Efemérides

26 de abril: El cielo de Chernobil se ilumina (1986)



viernes, 26 de abril de 2019

Pedro me ha escrito una carta

Me ha escrito una carta Pedro. He abierto el buzón y ahí estaba su misiva: os la dejo abajo, para que veáis que no me lo invento. Me ha pillado totalmente por sorpresa: no me lo esperaba. Y me ha emocionado mucho. Así que siento la urgente necesidad de responderle.

CARTA DE RESPUESTA A PEDRO SÁNCHEZ

Querido Pedro, compatriota:

Muchas gracias por tu carta. Es la primera vez, en los casi ocho años que llevo fuera, que un representante de mi país, estado o nación me dirige la palabra: comprenderás mi excitación y nerviosismo.

Gracias igualmente por presentarme la España que quiero y por pedirme que me movilice para conseguirla. Una lástima que esa España moderna, inclusiva, integradora, solidaria, feminista, líder y competitiva, esa España de morirse en todos los sentidos, no sea también una España más previsora y puntual: tu epístola llegó ayer y, como sabrás, el plazo para que los aliens los del exterior votáramos terminó el martes. Se me ocurre también, ahora que sé que nos tienes en tus pensamientos, que si por fin derogarais la aberración esa del "voto rogado" habría más electores movilizándose por mi querida España esa España mía esa España nuestra.   

En mi favor debo decir que yo soy una de las elegidas. Sí: he conseguido, contra pronóstico, no ya solo procesar el ruego del voto, sino que las papeletas llegaran antes de las elecciones, e incluso he conseguido enviarlas en plazo pese a que tres días y medio de los cuatro que nos dabais Correos estaba cerrado por Semana Santa. Confío te sientas orgulloso de mí y de mis habilidades democráticas.

Te voy a confesar una cosa, ahora que hemos intimado. Te voy a contar un secreto. ¿Sabes qué? Yo te he votado. No por ciega admiración, ni por convicción ideológica (¿ideoloqué?), ni siquiera por un reducto del efecto Suárez 77 ("vamos a votar a este chico, que es muy guapo"). Te he votado porque eras lo que menos grima daba. Porque la evolución de nuestra reciente democracia ha sido, cómo te diría yo... como cuando sales a las diez de la noche dispuesta a ligarte a Brad Pitt y acabas a las tres de la mañana tratando de esquivar a Alfredo Landa. Para esto hemos quedado. Así que entre el bodoque de Aravaca, el marrullero de Granollers y el soberbio de Galapagar, menos repelús me da el flower-power cool. Al bombero torero ni lo mento, no entro al fuego de artificio que los medios, con escaso sentido de la responsabilidad, han abanderado.

Y en fin, que dios reparta suerte y que nos pille a todos confesados el domingo.

Atentamente, tu compatriota,
La Tremolina.

PD.¿Me podrías indicar la diferencia de matiz entre integradora e inclusiva? Estoy con el come-come desde ayer.


viernes, 22 de marzo de 2019

Qué es la democracia directa y por qué en realidad no la quieres


Periódicamente leemos pancartas y escuchamos eslóganes que dicen “democracia directa ya!”, u oímos a la gente, quizá incluso a nosotros mismos, decir que deberíamos tener una democracia directa “como en Suiza, donde todo se somete a referéndum y los ciudadanos votan y deciden ellos mismos absolutamente todo”. Esta afirmación, como casi todas las afirmaciones rotundas y absolutas, se cimienta en una profunda ignorancia y un superficial análisis (caso de haberlo) del asunto. Porque la afirmación no es errónea en cuanto a la realidad suiza. La afirmación es errónea en torno al “deberíamos”.

Déjenme que les explique por qué digo estas barbaridades con un ejemplo de democracia directa à la suisse llevado a cabo en un entorno similar al nuestro: el referéndum del Brexit. 
El referéndum del Brexit consiste en un político con inmenso poder viniéndose arriba para afianzar ese poder, lanzando al aire una cuartilla con una simple pregunta a un conjunto de ciudadanos acostumbrados a votar cada cuatro años para elegir, únicamente, a esa(s) persona(s) de inmenso poder. Así que esos ciudadanos acuden parcialmente a votar según lo que les hayan movido las entrañas unos tíos que gritan por la tele u otros, que son a su vez los que quieren acaparar más poder sin que les importe un carajo las consecuencias de lo que está en juego. Como resultado, sale por la mínima que tós p’afuera, y de repente esos ciudadanos se dan de bruces con lo que de verdad significaba esa cuartilla, eso que nadie les había explicado antes, ni ellos se habían molestado en indagar.

