. Que salte la chispa. Que salte la chispa, porque si salta, sabe que la OTAN no va a meterse. No puede. Cosas de los tratados.

En fin. Anda Mohamed nervioso y con el mapamundi sobre la mesa. De momento ha optado por la opción “soliviantación de masas”. De sus masas, las de Mohamed. De las masas que viven allí, de las masas que no deben de vivir muy mal.
Porque las otras, las que viven muy mal, es aquí donde viven, o donde intentan vivir. Aquí, en esta tierra de racistas y bárbaros y maltratadores.

jueves, 27 de mayo de 2010

El Imperio Austro-húngaro

Me dice el periódico de hoy que el parlamento húngaro ha aprobado una ley por la que concede la nacionalidad húngara a todos aquellos humanos que puedan (y quieran) demostrar que tienen antepasados húngaros. Esto viene a entenderse para el mínimamente versado como “todos aquellos ciudadanos de los países limítrofes que con el desmoronamiento de Austria-Hungría fueron a parar a estados ajenos” –y algún argentino despistao, si acaso y añado-.
Me imagino a Orbán, el cabeza del partido Fidesz (nacional cristiano) y actual Primer Ministro, brindando con la abogada Krisztina Morvai, una de las más visibles cabezas del Jobbik, 3ª fuerza parlamentaria en la actualidad y que cuenta entre sus seguidores con innovaciones tales como una organización paramilitar, la Guardia Húngara, que luciendo sus cuidados uniformes es garante del orden y el concierto entre la población magiar.
Al parecer, ni esto ni las reiteradas afirmaciones nacionalistas, antisemitas y antitodo deben hacer pensar en ningún tipo de paralelismo con el Partido Nacional Socialista de Hitler, nos indican los políticos pertenecientes a la mentada formación, que se sienten muy insultados cuando Europa los define como "filofascistas".

La Morvai siempre me produjo un escalofrío velloerizante por la médula, muy parecido al que me produce su antónimo, Tzipi Livni, la hasta el pasado año ministra de Asuntos Exteriores de Israel. Es curioso que sea tan factible confundir a las que entre sí se comerían vivas si tuvieran ocasión. Desde el notable parecido en lo que a imagen se refiere, hasta sus soñadoras ideas de un imperio en el que no se ponga el sol para sus pueblos, tan venidos a menos, por otra parte.

Pero volvamos al tema que nos ocupa: la Gran Hungría soñada por el actual régimen del país. Hm. Parece ser que la nacionalidad no va a dar derecho a cobrar pensiones ni ningún tipo de prestaciones diversas, ni otorgará el derecho al voto. “Pues vaya mierda de nacionalidad”, dejan caer algunos lectores comentaristas en el diario, “que me expliquen para qué sirve”.

Pues veamos. Más allá de la posibilidad o no de que Hungría en el futuro pretenda revisar el contorno de las fronteras en base al principio étnico de autodeterminación de los pueblos, lo cual puede suceder o no, con un resultado favorable o no, y más allá de que también sirva –aunque sobre esto no estoy muy versada- para repartir fondos y votos (los fondos, porque entiendo que en la UE uno de los puntos de corte es la tasa de población nacional de un país; los votos, porque en la sempiterna pendiente reforma que poco a poco va tomando forma, una de las opciones que se baraja es que los votos de los europeos cuenten más o cuenten menos por un país según el número de nacionales con los que cuente), decía, más allá todos esos posibles o no, probables o no, el asunto sirve para algo mucho más inmediato que no es cuestión baladí, maifrén.
Sirve para obtener un pasaporte UE, que no es moco de pavo.
Que se lo pregunten a los macedonios, que desde que Bulgaria entró en la Unión Europea, un alto porcentaje de su población se acordó de golpe de sus familiares transfronterizos y empezó a mover papeles.

Qué harían ustedes, amigos tremolinos, si fueran serbios de la Vojvodina, y, como serbios que son, les hicieran falta los mil y un visados para poder visitar Torremolinos en sus vacaciones (o Copenhague, o París). La Vojvodina, donde incluso todavía se habla húngaro aunque nunca haya mostrado oficiales deseos de independencia, ni siquiera durante los 90 en que tanto se estilaba en la antigua Yugoslavia. Pues ustedes, lógicamente, harían por agenciarse un pasaporte UE. Ya sea para visitar Torremolinos en julio, o para trabajar en Luxemburgo todo el año (por ejemplo). Y qué decir de los ucranianos, a los que también toca la medida, que entre el Guerra y Paz continuo que se tienen montado entre ellos mismos, menudo relajo debe de dar eso de ser ciudadano de la UE. Vamos, yo, desde luego, serbia, macedonia o ucraniana susceptible de agarrarme a la medida, lo tendría claro.







Krisztina Morvai




Tzipi Livni

lunes, 24 de mayo de 2010

J'accuse

Vodafone me invita (y me incita) a cambiar de móvil cada año. Dice que, si no, no soy moderno. Dice que, si no, no soy apto para la sociedad en la que vivimos. En resumen dice que, si no, yo a dónde voy, piltrafilla. Porque encima me lo dan gratis. ¡Gratis! El que no tiene un móvil nuevo cada año, y encima gratis, es que definitivamente debe de ser imbécil.

