Efemérides

17 de febrero: Kosovo se declara independiente (2008)



domingo, 19 de febrero de 2017

Tanaaaaaa

Cuando Cómplices cantaba "Es por ti", yo tenía nueve años. Mi hermana tenía dos y apenas hablaba, la jodía tardó muchísimo en hablar, indicando así ya entonces una predisposición en su fuero interno a llevar la contraria. Sin embargo, cuando aparecía Cómplices en la radio, nos arremolinábamos las dos en torno al radiocasete, los ojos ansiosos mirando alternativamente al dial y a las pupilas de la otra, todo bajo control, se acerca el momento, madrugada, balanceo nervioso de las bocas y los cuerpos, para colarse, ya está aquí yastaquí yastaquíiiiii, por tu ven sonrisa enorme de satisfacción anticipada TANAAAAAAAA!!!!!!!, y mi hermana  y yo soltábamos el tanaaaaaa al unísono y a grito pelao, sensación del trabajo bien hecho, una de las pocas cosas en las que nos sincronizaríamos a futuro. Ese par de sílabas eran las únicas que la jodía era capaz de repetir de toda la canción, de las pocas que en general pronunciaba a sus dos años de edad, y las dos nos lo pasábamos pipa y disfrutábamos como las enanas que éramos con ese tana bien plantao, justo a tiempo, lo hemos vuelto a lograr, satisfacción de hermana mayor que le ha enseñado algo a la pequeña, satisfacción de hermana pequeña de la que vuelve a estar orgullosa la hermana mayor, si tuveramos más años nos fumaríamos un cigarrillo postcoital.

Han ido pasando las décadas y todavía nos reímos cuando nos acordamos del tana, y todavía de vez en cuando coreamos un tana al unísono, pupilas que se entienden y se encienden una milésima de segundo. Han ido pasando las décadas y mi hermana habla más, a veces demasiado, y yo hablo menos, a veces demasiado poco, y a veces justo lo contrario. Ella mantiene ciertos complejos de hermana pequeña, y yo ciertos complejos de hermana mayor, que ambas nos negamos a admitir. Ese tiempo ha confirmado lo que ya se perfilaba entonces: que no podemos ser más diferentes, que estamos abocadas al fracaso comunicativo si pasamos demasiados días bajo el mismo techo. Sin embargo, también ha confirmado que no hay ampolla que el tana no cure cual compeed de la memoria. Es mi hermana pequeña, la quiero de esa forma ta irracional que hace que no pueda sino hablar maravillas de ella frente a otros y temerla y enfrentarme a ella sin embargo cuando la tengo cerca y me cerca; de esa forma tan animal que hace que la pegue collejas en casa pero ay de tí como se te ocurra pegarle una en el cole, eres hombre muerto aunque pierda las gafas.

Esta mañana estaba ordenando la casa y mi versión moderna del radiocasete de repente ha expelido a Cómplices. Y he pensado en ella, y he sonreído, y la pupila se me ha encendido un segundo, y he cogido el whatsapp y le he enviado a mi hermana el correspondiente tana voz mediante, Teo y yo a grito pelao. Y espero que ella lo escuche y se le encienda la pupila un momento y comprenda que han ido pasando los años y que yo la quiero y la temo y la respeto y velo por ella y le daría a veces dos hostias y otras muchas la arrullaría si se dejara y en esta eterna contradicción e impotencia siempre, siempre, siempre estaré allí para ella, como entonces.    



"Es curioso cómo puede el niño sobrevivir en el adulto" (Romain Gary, La promesa del alba)

martes, 4 de octubre de 2016

La vuelta al cole

Hace como un año que no me retrataba por la presente. Esto se manifiesta en que me ha costado dios y ayuda "loggearme": ni me acordaba del usuario, ni me acordaba de la contraseña, ni me acordaba de nada. Pero El Altísimo en su sabiduría ha decidido que ya tenían ustedes bastante con lo que tienen, y que sin su tremolina no se podían quedar. Y aquí estoy.