Veamos por el contrario en qué consiste e-xac-ta-men-te eso de la democracia directa suiza. De media, existen cuatro ocasiones al año en que los ciudadanos suizos están llamados a votar distintas iniciativas en referéndum. Más de un mes antes, les llegan a casa las papeletas y (atención) un libreto con cada iniciativa explicada, en versión resumen y en versión detalle, así como los argumentos a favor (redactados por los defensores) y en contra (redactados por los que la rechazan), además de (agárrense a la silla) “la recomendación del gobierno”, con su consiguiente explicación, que es (agárrense más fuerte) la que la gente suele seguir en caso de no tener una opinión pronunciada. Amén del libreto, la gente suele debatir con amigos y allegados opiniones y puntos de vista (y debaten, los jodíos, no le convencen al otro a gritos). Estas gentes de enorme experiencia y conciencia democrática introducen para colmo un elemento solidario del que en el resto de Europa no hemos oído hablar jamás, razón por la cual rechazaron iniciativas como ampliar las vacaciones de 4 a 6 semanas (“qué pasa con el pequeño negocio que no se pueda permitir pagar a sus trabajadores esas semanas extra”).

Así que yo sospecho que mientras nosotros, ciudadanos que nos desgañitamos a favor de la democraciadirectaya, no estemos por desarrollar esa conciencia política y democrática, esa responsabilidad que supone un voto, y ese civismo para admitir los resultados de los mismos, casi mejor que no nos lo pongan en las manos (y de la actuación de los profesionales de la política en caso de referendum, mejor ni hablamos). Y a los hechos me remito.

viernes, 23 de febrero de 2018

El Liberalismo o Por Qué Me Gusta Pagar Impuestos


Voy a cumplir 38 años, si no los he cumplido ya a la publicación de este texto. Voy a cumplir 38 años y en este rato mediante entre las bravuras de juventud y las nóminas a fin de mes, he visto a mis allegados y a mis alejados cambiar de miras en diferentes aspectos, entre ellos, lo que viene a ser el concepto de la propiedad, que es sobre lo que vengo a dirimir aquí.

Hay quienes cambian a lo Jiménez Losantos, y pasan de correr delante de los grises a liderar el fan club de Fraga. Hay quienes cambian más comedidamente, y pasan de las huelgas universitarias de pincho y cafetería a ganar un sueldito que defender con uñas y dientes. Luego hay también quienes no cambian nunca, y esto desde un punto de vista psicológico me resulta más preocupante, por contranatura.

Tengo una amiga que la única vez en su vida que faltó a clase fue para ir a ver pasar por la calle al entonces Príncipe (y siempre me odiará por recordárselo). Luego abrazó más bien el ideal republicano liberalista y, de hecho, acabó militando un tiempo en Ciudadanos. Tengo otros amigos que, sin llegar a tanta efusividad ni al principio ni al final, sí consideran que pagan demasiados impuestos (con la gente con jeta que hay apuntada al paro porque no quieren trabajar, y los que llegan de a saber dónde y tienen derecho al médico que yo pago) y que mejor nos iría si cada cual se preocupara de su ascua y de su sardina (después de todo, pagan un seguro privado aparte y tienen un plan de pensiones igualmente). Muchos de ellos opinan que el que no piensa igual es un idealista desfasao a lo Julio Anguita, alguien que vive en una realidad ajena, o que es simplemente imbécil. También tengo amigos militando en este campo de los idealistas desfasaos surrealistas. Y conocidos militando en el de los imbéciles.

El caso es que cuanto más transito por la vida y más vetustos nos hacemos, más parece imponerse el viejo dicho de que “si a los veinte no eres de izquierdas no tienes corazón, y si a los cuarenta no eres de derechas, no tienes cerebro”. A mí personalmente este análisis me resulta insuficiente, muy cortico de miras. Así que voy a explicar Por Qué A Mí Me Gusta Pagar Impuestos, descerebrada de mí:
  • Me gusta pagar impuestos porque disfruto saliendo a la calle sin pensar que me van a robar el bolso.
  • Me gusta pagar impuestos porque disfruto aún más con la idea de que no me vayan a volar la cabeza para robarme el bolso.
  • Me gusta pagar impuestos porque me agrada acceder a un pueblo perdido con transporte público, y me gusta que haya quien quiera y pueda vivir en ese pueblo perdido: en Madrid y Barcelona ya somos demasiados.
  • Me gusta pagar impuestos porque, si miro alrededor, los países donde menos cabezas vuelan es aquellos en donde se fomenta una educación pública de calidad.
  • Me gusta pagar impuestos porque resulta agradable pensar que si te da un yuyu en plena calle, la ambulancia no va a llamar a tu banco primero a ver si hay parné.
  • Me gusta pagar impuestos porque mis amigas Ana y Nella (entre otros) hacen un trabajo excelente como trabajadoras del Estado, compensando a tantos por encima de ellas que no lo hacen. Y me agrada saber que soy parte de su sueldo.
  • Y por último, me gusta pagar impuestos porque sé que, de no hacerlo, el que ahora abusa de ellos encontraría la forma de joderme igual –o peor-.