Siempre me he preguntado qué es lo que mueve a las masas a cambiar el móvil cada dos por tres, si el anterior que tenían funcionaba. “Es que estaba muy antiguo”, me suelen dar como respuesta. He concluido que, en la mayoría de los casos, eso quiere decir que había algún politono que no le entraba, algún juego con el que no era compatible, o que quizá le faltaba la función raíz cúbica. Y así, veo acumular teléfonos móviles en los cajones, en los contenedores, en las basuras. No en las conciencias.

Me cuesta mucho creer, aunque me esfuerce, que todos hemos desarrollado la necesidad inesquivable de comprarnos un blue-ray si tenemos el dvd que adquirimos hace un año. Me cuesta mucho creer que la masa, de la nada, haya siquiera desarrollado la capacidad de percepción sutil necesaria para aprehender las diferencias en la calidad de imagen, de sonido, de proceso técnico. Es a mi juicio imposible contar de forma fehaciente con tal grado de sibaritismo cuando uno no es siquiera capaz de distinguir un tenor de un barítono (ya ven que he puesto un ejemplo bien sencillo). Pero más allá del absurdo descrito, lo que verdaderamente me sorprende hasta la extenuación al respecto de que las masas cambien el móvil cada dos por tres es su capacidad para asimilar, de una forma tan proactiva, la incomodidad. Lo que comúnmente denominaríamos el coñazo. El coñazo que supone aprender cómo funcionan las cosas en el nuevo teléfono, introducirle todos los datos que teníamos en el anterior, y etc etc. Y esto, cada año. Me maravilla.

Lo dicho: nunca lo he entendido. Nunca lo he asimilado. Nunca lo he comprendido, cómo alguien puede proactivamente exponerse de buen grado a tal vilipendio. Simplemente, me maravilla.

Lo que me indigna, me insulta y me anima a inscribirme en Sendero Luminoso es que Vodafone me incite a cambiar de móvil cada año, so pena de excomunión. Que de forma tan masiva solivianten a la población, que no necesita ser soliviantada, para que se apunten a tan excelente promoción. Que promuevan con tanto descaro el absurdo de nuestra civilización, que para cambiar de móvil cada año, por el capricho de que sea azul celeste y yo pueda posicionarme en sociedad, obvie hasta el paroxismo de dónde procede un móvil. Y encima, gratis.

Un móvil procede de las guerras del coltán. De ese nuevo petróleo que ha nacido en una época en que ya sabemos hasta dónde se llega por petróleo. Proviene de un Congo extenuado. Proviene de unos chinos a destajo, y de un tajo cada vez más chino. Proviene de un nuevo expolio. Proviene del cinismo elevado a ciencia, proviene de la ausencia de uno mismo.

Por eso, yo no le perdono a Vodafone esa campaña. Y lo acuso.

jueves, 29 de abril de 2010

Anexo

Me han pedido de forma insistente con una jeringuilla al cuello que actualice La Tremolina. En estos momentos tengo cosas de cierto caracter acaparador en la cabeza, así que una crónica de las habituales (o no) habrá de esperar un pelín (una hora, dos días, tres meses, no sé).

Sin embargo, yo me debo a ustedes, mi querido público, al que mi análisis de la actualidad hace emerger del lecho cada mañana con renovadas energías. Es por ello que, estimados fieles, encuentren a continuación mi aportación a todo el tema este de Garzón y las fosas y la memoria histórica y el cristo que lo peinó.

domingo, 11 de abril de 2010

Si eres un hijo de puta

Si eres un hijo de puta, lo mejor que puedes hacer para dejar de serlo es morirte. Está demostrado. La historia está llena de ilustres hijos de puta a los que se ha desposeído del cargo por el inevitable hecho de fallecer. Y es que es morirte, y que el ideario popular (alentado por la prensa, que es la que antes alentó a lo contrario) se olvide de las acciones que te han valido el sobrenombre y, en su lugar, tu figura aparezca matizada con un tul de bondad y buenos propósitos que nunca antes nadie te puso de atuendo. Como si estuviéramos seguros de que justo antes de morirte habías decidido dejar de ser malo. Como si morirse fuera un hecho heroico que hubieras decidido acometer, para compensar al mundo de tus acciones previas. Como si lo de morirse no hubiera sido un contratiempo, vamos.

La historia está llena, en todos los ámbitos, en todos los campos. Lady Di, que de ser un putón verbenero que no sabía comportarse pasó a ser la pobre víctima de un estricto sistema, Charlton Heston, que dejó de ser pepe rifles para ser ese gran actor, Carrero Blanco, que dejo de ser Paco II para ser una víctima de ETA, o por supuesto, el mismísimo Michael Jackson, que dejó de un pedófilo de mierda para convertirse en el mejor artista de la historia, indiscutiblemente y al parecer.

Se ha muerto el gemelo B del Vaya par de gemelos polacos y ahora la UE ya no echa pestes sobre él, sino que le declara días de luto. Ahora el pueblo polaco está conmocionado por su perdida, y no dividido in extremis. Se ha muerto este buen hombre y ahora cuánto valía. Ya no es el tocapelotas que, junto a su hermano, ponía a la UE entre las cuerdas cada dos minutos, entre escudos antimisiles que le acercaban al born in the USA que tanto debió de anhelar en su mocedad, y cantos patrióticos de la gloria polaca (ah, la UE, que se quiere aprovechar de nosotros!). No: se ha muerto y ahora sólo falta que digan que fue un gran estadista.