Y vengo a deciros, hermanos, que he vuesto al cole. Sí. O eso creo. Porque mi ficha sigue diciendo que "matriculación en trámite", pero en la secretaría me han dicho que habiendo pagado, considéreme matriculada. Que el trámite es un mero trámite. Así que tengo plena patria potestad para erigirme en estudiante UNED. Y aquí estoy.

Lo primero que puedo decir es que la universidad no ha cambiado tanto de hace 18 años a ahora. Su página web y los servicios que ofrece a través de ella parecen ser los mismos. Qué dolor de muelas, en pleno 2016. Entre los grafismos ryanair y la concepción técnica, me juego el cuello a que, si busco, me encuentro con ofimática como asignatura optativa.

Lo segundo que puedo decir es que, habida cuenta de que mis nuevos estudios pertenecen a la facultad de Filosofía, yo daba por hecho que íbamos a estar cuatro gatos ahí: yo, una perroflauta de Jerez, un alemán en busca del sentido de la vida, y el clásico presidiario. Pero he abierto la página con los listados de los de primero y somos como en la película: trescientos. No sé si es que esta carrera se ha puesto de moda en Alcalá-Meco, o que eso de que con la crisis a la gente le da por estudiar es francamente indiscriminado.

Y en fin, que digo yo de mili y de matricularme de primero, pero eso no es así exactamente. Como yo tengo que comer, y tengo que venir a una oficina, no es que me haya apuntado así al mogollón a todo un primero de carrera como cuando éramos jóvenes. No, qué va. Me he apuntado a dos asignaturas: una en el primer cuatrimestre, y otra en el segundo. Así, con tranquilidad, na más que pa que me den el carné de estudiante y pueda por fin visitar la Biblioteca Nacional, y que me salga más barato el cine. Y para tener un aliciente intelectual en la vida: he echado cálculos y, si me aplico y progreso adecuadamente, en veinticuatro años tengo la licenciatura. En veintitrés y medio, si me convalidan Lingüística. Siempre y cuando el año que viene no decida pasarme a Historia porque la cuestión antropológica no me acabe de convencer, claro. En ese caso, tendría el bachelor of arts como regalo de jubilación aproximadamente.
Si esto no es planificar a la suiza, que venga el mismo dios del principio de la crónica y lo vea.        

viernes, 25 de septiembre de 2015

Ser o no ser

Me saturan los periódicos desde hace semanas con la amenaza secesionista (sic), el derecho a la libre determinación (sic) y, en suma, el asunto de la eventual independencia catalana del resto del territorio de lo que llamamos España. Y me descorazona sobremanera comprobar que el asunto me deja en alta medida indiferente., cual crónica de un desastre anunciado al que uno ha tenido tiempo, años, para acostumbrarse.  

Cuando todavía iba al instituto, defendía la idea de que en toda España deberíamos estudiar nociones de las cuatro lenguas oficiales existentes en todo el territorio. Me miraban como si hubiera que mandarme a la hoguera y lo más agradable que escuché como respuesta fue un “para qué”. Mal íbamos.
Los que me preguntaban “para qué” fue con los que luego, ya en la vida adulta, me enzarzaba en discusiones al respecto de “por qué tengo yo que aprender catalán si me quiero trasladar a Cataluña”. Pues por respeto, gilipollas, y de paso por tí mismo, porque cuál es el problema de aprender algo nuevo. De la misma forma que te convendría aprender alemán si te mudas a Berlín. “Es que Cataluña está en España”. Y he aquí la madre del codero.