Y les juro que ni tengo las paredes forradas con fotos del subcomandante Marcos ni llevo en la muñeca un banderín rojo, gualda y azulón.

domingo, 19 de febrero de 2017

Tanaaaaaa

Cuando Cómplices cantaba "Es por ti", yo tenía nueve años. Mi hermana tenía dos y apenas hablaba, la jodía tardó muchísimo en hablar, indicando así ya entonces una predisposición en su fuero interno a llevar la contraria. Sin embargo, cuando aparecía Cómplices en la radio, nos arremolinábamos las dos en torno al radiocasete, los ojos ansiosos mirando alternativamente al dial y a las pupilas de la otra, todo bajo control, se acerca el momento, madrugada, balanceo nervioso de las bocas y los cuerpos, para colarse, ya está aquí yastaquí yastaquíiiiii, por tu ven sonrisa enorme de satisfacción anticipada TANAAAAAAAA!!!!!!!, y mi hermana  y yo soltábamos el tanaaaaaa al unísono y a grito pelao, sensación del trabajo bien hecho, una de las pocas cosas en las que nos sincronizaríamos a futuro. Ese par de sílabas eran las únicas que la jodía era capaz de repetir de toda la canción, de las pocas que en general pronunciaba a sus dos años de edad, y las dos nos lo pasábamos pipa y disfrutábamos como las enanas que éramos con ese tana bien plantao, justo a tiempo, lo hemos vuelto a lograr, satisfacción de hermana mayor que le ha enseñado algo a la pequeña, satisfacción de hermana pequeña de la que vuelve a estar orgullosa la hermana mayor, si tuveramos más años nos fumaríamos un cigarrillo postcoital.

Han ido pasando las décadas y todavía nos reímos cuando nos acordamos del tana, y todavía de vez en cuando coreamos un tana al unísono, pupilas que se entienden y se encienden una milésima de segundo. Han ido pasando las décadas y mi hermana habla más, a veces demasiado, y yo hablo menos, a veces demasiado poco, y a veces justo lo contrario. Ella mantiene ciertos complejos de hermana pequeña, y yo ciertos complejos de hermana mayor, que ambas nos negamos a admitir. Ese tiempo ha confirmado lo que ya se perfilaba entonces: que no podemos ser más diferentes, que estamos abocadas al fracaso comunicativo si pasamos demasiados días bajo el mismo techo. Sin embargo, también ha confirmado que no hay ampolla que el tana no cure cual compeed de la memoria. Es mi hermana pequeña, la quiero de esa forma ta irracional que hace que no pueda sino hablar maravillas de ella frente a otros y temerla y enfrentarme a ella sin embargo cuando la tengo cerca y me cerca; de esa forma tan animal que hace que la pegue collejas en casa pero ay de tí como se te ocurra pegarle una en el cole, eres hombre muerto aunque pierda las gafas.

Esta mañana estaba ordenando la casa y mi versión moderna del radiocasete de repente ha expelido a Cómplices. Y he pensado en ella, y he sonreído, y la pupila se me ha encendido un segundo, y he cogido el whatsapp y le he enviado a mi hermana el correspondiente tana voz mediante, Teo y yo a grito pelao. Y espero que ella lo escuche y se le encienda la pupila un momento y comprenda que han ido pasando los años y que yo la quiero y la temo y la respeto y velo por ella y le daría a veces dos hostias y otras muchas la arrullaría si se dejara y en esta eterna contradicción e impotencia siempre, siempre, siempre estaré allí para ella, como entonces.    