Pues qué quieren que les diga: a mí me sigue pareciendo un hijo de puta. Y encima, en tristón. Así como un hijo de puta desleido. No es que deseara su muerte (ni mucho menos), pero más que una gran pérdida, ya sucedido me parece un gran avance. Supongo que a todos aquellos a los que yo les parezca una hija de puta les ocurriría lo mismo en el infausto caso de que me diera por morirme. Lo cual a mí me parece sin duda muy loable.

Valoraciones del personaje aparte, hay que reconocer que la casualidad, a veces, tiene unas hijoputeces que son para partirse de risa. Como que el día que cayó el muro de Berlín coincidiera en el calendario con el que a los nazis les dio por quemar sinagogas et alteres durante la "kristallnacht" unos cuantos años antes. ¿Pues no va el buen hombre y se estrella justo cuando se dirigía todo henchido de orgullo a conmemorar con Rusia a los muertos de Katyn? Con lo que les ha costado que Rusia les hiciera caso. Al honor polaco. Ahora que Rusia dice que bueno que vale que fuimos nosotros con Stalin que al hombre le daba por estas cosas con vosotros y con cincuenta más tampoco os vayáis a pensar que era en exclusiva, ahora que Rusia hasta les monta un funeral en conjunto pa que se vea bien por la tele, y el polaco emérito dice bueno vale entonces vamos a hablar, ahora después de tropecientos años con el resentimiento a flor de piel, ahora van y se estrellan. La plana mayor del estado polaco. Joder. Es que ese país está gafado, no fastidies. Para que luego en Europa los chistes sean de belgas.
Si es que hasta dan ganas de ocuparlo, no me dirán ustedes que no.

martes, 2 de marzo de 2010

Parecidos ¿razonables?




No he podido reprimirme...

viernes, 26 de febrero de 2010

Dos patas para un banco

Me encuentro dividida. Tengo el corazón partío. Me entristece sobremanera este duelo de titanes, esta carrera sin aliento por ser el que más destaque, esta división de potenciales que no ha reparado en el hecho de que, si combinaran sus esfuerzos, en lugar de ir cada uno por su lado, la gloria sería suya.

Pero ahora, en estos momentos de la actualidad presente, ellos están divididos, y yo, por ende, también. No sé a quién entregarme. Mi pasión oscila entre el uno y el otro, ora las manifestaciones de éste, ora las propuestas de aquel, y mis sentimientos siempre anhelantes de una unión, de una conjunción, que permita al exiguo podium de las personalidades mundiales no vacilar continuamente en ese reparto, entre el uno, y el otro.

No sé a quién encumbrar el primero. Son los dos un binomio de la sociedad y la moral contra natura escindidos en dos cuerpos, como Pajares y Esteso, como Tip y Coll, como Dinio y Marujita. Y yo no sé por quién decantarme como adalid de la raza. Porque sé que en realidad son uno, como el Padre, el Hijo, y la Paloma. Dividido en dos para despistar.

Sí. No hay otra explicación posible: Gaddafi y Chávez son el mismo ente, que unas veces canta boleros, otras veces monta circos en sembraos neoyorkinos con sus carpas y todo; unas veces intercambia cromos con Irán, otras veces llama a la guerra santa contra Suiza: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Gaddafi/declara/guerra/santa/Suiza/elpepuint/20100225elpepuint_22/Tes


Confieso en verdad que a mí me hacen los ojos chiribitas cuando escucho teorías para acabar con Suiza, como la del parque acuático de mi compañero, y que en esos momentos mi creatividad desenvaina la espada y me provee de exultantes imágenes con ese pueblo como protagonista. Pero qué quieren que les diga: dejar de trabajar para los suizos para acabar trabajando para los libios... Casi me quedo en Guatemala que pasarme a Guatepeor.

jueves, 25 de febrero de 2010

China

Hoy ha llegado a mis manos en el trabajo una liquidación de gastos valorada en 4.137,28 euros y acompañada toda ella por tickets chinos. Y he pensado que bien podría haberse ido el interfecto protagonista, qué se yo, de putas, mismamente, y a mí me iba a parecer muy bien, porque entre tanto caracter y sello variado sólo alcanzo a reconocer el encabezamiento de uno de los tickets, que reza "Carrefour".

El caso es que China está de moda. Mi compañero se muda a la filial china (otro que se pira, sigh!). Una amiga/conocida (desde aquí la saludo, por si me lee) se ha liado la manta a la cabeza y también se va a China. Antes que ella, otra amiga/conocida también se fue. Y qué decir del amor que siente Mario por el mentado lugar, al que planea irse cada dos por tres. A este paso va a parecer China la Suiza de los 70, toda llena de españolitos escuchando a Antonio Molina en los transistores que sin duda se podrán seguir encontrando en las tiendas -entre los mp4 contrachapados-.

China. China es un sitio muy grande lleno de chinos.
Chinos. Chinos son unos señores que cada uno es de su padre y de su madre pero que su gobierno dice que son todos lo mismo.
Lo mismo. Lo mismo es que en teoría todas las vidas se miden por el mismo rasero, y en la práctica, todas las vidas se miden por el mismo rasero. (Salvo excepciones).
Excepciones. Excepciones es eso que no hay en China, según su gobierno.
Su gobierno. Su gobierno es lo que decide qué es China, qué son chinos, qué es lo mismo y que son excepciones. Y también, qué es el gobierno.