Soy una madrileña de pedigrí, de esos escasos ejemplares provenientes de chulapos bisabuelos (y más allá, no sé).  Me sume en el desconcierto que el 90% de los madrileños de hoy en día no sepa de qué va eso del chotis, ni haya visto jamás una zarzuela, ni conozca la historia de la Gran Vía, ni comprenda las metáforas chulapas que usaba mi abuela para comunicarse en el día a día. Y me resulta hilarante que los descendientes de toledanos y cacereños traten de convencerme de lo que significa ser de Madriz. Por mi parte, nunca he sentido la necesidad de demostrar, justificar o defender lo que soy: yo lo tengo bastante claro.
Por otra parte, ¿qué es ser español? No tengo ni idea. Si ser español consiste en llevar pulseras tranzadas con la bandera de España más el azul añil, yo no debo de serlo.  Si consiste en considerar que el resto del mundo ha de hablar castellano por encima de todo, tampoco debo de serlo.  Y si consiste en colgar una bandera del balcón los días de fútbol, para qué queremos más.
Y sin embargo, intuyo que, además de madrileña, soy española. Se me encogen los higadillos cuando escucho Mediterráneo. Me rasgo las vestiduras cada vez que me encuentro un hecho por un echo, no digamos una b por una v.  Me hincho de orgullo cuando analizo el cambio que dio mi país con la entrada en la UE. Y creo que no hay pena en este mundo que una morcilla de Burgos no pueda curar. Pero soy también europea, europea convencidísima, que es la aspiración con la que me crié y en la que cada vez me reconozco más, en vista de los disgustos que me da mi patria.

Estimados paletos de España, estimados garrulos de Cataluña, estimados catetos de Oviedo y estimados palurdos de Talarrubias: dejen sus complejos a un lado, abandonen al charnego que llevan dentro y mírense con conciencia: ¿de verdad creen que son tan insolentemente puros que no hay traza del resto en ustedes? ¿Acaso no saben de dónde vino la peseta? ¿O que las características cinco únicas vocales fonéticas del castellano actual provienen en realidad del vasco? ¿Que somos tan diferentes, tantos siglos después? ¿De verdad creen que la corrupción está centralizada y es endémica en la influencia celta? ¿Me va usté a decir que no ha berreado a Los Chunguitos para sus adentros en alguna ocasión, y que tiene Rh negativo? ¿Y no le parece que, de hecho, hay algo de hermoso en todo ello ?

Para esta madrileña de nombre y apellido catalán que vive en un país allende la UE con cuatro lenguas oficiales donde cada uno va a su aire pero se trabaja por el bien común,  y que considera que el gran problema de la Europa Unida es haber permanecido desunida políticamente y que no nos gobierne ahora la Merkel a todos (por ejemplo), el sentimiento de pérdida por el que está doliente no proviene de la posible desaparición de un trozo de tierra de los mapas meteorológicos del telediario.  El sentimiento de pérdida emana del hecho de comprobar, una vez más, que desde Fernando VII no hemos cambiado tanto, pese al siglo y algo que nos ha sido dado para amortizarlo, y que mi país, ese que prometía tanto, se ve de nuevo devastado por la acción de paletos, catetos, garrulos y palurdos que, cual Urano, van devorando a sus hijos –a los pocos que conseguían percibir y agradecer la belleza, la riqueza de haber tenido la suerte de nacer en un territorio tan variopinto, tan rico en cultura y matices, en paisajes y climas, en mareas y vientos-.



miércoles, 22 de julio de 2015

El Auténtico Shock De Habitar En Centroeuropa

Amigos,

Son muchos los meses que llevo dándome a la vida parda, sin atender mis obligaciones de educadora del espíritu nacional en formato bloguero. Pero en estos días en los que veo cómo la Europa Que Nos Contaron se desmorona, y ese presente-pasado de exilio y peregrinaje no decae en sus cifras, y el internet se llena de decálogos del tipo 10 razones por las que Madrid es la mejor ciudad del mundo / 10 cosas que echarás de menos cuando emigres / 10 decepciones que nunca te contaron de vivir fuera / 10 xxxx xxxxx xxxx, decía, ante semejante panorama informativo-literario, comprendo que es mi obligación cívica rescataros cual griegos a la deriva de ese maremagnum de estupideces escritas por paletos cuasierásmicos, y prepararos realmente para