"Es curioso cómo puede el niño sobrevivir en el adulto" (Romain Gary, La promesa del alba)

martes, 4 de octubre de 2016

La vuelta al cole

Hace como un año que no me retrataba por la presente. Esto se manifiesta en que me ha costado dios y ayuda "loggearme": ni me acordaba del usuario, ni me acordaba de la contraseña, ni me acordaba de nada. Pero El Altísimo en su sabiduría ha decidido que ya tenían ustedes bastante con lo que tienen, y que sin su tremolina no se podían quedar. Y aquí estoy.

Y vengo a deciros, hermanos, que he vuesto al cole. Sí. O eso creo. Porque mi ficha sigue diciendo que "matriculación en trámite", pero en la secretaría me han dicho que habiendo pagado, considéreme matriculada. Que el trámite es un mero trámite. Así que tengo plena patria potestad para erigirme en estudiante UNED. Y aquí estoy.

Lo primero que puedo decir es que la universidad no ha cambiado tanto de hace 18 años a ahora. Su página web y los servicios que ofrece a través de ella parecen ser los mismos. Qué dolor de muelas, en pleno 2016. Entre los grafismos ryanair y la concepción técnica, me juego el cuello a que, si busco, me encuentro con ofimática como asignatura optativa.

Lo segundo que puedo decir es que, habida cuenta de que mis nuevos estudios pertenecen a la facultad de Filosofía, yo daba por hecho que íbamos a estar cuatro gatos ahí: yo, una perroflauta de Jerez, un alemán en busca del sentido de la vida, y el clásico presidiario. Pero he abierto la página con los listados de los de primero y somos como en la película: trescientos. No sé si es que esta carrera se ha puesto de moda en Alcalá-Meco, o que eso de que con la crisis a la gente le da por estudiar es francamente indiscriminado.

Y en fin, que digo yo de mili y de matricularme de primero, pero eso no es así exactamente. Como yo tengo que comer, y tengo que venir a una oficina, no es que me haya apuntado así al mogollón a todo un primero de carrera como cuando éramos jóvenes. No, qué va. Me he apuntado a dos asignaturas: una en el primer cuatrimestre, y otra en el segundo. Así, con tranquilidad, na más que pa que me den el carné de estudiante y pueda por fin visitar la Biblioteca Nacional, y que me salga más barato el cine. Y para tener un aliciente intelectual en la vida: he echado cálculos y, si me aplico y progreso adecuadamente, en veinticuatro años tengo la licenciatura. En veintitrés y medio, si me convalidan Lingüística. Siempre y cuando el año que viene no decida pasarme a Historia porque la cuestión antropológica no me acabe de convencer, claro. En ese caso, tendría el bachelor of arts como regalo de jubilación aproximadamente.
Si esto no es planificar a la suiza, que venga el mismo dios del principio de la crónica y lo vea.        

viernes, 25 de septiembre de 2015

Ser o no ser

Me saturan los periódicos desde hace semanas con la amenaza secesionista (sic), el derecho a la libre determinación (sic) y, en suma, el asunto de la eventual independencia catalana del resto del territorio de lo que llamamos España. Y me descorazona sobremanera comprobar que el asunto me deja en alta medida indiferente., cual crónica de un desastre anunciado al que uno ha tenido tiempo, años, para acostumbrarse.  

Cuando todavía iba al instituto, defendía la idea de que en toda España deberíamos estudiar nociones de las cuatro lenguas oficiales existentes en todo el territorio. Me miraban como si hubiera que mandarme a la hoguera y lo más agradable que escuché como respuesta fue un “para qué”. Mal íbamos.
Los que me preguntaban “para qué” fue con los que luego, ya en la vida adulta, me enzarzaba en discusiones al respecto de “por qué tengo yo que aprender catalán si me quiero trasladar a Cataluña”. Pues por respeto, gilipollas, y de paso por tí mismo, porque cuál es el problema de aprender algo nuevo. De la misma forma que te convendría aprender alemán si te mudas a Berlín. “Es que Cataluña está en España”. Y he aquí la madre del codero.