Amén de estas científicas explicaciones, China es, según el saber popular, un sitio donde si todos saltan a la vez, los continentes se hunden (o algo así). Es también al parecer el gigante que nos va a comer a todos, y donde subyace el verdadero nutriente de Zara (et alteres). Es asimismo de donde vienen los mantones que valen algo, y los juguetes que no valen nada. Es el idioma del futuro, y las condiciones de cambio que se nos avecinan. China es eso que, en la tele, las figuras mundiales de la política y la sociedad denostan por la involución al siglo XVIII que supone en términos humanos, y es eso que a su vez, y en la misma tele, nos presentan como hecho consumado. China es el inminente futuro. China es el inminente presente.

Preveo que otra vez me veré en la Resistencia.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Tú no, Brutus

Compañeros lectores,

Es mucha la furia que acompaña mi crónica de hoy. Desconozco su relación de ustedes para con la lengua que hablan, pero en mi caso, es mucha. Es admiración, odio, pasión, crítica, misterio, interés y depravación sexual, si me apuran, lo que siento hacia ella. "Lingüistas", que nos llaman, no ya como profesión, sino como mera enfermedad psíquica cual esquizofrenia u homosexualidad (que dirían algunos). Es por ello que a los que la padecemos nos regurgitan las bilis en el esófago cada vez que la puta casualidad hace que pasemos por delante de un televisor encendido a eso de las 4 de la tarde y nos dé por leer los subtítulos de Antena 3 o cualquier otro, y desde luego, lo que es mucho peor, cada vez que María Casado suelta un "habían" en los informativos de tve1 o que Shin Chan habla de que su madre "tiene que adelgazarse" o que "va a jabonarse" en el baño. En estas últimas ocasiones las bilis entran en punto de ebullición y el que me acompaña da gracias al cielo por mi natural pasivo que evita que yo agarre el salero y lo arroje al plasma de última generación que con tanta ilusión se ha comprado, al grito de "¡¡¡¡¡aprended a hablar, cabrones!!!!!" y con la mirada desecajada cual Rouco Varela repasando la ley del aborto.

Sé que para muchos es éste un tema menor. Pero cómo les diría yo. Es como si una se pone a diseñar aeropuertos. Pues agárrense los machos, porque la mitad de ustedes ya les adelanto que no salen vivos del avión. Pues esto es un poco lo mismo. La mitad de ustedes habla como el culo. Y no digo que hablen mal: digo que hablan como el culo. Mal, hablo yo. Pero la mayoría de ustedes, como el culo. Disculpen que insista. Y es este "ustedes" tan general, que se refiere a la mayoría de los que nunca leen ni leerán La Tremolina. Ese beneficio de la duda les concedo (muah-ja-já).

Avanzo. Ocurre lo anterior tan frecuentemente, que uno al final aprende a vivir con ello y se agarra lo más fuerte que puede a su sacrosanto reducto gramatical: sus estanterías de literatura, su libreta de apuntes, sus correligionarios ortodoxos con los que intercambia fugaces códigos secretos que nos ayudan a sobrevivir en este Sodoma y Gomorra del lenguaje: "-Va y me dice mi jefe que eso no lo ponga así, que eso va con b, -qué me dices, -como te lo cuento, -madre mía, yo no sé dónde vamos a llegar, -pues ya ves".

Y así uno transita por las semanas, los meses, los años, con sus hojas impresas, sus inevitables análisis sintácticos de los estímulos que recibe, sus reflexiones sobre nuevas acepciones y evoluciones morfológicas... hasta que un día descubre que, en lugar de llegar el mesías que nos redima, lo que ha llegado es el anticristo, el mal, el armaggedon. Hasta el día que uno descubre que lo más sagrado ha sido profanado por la desidia, la ignorancia, la estupidez incluso. Hasta el día que uno descubre que el ataque parte... de una editorial. Una editorial. UNA EDITORIAL. Esos entes a los que los enfermos como yo acudimos a por nuestra morfina. Una editorial. Una editorial. Y no precisamente una editorial de tres ilusos con una imprenta berjusa en un garaje, no. Una editorial como Mondadori, que publica a Isabel Allende, Katherine Neville y tantos otros para más y menos fanáticos del best seller, una editorial como Random House Mondadori que distribuye, si me apuran, la tercera parte de los libros en este país. Seguro que tienen ustedes ya los ojos como platos, no me cabe la menor duda.