El Auténtico Shock De Habitar En Centroeuropa*

A saber:

1. Adelgazas de repente.
Porque la talla no es la misma. Y no me refiero a que en España digamos 38 y en Centroeuropa digan M o 2. Me refiero a que no hay mejor método para adelgazar que mudarse a Europa, porque te reduces ipsofactamente. La 38 española es una 36 en Alemania, la 36 española es una 34 en Suiza, y etc etc. Ojo que, como sabeis, cuando uno adelgaza, lo primero que pierde son las tetas. Así que una 90 española es una 80 en Holanda y vecindad. Y una 85, una 75. Y así sucesivamente. Adiós a las buenas noticias.

2. Muerte al rapero jipjopero.
Un hombre de verdad, un hombre elegante, un hombre con clase y distinción que aspire a una carrera envidiable en una multinacional de postín, lleva el largo de los pantalones por encima de los tobillos. Eso eh asín.

3. En el cine hay que hacer pis.
Y por eso hay pausa de entre 10 y 15 minutos en todas las películas, sin excepción. Si la película es muy larga, quizá haya dos pausas. Y las pausas las hacen a lo Tele5: nada de esperar a que Nicole Kidman termine la frase. Cortamos a-la-mitad-exacta y listo. Que para algo somos la tierra de los relojes.

4. La vida al aire libre.
El centroeuropeo, que es muy viajao, ha experimentado la sensación cervecita en una terraza y sabe que es agradable. Así que aquí también hay terrazas. En verano. Y en invierno. Porque anda que no es agradable ni ná sentarte en la calle a 4 grados con tu calefactor y tu mantita procurada a tal efecto por el concierge del local. Con tu cafetito caliente, a ver pasar los tranvías.

5. No solo de alcohol vive el hombre
Estoy, lo juro, hasta las narices de que todos sientan la necesidad de informar de lo caro que es tomarse una copa en Londres, porque claro, el alcohol es taaan caro aquí, nada que ver con España, pues anda que en Munich, que lo racionan con unos medidores. ¿Por qué nadie habla de que aquí la referencia económica del pescado (y de la carne, y de todo) es por 100 gramos, y no por kilo, lo cual da una idea de los precios que acompañan? ¿Por qué nadie dice que la de la fruta es por pieza? ¿Es que esa gente no come? ¿O es que no se han repuesto aun del trauma de la primera vez que fueron a la carnicería e, ignorantes, se dejaron la beca con un par de chuletitas de cordero?

6. No solo de fútbol vive el hombre
La sección de deportes del telediario abre con esquí. Y me encanta.

7. La "limpieza de primavera"
La limpieza de primavera (Frühjahrsputz) es como la fiesta de la cosecha en Rusia o la Fiesta de la Espiga en el pueblo donde me crié: un acontecimiento de primer orden que se planea con minuciosidad, expectación y algarabía. Hay publicidad al respecto y las gentes hablan sobre ello en el trabajo caundo se acerca el momento, más que sobre Siria o sobre la FIFA. La limpieza de primavera consiste en mover todos los muebles de la casa, limpiarla a fondo como si hubiera que desalojar al ébola, e inspeccionar cada objeto y cada cajón en busca del correspondiente cupo del que desprenderse, bien vía camión de basura, bien vía tienda de segunda mano.

8. El tiempo pasa más despacio.
Por eso cuentan distinto. Tiempo de preaviso para dejar un trabajo: 3 meses. Tiempo de preaviso para un despido: 3 meses. Tiempo aproximado de duración de un proceso de contratación: 2-3 meses. Tiempo de preaviso para dejar un inmueble: 3 meses (y nunca en septiembre, que está prohibidísimo).

9. Hay que usar protección.
Por eso, por ley, los bares, discotecas y salas de conciertos deben poner a disposición de los clientes tapones para los oídos, que se encuentran normalemente en la barra, para el libre uso y disfrute. Ante esta realidad, es de suponer que el éxito que tendría una sala de conciertos sin sistema de sonido es incuestionable.