Soy una madrileña de pedigrí, de esos escasos ejemplares provenientes de chulapos bisabuelos (y más allá, no sé).  Me sume en el desconcierto que el 90% de los madrileños de hoy en día no sepa de qué va eso del chotis, ni haya visto jamás una zarzuela, ni conozca la historia de la Gran Vía, ni comprenda las metáforas chulapas que usaba mi abuela para comunicarse en el día a día. Y me resulta hilarante que los descendientes de toledanos y cacereños traten de convencerme de lo que significa ser de Madriz. Por mi parte, nunca he sentido la necesidad de demostrar, justificar o defender lo que soy: yo lo tengo bastante claro.
Por otra parte, ¿qué es ser español? No tengo ni idea. Si ser español consiste en llevar pulseras tranzadas con la bandera de España más el azul añil, yo no debo de serlo.  Si consiste en considerar que el resto del mundo ha de hablar castellano por encima de todo, tampoco debo de serlo.  Y si consiste en colgar una bandera del balcón los días de fútbol, para qué queremos más.
Y sin embargo, intuyo que, además de madrileña, soy española. Se me encogen los higadillos cuando escucho Mediterráneo. Me rasgo las vestiduras cada vez que me encuentro un hecho por un echo, no digamos una b por una v.  Me hincho de orgullo cuando analizo el cambio que dio mi país con la entrada en la UE. Y creo que no hay pena en este mundo que una morcilla de Burgos no pueda curar. Pero soy también europea, europea convencidísima, que es la aspiración con la que me crié y en la que cada vez me reconozco más, en vista de los disgustos que me da mi patria.

Estimados paletos de España, estimados garrulos de Cataluña, estimados catetos de Oviedo y estimados palurdos de Talarrubias: dejen sus complejos a un lado, abandonen al charnego que llevan dentro y mírense con conciencia: ¿de verdad creen que son tan insolentemente puros que no hay traza del resto en ustedes? ¿Acaso no saben de dónde vino la peseta? ¿O que las características cinco únicas vocales fonéticas del castellano actual provienen en realidad del vasco? ¿Que somos tan diferentes, tantos siglos después? ¿De verdad creen que la corrupción está centralizada y es endémica en la influencia celta? ¿Me va usté a decir que no ha berreado a Los Chunguitos para sus adentros en alguna ocasión, y que tiene Rh negativo? ¿Y no le parece que, de hecho, hay algo de hermoso en todo ello ?

Para esta madrileña de nombre y apellido catalán que vive en un país allende la UE con cuatro lenguas oficiales donde cada uno va a su aire pero se trabaja por el bien común,  y que considera que el gran problema de la Europa Unida es haber permanecido desunida políticamente y que no nos gobierne ahora la Merkel a todos (por ejemplo), el sentimiento de pérdida por el que está doliente no proviene de la posible desaparición de un trozo de tierra de los mapas meteorológicos del telediario.  El sentimiento de pérdida emana del hecho de comprobar, una vez más, que desde Fernando VII no hemos cambiado tanto, pese al siglo y algo que nos ha sido dado para amortizarlo, y que mi país, ese que prometía tanto, se ve de nuevo devastado por la acción de paletos, catetos, garrulos y palurdos que, cual Urano, van devorando a sus hijos –a los pocos que conseguían percibir y agradecer la belleza, la riqueza de haber tenido la suerte de nacer en un territorio tan variopinto, tan rico en cultura y matices, en paisajes y climas, en mareas y vientos-.



miércoles, 22 de julio de 2015

El Auténtico Shock De Habitar En Centroeuropa

Amigos,

Son muchos los meses que llevo dándome a la vida parda, sin atender mis obligaciones de educadora del espíritu nacional en formato bloguero. Pero en estos días en los que veo cómo la Europa Que Nos Contaron se desmorona, y ese presente-pasado de exilio y peregrinaje no decae en sus cifras, y el internet se llena de decálogos del tipo 10 razones por las que Madrid es la mejor ciudad del mundo / 10 cosas que echarás de menos cuando emigres / 10 decepciones que nunca te contaron de vivir fuera / 10 xxxx xxxxx xxxx, decía, ante semejante panorama informativo-literario, comprendo que es mi obligación cívica rescataros cual griegos a la deriva de ese maremagnum de estupideces escritas por paletos cuasierásmicos, y prepararos realmente para

El Auténtico Shock De Habitar En Centroeuropa*

A saber:

1. Adelgazas de repente.
Porque la talla no es la misma. Y no me refiero a que en España digamos 38 y en Centroeuropa digan M o 2. Me refiero a que no hay mejor método para adelgazar que mudarse a Europa, porque te reduces ipsofactamente. La 38 española es una 36 en Alemania, la 36 española es una 34 en Suiza, y etc etc. Ojo que, como sabeis, cuando uno adelgaza, lo primero que pierde son las tetas. Así que una 90 española es una 80 en Holanda y vecindad. Y una 85, una 75. Y así sucesivamente. Adiós a las buenas noticias.