Todo empezó una noche de diciembre en que, tras rozar con las yemas de los dedos índice y corazón durante un total de cuatro veces la portada de Homo Zapiens (qué suavecita -pensé-), decidí abrir el libro para acceder al contenido, gesto éste que supone la definitiva extracción del volumen del estante "libros por leer" y su traslado a la mesilla de noche, donde adquiere el estatus "libro leyéndose". Todo iba bien hasta que me encontré con el primer "habían" de la tarde.
"No puede ser", me dije. "No puede ser. Habré leído mal".
Volví a leer.
Dos veces más.
Otra, por si acaso.
No no no, ahí pone "habían".
Miré desconcertada la contraportada del libro. La primera página, la segunda, de nuevo la contraportada. Decidí seguir avanzando, dando por hecho que todo se debía a alguna disfuncionalidad de mi mente, tan esperada, por otra parte. Pero no: la conjugación del verbo haber seguía sucediéndose sin control: "En la cuerda habían cuerpos humanos" (pág. 134), "habían muchos que sólo lograrían alcanzar la antorcha una vez que él llegara a ella" (pág. 136), "habían en él verdaderas cámaras" (pág. 199), "Siempre deben haber tres candidatos" (pág. 229), "sólo habían dos tanques" (pág. 237), "habían tres niveles de protección" (pág. 243)... y esto son sólo unos cuantos ejemplos cogidos al azar. Puedo aceptar un "auto" por "coche" en libros distribuidos en España, e incluso un "grafito" por "graffitti" que tan de pena queda, pero por la conjugación del impersonal "haber" en castellano, no paso. Jamás. Y por que un traductor no sepa diferenciar "esta" de "ésta", tampoco.

"Quién será el artífice de tan magna hazaña", pensé. Pues un tal José Manuel Prieto. Sólo se me ocurre que el tal José Manuel Prieto sea catalán, pues es bien sabido que en catalán sí se conjuga el verbo haber, y que la mayoría de los catalanes de lengua materna tienden a confundirse con esto y muchas otras cosas cuando hablan en castellano (por mucho que piensen que son bilingües: el bilingüismo es cosa muy compleja de conseguir, no se nace con ello -no sé qué opinará Jafuda-). De ahí que Shin Chan hable raro, y tantas otras series y películas que se doblan en Cataluña (cuya industria del doblaje -y la editorial- es bastante más fuerte que en el resto del país).

Pues te has cubierto de gloria, José Manuel Prieto -pienso-. Y sin embargo, no se dirige el grueso de mi ira hacia este portento de la traducción, sino hacia el responsable de haber lanzado eso a la calle: Mondadori. Estoy dispuesta a creer que no hayan conseguido a nadie mejor para traducir del ruso (que ya es difícil, porque me consta que hay excelentes traductores de ruso por ahí sueltos). ¡Pero por dios, que un revisor no cuesta tan caro! ¡Que qué menos, que una editorial de esas características no cuente con proceso de revisión de textos! Eso pasa por poner a dirigir departamentos de editoriales a licenciados en Administración y Dirección de Empresas, o por ponerme a mí a diseñar aeropuertos.

Por supuesto, decido que esto no se va a quedar así por mi parte, y tan pronto como termino de leer el libro, me dirijo rauda y veloz a contactar con Mondadori y a hacerles conocedores de los límites de mi ironía, congoja y sutil gracejo, amén de informarles de las tres velas negras que les voy a poner.

Pero ¡ah, amigos!, cuál sería mi sorpresa cuando descubro que dentro del apartado "contacta" de su página web, lo primero que aparece es el siguiente texto:

"Debido al alto volumen de consultas que recibimos, no podemos responder a dudas que sean preguntas frecuentes como:
>blablabla
>Reportar un error en uno de nuestros libros
>blablabla
>blablabla"

O sea, que los errores son frecuentes en sus libros. Stupendo, que diría Forges. Pincho en el link de tan tremenda frase. Me lleva a "libros defectuosos y errores". Pincho sobre ello. Me lleva a "He encontrado un error o defecto en un libro. ¿A quién me dirijo?". Pincho sobre ello. Y se me abre en la pantalla un formulario que dice: "Escribe tu consulta aquí: (500 caracteres máximo)".
Dispuesta a poner sobre la mesa la mayor capacidad sintetizadora de la que soy capaz a fin de hacerles llegar toda la rabia previamente descrita en 500 caracteres, me pongo manos a la obra, cuando observo que de repente, a la hora de enviar el formulario, éste se bloquea. Cabrones. Cabrones.

Muerte a Mondadori. Muerte a Mondadori.


PS. Como entiendo que se habrán quedado ustedes muy preocupados, amigos lectores, les informo de que, para tranquilidad del mundo intelectual, Homo Zapiens parece ser el único libro de Viktor Pelevin que ha traducido el tal José Manuel Prieto. Y añado, ya para ronroneo de la que suscribe, que el siguiente libro y último publicado por Pelevin ni siquiera está en Mondadori, sino en Salamandra. Aunque vaya usté a saber qué traducción lo defiende.
Y Mondadori se lo pierde, porque el Pelevin es uno de los escritores bandera de la literatura rusa actual (ahora que el lejano Este se está poniendo tan de moda, aniversarios murales y nobeles mediante)

domingo, 29 de noviembre de 2009

Cómo regalar 16 euros a la jet set teatral

Amigos,

Ayer me fui con el que me acompaña y el novio que le lleva a los teatros a presenciar un espectáculo que goza de cierto nombre y que, según anuncia, lleva 15 años subsisitendo con el resto de la cartelera madrileña: La katarsis del tomatazo. ¿Qué sabemos de La katarsis del tomatazo? Pues sabemos que se trata de un chou donde los alumnos de una de las más afamadas escuelas teatrales de la capital realizan una serie de sketches teatrales y que, si te gusta, les aplaudes, y si no consideras que lo hagan bien, les tiras un tomate que previamente te han facilitado. Pues bueno. Puede pintar simpático. Ea p'allá, vamos a verlo.

La entrada, vía Atrápalo, cuesta 16 euros. Entiendo que in situ será más cara. Incluye un refresco o una caña, eso sí.