10. No queremos limosnas.
Por eso la propina no se deja en el platito en bares y restaurantes, sino que se da en vivo. Es decir: viene la doña con la cuenta, 15.23, y tú ahí en ese momento tienes que hacer la cuenta y decirle mientras le das el billete: "cóbrate 16 / 17 / 18". Pero siempre cuenta con que como le digas 16, prepárate a salir de allí con la cabeza gacha.


BONUS TRACK, para que esto no sea un decálogo más: En tu casa tampoco quieres limosnas.
Así que aquí la publicidad se hace de forma diferente. No son cartelitos del profesor Yusuf que cura a distancia el mal de amores y la impotencia lo que te dejan en el buzón anónimamente, sino productos existentes en el mercado, para que los pruebes. En mi buzón han aparecido ya, como por prestidigitación, detergentes de lavadora, zumos, preparado para creps, salsas, cubitos para caldo, y una cosa de esas de poner en el váter para que huela bien. Entre otras que, ahora mismo, no recuerdo. Y todo de marcas de las de nombre. 




*note el lector que cuando digo Centroeuropa en realidad quiero decir principalmente Suiza y aledaños, en pura sinécdoque de venirse arriba, porque como buena helvética que estoy empezando a ser, non plus ultra.
  

viernes, 5 de diciembre de 2014

Pirulas de yodo

Suiza tiene un total de cinco centrales nucleares, de las cuales tres están en el cantón de Argovia, que es el cantón siguiente al mío. La cuarta está en otro cantón que también pega con el que habito. Y la quinta está mucho más lejos, lejísimos: a un total de 110 km. de donde moro. Así pues, en un margen de entre 48 y 110 km. de mi persona, tengo colocadas cinco bombas de relojería. Había una sexta, pero les salió rana: hubo un accidente al inició de su vida útil y se selló, con su radiación y todo. Como nota de color, les diré que la central de Beznau I, a 58 km de mi choza, parece ser la más antigua del mundo que sigue en servicio.

No crean que yo esta información la tengo porque sea natural de Almaraz y lleve el plutonio en las venas. Esta información la he buscado recientemente como consecuencia de la recepción de una carta en mi domicilio en la que el Ministerio de Defensa me informa de que se ha decidido ampliar el radio de « impacto » de las medidas al respecto de las centrales nucleares y, como tal, me corresponde un paquete de pastillas de yodo que recibiré cómodamente en mi domicilio en las próximas semanas, al encontrarse mi vivienda a menos de 50 km. de distancia de una central nuclear. Haga usté el favor de no tragarselas salvo que se lo digamos via emergencia nacional, y haga usté el favor de no dejarlas al alcance de los niños. Aunque el Estado sabe que yo no tengo niños y me informa convenientemente de que, de tenerlos, me habrían correspondido más pirulas.


Yo no tengo ni idea de para qué sirve el yodo más allá de para añadirlo a la sal marina,  así que le pregunto a mi amiga Nella, que es natural de Argovia y de esto seguro que sabe mogollón.
"Es pa que no se te caiga el pelo cuando la diñes, y mueras con gracia".
Pues nada. Me quedo esperando las pastillas de yodo pacientemente y con curiosidad. 