2. Muerte al rapero jipjopero.
Un hombre de verdad, un hombre elegante, un hombre con clase y distinción que aspire a una carrera envidiable en una multinacional de postín, lleva el largo de los pantalones por encima de los tobillos. Eso eh asín.

3. En el cine hay que hacer pis.
Y por eso hay pausa de entre 10 y 15 minutos en todas las películas, sin excepción. Si la película es muy larga, quizá haya dos pausas. Y las pausas las hacen a lo Tele5: nada de esperar a que Nicole Kidman termine la frase. Cortamos a-la-mitad-exacta y listo. Que para algo somos la tierra de los relojes.

4. La vida al aire libre.
El centroeuropeo, que es muy viajao, ha experimentado la sensación cervecita en una terraza y sabe que es agradable. Así que aquí también hay terrazas. En verano. Y en invierno. Porque anda que no es agradable ni ná sentarte en la calle a 4 grados con tu calefactor y tu mantita procurada a tal efecto por el concierge del local. Con tu cafetito caliente, a ver pasar los tranvías.

5. No solo de alcohol vive el hombre
Estoy, lo juro, hasta las narices de que todos sientan la necesidad de informar de lo caro que es tomarse una copa en Londres, porque claro, el alcohol es taaan caro aquí, nada que ver con España, pues anda que en Munich, que lo racionan con unos medidores. ¿Por qué nadie habla de que aquí la referencia económica del pescado (y de la carne, y de todo) es por 100 gramos, y no por kilo, lo cual da una idea de los precios que acompañan? ¿Por qué nadie dice que la de la fruta es por pieza? ¿Es que esa gente no come? ¿O es que no se han repuesto aun del trauma de la primera vez que fueron a la carnicería e, ignorantes, se dejaron la beca con un par de chuletitas de cordero?

6. No solo de fútbol vive el hombre
La sección de deportes del telediario abre con esquí. Y me encanta.

7. La "limpieza de primavera"
La limpieza de primavera (Frühjahrsputz) es como la fiesta de la cosecha en Rusia o la Fiesta de la Espiga en el pueblo donde me crié: un acontecimiento de primer orden que se planea con minuciosidad, expectación y algarabía. Hay publicidad al respecto y las gentes hablan sobre ello en el trabajo caundo se acerca el momento, más que sobre Siria o sobre la FIFA. La limpieza de primavera consiste en mover todos los muebles de la casa, limpiarla a fondo como si hubiera que desalojar al ébola, e inspeccionar cada objeto y cada cajón en busca del correspondiente cupo del que desprenderse, bien vía camión de basura, bien vía tienda de segunda mano.

8. El tiempo pasa más despacio.
Por eso cuentan distinto. Tiempo de preaviso para dejar un trabajo: 3 meses. Tiempo de preaviso para un despido: 3 meses. Tiempo aproximado de duración de un proceso de contratación: 2-3 meses. Tiempo de preaviso para dejar un inmueble: 3 meses (y nunca en septiembre, que está prohibidísimo).

9. Hay que usar protección.
Por eso, por ley, los bares, discotecas y salas de conciertos deben poner a disposición de los clientes tapones para los oídos, que se encuentran normalemente en la barra, para el libre uso y disfrute. Ante esta realidad, es de suponer que el éxito que tendría una sala de conciertos sin sistema de sonido es incuestionable.

10. No queremos limosnas.
Por eso la propina no se deja en el platito en bares y restaurantes, sino que se da en vivo. Es decir: viene la doña con la cuenta, 15.23, y tú ahí en ese momento tienes que hacer la cuenta y decirle mientras le das el billete: "cóbrate 16 / 17 / 18". Pero siempre cuenta con que como le digas 16, prepárate a salir de allí con la cabeza gacha.


BONUS TRACK, para que esto no sea un decálogo más: En tu casa tampoco quieres limosnas.
Así que aquí la publicidad se hace de forma diferente. No son cartelitos del profesor Yusuf que cura a distancia el mal de amores y la impotencia lo que te dejan en el buzón anónimamente, sino productos existentes en el mercado, para que los pruebes. En mi buzón han aparecido ya, como por prestidigitación, detergentes de lavadora, zumos, preparado para creps, salsas, cubitos para caldo, y una cosa de esas de poner en el váter para que huela bien. Entre otras que, ahora mismo, no recuerdo. Y todo de marcas de las de nombre. 




*note el lector que cuando digo Centroeuropa en realidad quiero decir principalmente Suiza y aledaños, en pura sinécdoque de venirse arriba, porque como buena helvética que estoy empezando a ser, non plus ultra.