En fin. Después de esperar cosa de una hora mientras una serie de personajes disfrazados de esperpéntico se pasea por allí, se permite por fin el acceso a la sala. Y allí que nos depositamos sobre nuestros asientos.

Qué quieren que les cuente. El espectáculo me sorprendió. Me sorprendió principalmente por lo inesperadamente malo que es. Pero malo, malo, malo con ganas. Malo que de haberlo sabido me habría ido a la representación de La casa de Bernarda Alba de cualquier grupo de jubilados de Móstoles. Malo de que, si se esfuerzan, no es peor.
Un texto de caca-culo-pedo-pis ya muy visto, predecible, chabacano y que convierte a Los Morancos en paradigma del humor intelectual. Unos chavales aspirantes a actores (y lo digo con toda la base: en la escuelateatro hay un cartel que dice "Abierto el plazo de inscripción para adolescentes y adultos") que, a excepción de un par de ellos (de ellas, más concretamente), no dejan mucha diferencia con la obra de teatro que hacíamos en el cole motu proprio en fin de curso.
Pero no se preocupen: donde hay vida hay esperanza. Y pensando en ese espectador que puede quizá no quedar satisfecho con esos sesudos diálogos, esa puesta en escena, ese buen hacer de sus actores, ese espectador que, erróneamente, puede llegar a concebir la idea de que acaba de tirar 16 euros a la basura, se han guardado un golpe de efecto en la manga: en una espiral nostálgica que el público no espera, la obra de teatro nos devuelve al núcleo duro de una de las más brillantes etapas del cine español: el destape. Sí, amigos: el espectáculo incluye culos y tetas para ser degustados por el espectador exigente -lo que a su vez, y como es sabido, consagra a una actriz, la convierte en actriz auténtica, le aporta la madurez actoral que la hace merecedora del papel protagonista en la próxima película de Costa-Gavras. "Tú a donde vas, piltrafilla, ¿acaso has enseñado las tetas? Pues te quedas de recogetomates"*.

Entiendo que me estoy enrollando. Entiendo que ustedes, oh público lector, a lo que irían a la obra es a tirar tomates, y punto. Pues tampoco se emocionen: los tomates se tiran en un pequeño porcentaje de tiempo de lo que dura esa indigestión. Lo demás son coreografías de barrio, los culos y tetas ya mentados y, eso sí, una retahíla de reivindicaciones cheguevara trasnochadas y deslucidas. Un regreso a la pubertad, en suma. Por la que apoquinas 16 euros.
Y encima los tomates no estallan.

En fin. Que yo, y otros como yo con los que hablo al salir de la función, le hemos regalado 14 euros a Cristina Rota (descuento 2 del Nestea). Eso, sumado a lo que los chavales inviertan en concepto de matrícula año tras año (cuya cuantía desconozco, ya que no aparece en la página web de la escuela), espero que dé para vivir y para seguir montando espectáculos. Y para que Juan Diego Botto se costee algún cursito en alguna otra parte -que, y ahora entiendo por qué, siempre me pareció muy mal ¿actor?-.
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*diálogo ficticio que sibilinamente imagino en una posible discusión entre dos integrantes del grupo a la finalización del evento.

Nota al pie: tengo entendido que no en todas las representaciones toman parte los mismos integrantes. De corazón espero que, si se les ocurre pasar por allí, no sean los mismos que yo tuve ocasión de degustar.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El Trío Sacapuntas

Ayer se juntaron en Berlín los tres jinetes del apocalipsis. George Bush padre, Helmut Kohl y el espítiru santo Gorbachov, a cuál más gagá. El que mejor se conserva es Gorbachov: será por el fresquito de haberlo mandado a Siberia. Ahí estaban los tres: Kohl en su silla de ruedas quejándose de que ya estaba bien de fotos, Bush con su bastón, y Gorby soltando pullitas: "sí, sí, es que todas las potencias y sus dirigentes tienen que preguntarse cómo hacen las cosas o están condenadas a perecer...", así como diciendo por lo bajinis a Bush: "oye echa un ojo al niño que desde que te conducía borracho en la universidad es que no ha parao de armarla, el jodío". Y el otro respondiendo con la mirada: "Pues anda que tu Putin..."

Los tres juntos. Para conmemorar la caída del Muro. Hace 20 años.

Hace 20 años, cuando un tipo con gafas trepó a lo alto del hormigón, y otro la emprendía a golpes con un martillo, a Europa le entró un subidón adrenalínico que le impidió pararse a pensar "y ahora cómo lo hacemos". A mi ex-semisuegro le caían unas lágrimas frente al televisor de su Essen occidental que no se le conocían, y mi amigo Sebastian pasó a ser de un país que iba a tardar muy poco en dejar de existir. Honecker metía en bolsas de basura todo lo que le daba tiempo a meter como si de un alcalde de Marbella se tratare. Y Gorbachov debía de pensar: "joder, igual no me expliqué bien con lo de la perestroika".
Todos debimos de pensar que con quitar la alambrada, ya estaba todo solucionado. Y no.

