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jueves, 27 de mayo de 2010

El Imperio Austro-húngaro

Me dice el periódico de hoy que el parlamento húngaro ha aprobado una ley por la que concede la nacionalidad húngara a todos aquellos humanos que puedan (y quieran) demostrar que tienen antepasados húngaros. Esto viene a entenderse para el mínimamente versado como “todos aquellos ciudadanos de los países limítrofes que con el desmoronamiento de Austria-Hungría fueron a parar a estados ajenos” –y algún argentino despistao, si acaso y añado-.
Me imagino a Orbán, el cabeza del partido Fidesz (nacional cristiano) y actual Primer Ministro, brindando con la abogada Krisztina Morvai, una de las más visibles cabezas del Jobbik, 3ª fuerza parlamentaria en la actualidad y que cuenta entre sus seguidores con innovaciones tales como una organización paramilitar, la Guardia Húngara, que luciendo sus cuidados uniformes es garante del orden y el concierto entre la población magiar.
Al parecer, ni esto ni las reiteradas afirmaciones nacionalistas, antisemitas y antitodo deben hacer pensar en ningún tipo de paralelismo con el Partido Nacional Socialista de Hitler, nos indican los políticos pertenecientes a la mentada formación, que se sienten muy insultados cuando Europa los define como "filofascistas".

La Morvai siempre me produjo un escalofrío velloerizante por la médula, muy parecido al que me produce su antónimo, Tzipi Livni, la hasta el pasado año ministra de Asuntos Exteriores de Israel. Es curioso que sea tan factible confundir a las que entre sí se comerían vivas si tuvieran ocasión. Desde el notable parecido en lo que a imagen se refiere, hasta sus soñadoras ideas de un imperio en el que no se ponga el sol para sus pueblos, tan venidos a menos, por otra parte.

Pero volvamos al tema que nos ocupa: la Gran Hungría soñada por el actual régimen del país. Hm. Parece ser que la nacionalidad no va a dar derecho a cobrar pensiones ni ningún tipo de prestaciones diversas, ni otorgará el derecho al voto. “Pues vaya mierda de nacionalidad”, dejan caer algunos lectores comentaristas en el diario, “que me expliquen para qué sirve”.

Pues veamos. Más allá de la posibilidad o no de que Hungría en el futuro pretenda revisar el contorno de las fronteras en base al principio étnico de autodeterminación de los pueblos, lo cual puede suceder o no, con un resultado favorable o no, y más allá de que también sirva –aunque sobre esto no estoy muy versada- para repartir fondos y votos (los fondos, porque entiendo que en la UE uno de los puntos de corte es la tasa de población nacional de un país; los votos, porque en la sempiterna pendiente reforma que poco a poco va tomando forma, una de las opciones que se baraja es que los votos de los europeos cuenten más o cuenten menos por un país según el número de nacionales con los que cuente), decía, más allá todos esos posibles o no, probables o no, el asunto sirve para algo mucho más inmediato que no es cuestión baladí, maifrén.
Sirve para obtener un pasaporte UE, que no es moco de pavo.
Que se lo pregunten a los macedonios, que desde que Bulgaria entró en la Unión Europea, un alto porcentaje de su población se acordó de golpe de sus familiares transfronterizos y empezó a mover papeles.

Qué harían ustedes, amigos tremolinos, si fueran serbios de la Vojvodina, y, como serbios que son, les hicieran falta los mil y un visados para poder visitar Torremolinos en sus vacaciones (o Copenhague, o París). La Vojvodina, donde incluso todavía se habla húngaro aunque nunca haya mostrado oficiales deseos de independencia, ni siquiera durante los 90 en que tanto se estilaba en la antigua Yugoslavia. Pues ustedes, lógicamente, harían por agenciarse un pasaporte UE. Ya sea para visitar Torremolinos en julio, o para trabajar en Luxemburgo todo el año (por ejemplo). Y qué decir de los ucranianos, a los que también toca la medida, que entre el Guerra y Paz continuo que se tienen montado entre ellos mismos, menudo relajo debe de dar eso de ser ciudadano de la UE. Vamos, yo, desde luego, serbia, macedonia o ucraniana susceptible de agarrarme a la medida, lo tendría claro.







Krisztina Morvai




Tzipi Livni

3 comentarios:

dezaragoza dijo...

Me parece que la cosa va más allá de demostrar antepasados. Cito de uno de los diarios digitales que he leído: "A partir de ahora, los magiares que viven en el extranjero podrán solicitar y conseguir la nacionalidad húngara sin haber residido nunca en el país y sin ni siquiera tener antepasados húngaros."
En Europapress (digital) matizan que será para los que tengan antepasados húngaros o hablen el idioma magiar. En el ABC sin embargo la disyuntiva se convierte en inclusiva con "y hablen el idioma magiar" (viva la información seria y veraz). Ya veo las academias de idiomas abarrotadas y el precio por hora de algunos profesores dispararse.

Eslovaquia, por cierto, está que trina con el asunto.

¿A ver si vamos a ver de nuevo minorías perseguidas y de ahí saltamos otra vez a las hostias en medio de Europa?. ¿A que la lían de nuevo?.

mami-mami dijo...

Jo tia; si no me lo dices, hubiera pensado que era la misma tipa; si son calcadas. Y como yo en cuanto me sacan de quien gobierna en Alemania, Francia, Italia etc. ya no tengo ni idea, pues no sabia ni que existieran.
Asi de bien explicado, está todo claro; no se si será para bien o para mal; lo cierto es que por esa zona siempre andan de follon y empiezan los "lios" gordos.
Esperemos que el último punto de dezaragoza, no sea premonitorio (por el bien de todos). Saludos tremolineros.

Txetun: dijo...

A Tzipi Livni si la conocía, tristemente. Mi conocimiento de Hungría, es, desgraciadamente muy limitado. De todos modos, usando la lógica común, no creo que la UE permita la medida, tal como la planteas, sin cortapisas. De ahí que las condiciones que el señor dezaragoza enumera me parezcan, cuanto menos, lógicas.

En cuanto a lo de aprender magiar, no sé si merece la pena ponerse a ello para conseguir el papelajo de turno (según cuentan, es una lengua bastante compleja).