Pero no son las pirulas lo que llega, sino otra carta del Estado. En ella me informan de que, como al parecer hay ciertas dudas sobre pa qué sirve exactamente el yodo y si eso nos libra de todo mal, han decidido enviar esta otra misiva para despejarlas. A saber:
  • Recibe usté tabletas de yodo porque no puede descartarse que una central no vaya a pegar un petardazo.
  • Las pirulas no le protegen del Maligno, solo del yodo radioactivo del Maligno. Pué que se liberen otras delikatessens como cesio o estroncio, y que éstas le induzcan al cáncer y la leucemia, contra lo que no le protegerán las pirulas de yodo, no.
  • En caso de petardazo, los víveres y el agua pueden contaminarse incluso a muy larga distancia. No tenemos claro qué haríamos en tal caso.
  • Las pirulas funcionan únicamente si se ingieren poco antes del advenimiento de una lluvia radiactiva. Pero no podemos garantizar que el aviso pa tomar las pastillas llegue a tiempo.
  • Junto con el aviso pa tragarse las pastillas, llegaría un aviso de evacuación. Cómo se evacuaría a tanta gente y a dónde se la llevaría, no lo tenemos claro.
  • Dependiendo de los vientos, es posible que una nube radiactiva  se desplace más de cien kilómetros. El Estado provee de pastillas de yodo únicamente a los habitantes en un radio de 50 km. de una central, y sólo en suelo helvético.



Así que Nella tenía razón.  

Una vez solventadas todas las dudas, mi paquete de pirulas efectivamente llega al cabo de unos días. Y ahí lo tengo, con el ibuprofeno y el angileptol. 

Ante comunicaciones como esta a la población, no me extraña que los suizos hayan decidido prescindir de la energía nuclear y hayan ratificado un plan para cancelar la construcción de tres centrales más que estaban pendientes, además de desmantelar todas las existentes entre 2019 y 2034.

Para curiosidad del lector, las centrales están todas siguiendo la especie de línea que se aprecia en el mapa por el riesgo de seismos que tiene este país. Yo, en concreto, habito sobre una falla.

jueves, 18 de septiembre de 2014

If you're goin' to San Francisco

Hola guapines,

Como mujer de mundo que soy, déjenme decirles que he estado en San Francisco, que es ese sitio americano donde los coches se persiguen unos a otros dando saltos por sus empinadas cuestas. Ese sitio que pese a tener pocos habitantes más que Valencia, suena como Nueva York. Ese sitio al que llaman "la ciudad más europea de Estados Unidos" y yo sigo sin comprender por qué. Pero a lo que voy.

Que he estado en San Francisco porque soy una mujer de mundo a la que en su trabajo meten en un avión y mandan a sitios. Y en San Francisco he hecho un montón de cosas. He sobrevolado un sitio que se llama Wahpeton. Me he indignado porque el formulario de inmigración ya no me pregunta si voy a asesinar al presidente. He viajado a 1887 en un "cable car" y a 1963 en un tranvía. He comido unas ostras riquísimas de tres variedades distintas. He tocado con mis propias manos una raya (de tipo pez). He visto más vagabundos juntos que en toda mi vida, muchos de los cuales no superaban los 25 años de edad. Y he tenido ocasión de despertarme a las 3.20 de la mañana gracias a un terremoto de magnitud 6.1 que hizo que mi cama se sacudiese como la de la niña de El Exorcista.

Sí, hijos míos, sí. Los terremotos no son nada bonitos. No son nada cúl. Porque además, nadie se ha encargado nunca de decirme qué hacer en caso de terremoto, al igual que nadie se ha encargado nunca de decirme qué hacer en caso de ataque de anaconda en mi Iberia natal. Estoy puestísima con respecto a si me quemo o me inundo, pero si me sacude la tierra... nada. Así que aquí les relato lo que creo recordar que hice:

Bamboleo-bambolea. Qué coño pasa. Apertura de ojo. La cama se mueve (mucho). Mrrrhhmmmhhmmdoy la luz. La tele se mueve (mucho). Hay un ruidico mantenido, sutil y cavernoso, así como procedente de la Madre Tierra. Hostiasestovaaserunterremoto. No puede ser que venga a San Francisco tres días y me vaya a tocar a mí. Salto (literalmente) de la cama y me dirijo a la ventana. Veo a otro ser humano buscando respuestas desde la ventana de enfrente. Así que no son imaginaciones mías ni hambre de aventura. Me dirijo rauda al armario. Me pongo la gabardina. Me doy cuén de que no va a ser buena idea acabar en mitad de la noche sanfranciscana en pijama de verano, pantuflas y gabardina. Me quito rápidamente la gabardina. Observo que me la había puesto con percha y todo. Me calzo unos vaqueros y un polar.
Todo esto en aproximadamente cuatro segundos y medio.