Apenas unos meses después de que los berlineses del Este y del Oeste se abrazaran a medio camino, Kohl ganó unas elecciones en las que tres opciones políticas que venían a significar tres yahoraqués diferentes estaban sobre la mesa. La que ganó, la de Kohl, era la más radical: occidentalizar cuanto antes, sobre todo económicamente, a la Alemania del Este, es decir: una anexión, más que una reunificación, si me permiten decirlo así. Fue tal la velocidad del hecho que para el 12 de septiembre de 1990, cuando no hacía ni un año que dos países que no se habían visto las caras en 40 años de repente se encontraran de frente, se firma en Moscú el tratado que finiquita la "Cuestión Alemana". Y la RDA deja de existir.

Para el común de los mortales, parece que la Guerra Fría dejó de existir también entonces. No se dan cuenta de que un altísimo porcentaje de los conflictos de hoy en día, si no todos, son meros rabotazos de aquella. No era tema común en las noticias del año 94 la responsabilidad moral de la Unión Europea en el asedio de Sarajevo, y parece que las crisis de Oriente Medio salgan de la nada. África, también, dejada a su suerte, cual metonimia del Sáhara occidental; Afaganistán, esa fístula.

Me pregunto qué pensarán los tres ahí en la tribuna bajo la luz de los flashes. Sobre todo, me pregunto qué pensará Gorbachov. De entre los tres, siempre me resultó el más inescrutable. Por ser el menos predecible. Habrá quien diga que es un Suárez. Pero me temo que las motivaciones son opuestas.

viernes, 3 de julio de 2009

¿Honduragua?

En Afganistán, y como ya es bien sabido después de tanta crisis afgana, Estados Unidos armó y organizó al entonces grupo de rebeldillos integristas que se paseaban por el mundo en harapos estudiando la teórica palabra y voluntad de un dios coyuntural en las madrassas pakistaníes, y que venía bien, a efectos de presentar serios inconvenientes al avance soviético en el país, donde la URSS recibió la extremaunción, allá por los 80. Esta formación y dotación armamentística se ha alzado ahora en serios inconvenientes para EEUU, como todos sabemos, un par de décadas después, ahora que a ese grupo de rebeldillos le ha dado por emprender la guerra santa, empezando por el núcleo comercial estadounidense en forma de torres de hormigón.

No es nuevo para USA. Le ha ocurrido en multitud de ocasiones. Le ha ocurrido siempre, de hecho, y es que llegado un cierto momento lo mío es mío y a ti te encontré en la calle. Y me pregunto si será esto lo que le regurgita a Obama en estos días, cuando se esfuerza por defender internacionalmente la legitimidad de la democracia en Honduras y desterrar por completo el fantasma de tiempos pasados, en que los ejércitos se alzaban en Centroamérica con la misma frecuencia con que Suiza convoca consultas públicas, pasatiempo nacional de los domingos en el país de los quesos, el chocolate y los lingotes.


Siguiendo la Doctrina de Seguridad Nacional y los principios de la Alianza para el Progreso impulsada por Kennedy, Estados Unidos creó en Panamá la Escuela de las Américas, escuela puntera donde, de la misma forma que a la elite intelectual de Centro y Suramérica se la invitaba a estudiar en universidades de EEUU, los militares de cierto cargo de estos países fueron formados. Allí se les entrenaba en cuestiones de guerra psicológica y distintas formas de guerra de baja intensidad (contrainsurgencia), aunque lo que más ha trascendido de sus enseñanzas es la notable excelencia en métodos de tortura, puestos en práctica con soltura en las distintas dictaduras que se dieron en América Latina a lo largo de los años 70 y 80.

En fin: se trataba de contener el expansionismo de teorías marxistas y comunistas dentro de su propia área de influencia (“América para los americanos”), y hacía ya tiempo que se dieron cuenta de que para tal fin lo mejor no era una intervención directa del ejército estadounidense (lecciones de Vietnam), sino una operación mucho más sutil (y prolongada): lograr que esa zona de influencia comulgara con la cultura y el punto de vista estadounidense, lo cual se logra a través de la exportación de valores y cultura, del control de medios de comunicación y, por supuesto, de la infiltración más sutil en lo que realmente da el poder en un país: el ejército y la esfera judicial.

Es lógico. Cada uno se defiende como puede. Pero el problema de Estados Unidos es que no acostumbra a actuar pensando en el largo plazo. Ni en dónde estarán ellos, ni en dónde estarán los demás (y no porque no lo sepa, que analistas buenos tiene).


En Honduras ha habido un golpe de Estado. Discreto al principio, bananero al final, con un presidente subido a un avión poco menos que en calzoncillos –y con la suerte de que lo hayan subido a un avión, en otra época, ya estaría muerto-. Un presidente, Zelaya, que se ha pasado por debajo de la pata lo que dicta la Constitución de su país, queriendo remodelar la misma con el fin de presentarse a un segundo mandato, o mejor dicho: queriendo proponer la remodelación de la misma a través de un referendum (referendum que, según las leyes hondureñas, no tiene capacidad de proponer). Así que referendum ilegal, a fin de cuentas.
Tampoco nos rasguemos las vestiduras: remodelar la Constitución con el fin de perpetuarse en el trono es exactamente lo mismo que ya han hecho otros países/presidentes de la región, y de toda suerte y condición: Fujimori en Perú, Menem en Argentina, Cardoso en Brasil, Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia, y que están en vías de hacer Ortega en Nicaragua y Lugo en Paraguay (igual que Uribe en Colombia). Zelaya no es el único que le intenta hincar el diente a la idea de un virreinato.
Cierto es que lo ha hecho mal. Cierto es que a mitad de legislatura, se ha pasado del liberalismo al chavismo acérrimo, entrando a formar parte de la esfera ALBA cual URSS contemporánea. Cierto es que se ha presentado ante el mundo a lo Pancho Villa, destituyendo a todo lo que se le ponía por delante en su intento de celebración de referendum ilegal. Pero un golpe de Estado no son formas occidentales, no, así que ahí tienes a la UE blandiendo sables diplomáticos por la democracia, a Chavez con su arenga habitual que se ha visto reforzada, y a Estados Unidos jurando por lo más sagrado que pío pío que yo no he sido. Que de verdad que esta vez no. Y todos poniéndose del lado de Zelaya: UEs, OEAs , EEUUs y co-rregionarios (que no co-religionarios), por mucho que les escueza la deriva que pretendía tomar el gobierno de Honduras (o, al menos, su presidente). Nadie quiere ser relacionado con un golpe militar en América Latina.

Pero el ejército hondureño, formado en esa misma Escuela de las Américas que abría el tema, el ejército de un país acostumbrado a una invasión militar estadounidense de la que no hace tantísimo tiempo, simplemente ha hecho lo que sabe hacer. Y el poder judicial de Honduras ha hecho lo que ha aprendido a hacer: lanzar una orden internacional de búsqueda y captura contra Zelaya a la Interpol (el mismo Zelaya al que antes sacaron del país metiéndolo en un avión). El antiguo secretario de Estado para America Latina de USA en las etapas de Reagan y Bush, que ahora regenta ciertas empresas con intereses en la zona, ya estaba haciendo desde abril lo que había aprendido a hacer: acusar a Zelaya de aceptar sobornos. La Iglesia hondureña también ha hecho lo que ha aprendido a hacer: incorporar acciones políticas a las homilías. Y los medios de comunicación, quién sabe si todavía auspiciados por según qué asociaciones y fundaciones independientes, o como mero residuo de ellas, han hecho lo que han aprendido a hacer: eliminar de la agenda televisiva a los partidarios del régimen.

Yo no creo que Estados Unidos tenga nada que ver en esto, hoy en día. Pero sus discípulos podían innovar mínimamente y no seguir al pie de la letra el A,B,C de los Documentos de Santa Fé. Más que nada para que Chavez no siga dando la tabarra, porque se lo están poniendo a huevo.





(este post va dedicado a Dezaragoza, de parte de mi yan, tras el momento yin del post anterior)

miércoles, 1 de julio de 2009

Mohamed Martínez Soria

Están los franceses últimamente que no levantan cabeza. Ni cabeza, ni pies: se ha caído otro Airbus al agua con unos cuantos gabachos dentro. Iban a unas islas mu raras que hay cerca de la costa africana. Eso les pasa por estar acostumbrados a tener tanta colonia por ahí. Nosotros a lo sumo vamos a Ceuta, que a las malas, siempre se puede volver a nado.

Y hablando de cabezas francesas, están ahora en pleno debate sobre si prohibir el burka en las calles de París y demás vías de la república. Dicen muchos que sí, que el atuendo atenta contra la dignidad femenina, y dicen otros que no, porque si lo prohíben, lo que van a conseguir es que las mujeres se queden en casa, ya sea por convicción personal o ajena (del marido más cercano). Coño, pues mejor, menos cola en la verdulería. Y en el ambulatorio.

El asunto es que a mí me ha llamado la atención el comentario del imán y presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán, un tal Mohammed Moussaoui, que afirma que no se conseguirá que esas mujeres renuncien por la fuerza, sino a través de la educación y el convencimiento. Me pregunto si se referirá a la misma educación que ahora les inculca que lo lleven.
No me he podido reprimir: mi yo más exhibicionista ha dejado un comentario en el apartado reservado a tal efecto en el periódico. Sí, sí, yo también reclamo la tolerancia de los pueblos a que yo me ponga bikini en Arabia Saudí, o en tantos otros sitios donde ni siquiera puedo salir a la calle si no es acompañada de un familiar varón. Sí, soy una intolerante, y una xenófoba, y una extremista, porque me repatea sobremanera que ahora vengan a tocarme las narices con algo que en este mi Estado ha costado tanto soslayar (porque en este momento se trata de Francia, pero ya nos tocará a nosotros, en esta Europa unida). Sí, desgraciadamente, así es: ante la radicalización ajena, se radicaliza uno también. Y ya no vale invocar a la corrección política, ni a la multiculturalidad, ni a apoplejías semejantes. Estoy dispuesta a aceptar que no pueda llevar bikini en Arabia. Y que me tenga que tapar cada centímetro de piel. Puedo incluso aceptar que ni siquiera pueda entrar a Arabia. Pero no tolero que venga un dios de importación a hacérmelo pasar incluso peor que el dios aborigen –que ya es bastante-.

Porque es un paisaje dantesco. ¿Se imaginan ustedes que en el año 62, en Madrid, Barcelona o Bilbao los inmigrantes extremeños y andaluces hubieran impuesto la mantilla, como en sus pueblos del Jaén profundo, y relegado el tocadiscos a los domingos en la Plaza Mayor? No, lo lamento, yo debo de ser muy xenófoba, pero en pleno 2009 me niego a doblegarme ante la garrulez extrema.