Salgo al pasillo del hotel, donde un caballero que ha reflexionado menos que yo se halla en calzoncillos. Ambos nos dirigimos a la recepción. Él tiene los huevos de coger el ascensor. Pese a todo, yo consigo bajar más rápido que él los cuatro pisos de escaleras. En la recepción hay un chino, que es lo que tienen las recepciones de hoteles estadounidenses de categoría pagable a altas horas de la noche. Le preguntamos sobre el particular. "This is Califormia, man", contesta. Pero yo sé que nos dice esto en un alarde de profesionalidad, para que no nos preocupemos y vivamos los últimos momentos de nuestra existencia en paz y armonía. Y lo sé porque a su lado hay otro chino, que está cagao, al que he oído decir "wow, esta sacudida ha sido más fuerte que la anterior!!" justo antes de aparecer yo en su campo visual.

Y en fin. Su Tremolina de cabecera ha sobrevivido a un terremoto. Entre esto y los aterrizajes de emergencia, vaya racha llevo. Ahí es na. Aunque ahora sé a qué se refería el de las flores en el pelo con el "such a strange vibration" y el "people in motion".

viernes, 6 de junio de 2014

Todo cambia

Yo únicamente iba a revisar el correo, como todos los días. El caso es que no sé a qué botón le di, de manera inesperada, en la bandeja de entrada de mi e-mail, pero de repente todos los correos bailaron al compás y, cuando me quise dar cuenta, se habían colocado en el orden inverso al habitual, es decir: de los más antiguos a los más modernos. Y los más antiguos tenían más de una década.

Y la pantalla empezó a ofrecerme un desfile de cadáveres con el que yo no contaba. Algunos nombres ni siquiera los reconocía. Pero otros resucitaban de entre las tinieblas su vivo retrato, y traían consigo el fresco recuerdo de las pasiones y los insomnios que los acompañaron. Si alguien me hubiera dicho en aquellos momentos que más pronto que tarde yo iba a reirme con otras bromas, a encandilarme con otras risas, a llorar por otras penas, y a desvelarme por otras brisas. Me hubiera resultado inconcebible. Como nos resulta siempre.

Esos vivos retratos trajeron a su vez el presente de sus dueños, o, al menos, la evolución de los mismos durante el tiempo que duró el contacto. El alma compulsivamente libre lleva ya cinco años de relación afectiva y dos hijos. Al que la vida se le había dado la vuelta no se arrancó a más de un lejano y formal "hola" en el aeropuerto de Londres, acompañado de la que lo acompañaba en esa vida que se dio la vuelta. Mi uña y mi carne ahora son agradable encuentro en Navidades. Y la horma de mi zapato acabó por convertirse en suela, de pura desidia. Todos han cambiado. Todos son distintos.

Todos son distintos, y yo la primera. Qué absurdo es sorprenderse ante el cambio ajeno, sin percatarse de que uno no es un ser inerte. De que uno muta y evoluciona y se tiñe con los colores que le regala cada ocaso; de que uno es la mezcla casual de todos esos vivos retratos en conjunción con lo que uno aporta. Y de que uno es en cierta medida partícipe de cada cambio.
Porque el alma compulsivamente libre tenía una indecisión enfrente, porque una salió por patas cuando las vidas ajenas se dieron la vuelta, porque yo poca manicura le hice a la uña de mi carne, porque al final me aburrí de tanta desidia ajena.

Y yo cambio y muto y en cierta medida no soy la que era, ni la que fui después, ni la que seré mañana, probablemente. Y a dios gracias, líbranos Señor de los impermeables.





 
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Es raro que no haya un instinto que le avise a uno de que está hablando con alguien por última vez (Antonio Muñoz Molina, en El dueño del secreto)
 
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