Efemérides

17 de febrero: Kosovo se declara independiente (2008)



viernes, 25 de septiembre de 2015

Ser o no ser

Me saturan los periódicos desde hace semanas con la amenaza secesionista (sic), el derecho a la libre determinación (sic) y, en suma, el asunto de la eventual independencia catalana del resto del territorio de lo que llamamos España. Y me descorazona sobremanera comprobar que el asunto me deja en alta medida indiferente., cual crónica de un desastre anunciado al que uno ha tenido tiempo, años, para acostumbrarse.  

Cuando todavía iba al instituto, defendía la idea de que en toda España deberíamos estudiar nociones de las cuatro lenguas oficiales existentes en todo el territorio. Me miraban como si hubiera que mandarme a la hoguera y lo más agradable que escuché como respuesta fue un “para qué”. Mal íbamos.
Los que me preguntaban “para qué” fue con los que luego, ya en la vida adulta, me enzarzaba en discusiones al respecto de “por qué tengo yo que aprender catalán si me quiero trasladar a Cataluña”. Pues por respeto, gilipollas, y de paso por tí mismo, porque cuál es el problema de aprender algo nuevo. De la misma forma que te convendría aprender alemán si te mudas a Berlín. “Es que Cataluña está en España”. Y he aquí la madre del codero.

Soy una madrileña de pedigrí, de esos escasos ejemplares provenientes de chulapos bisabuelos (y más allá, no sé).  Me sume en el desconcierto que el 90% de los madrileños de hoy en día no sepa de qué va eso del chotis, ni haya visto jamás una zarzuela, ni conozca la historia de la Gran Vía, ni comprenda las metáforas chulapas que usaba mi abuela para comunicarse en el día a día. Y me resulta hilarante que los descendientes de toledanos y cacereños traten de convencerme de lo que significa ser de Madriz. Por mi parte, nunca he sentido la necesidad de demostrar, justificar o defender lo que soy: yo lo tengo bastante claro.
Por otra parte, ¿qué es ser español? No tengo ni idea. Si ser español consiste en llevar pulseras tranzadas con la bandera de España más el azul añil, yo no debo de serlo.  Si consiste en considerar que el resto del mundo ha de hablar castellano por encima de todo, tampoco debo de serlo.  Y si consiste en colgar una bandera del balcón los días de fútbol, para qué queremos más.
Y sin embargo, intuyo que, además de madrileña, soy española. Se me encogen los higadillos cuando escucho Mediterráneo. Me rasgo las vestiduras cada vez que me encuentro un hecho por un echo, no digamos una b por una v.  Me hincho de orgullo cuando analizo el cambio que dio mi país con la entrada en la UE. Y creo que no hay pena en este mundo que una morcilla de Burgos no pueda curar. Pero soy también europea, europea convencidísima, que es la aspiración con la que me crié y en la que cada vez me reconozco más, en vista de los disgustos que me da mi patria.

Estimados paletos de España, estimados garrulos de Cataluña, estimados catetos de Oviedo y estimados palurdos de Talarrubias: dejen sus complejos a un lado, abandonen al charnego que llevan dentro y mírense con conciencia: ¿de verdad creen que son tan insolentemente puros que no hay traza del resto en ustedes? ¿Acaso no saben de dónde vino la peseta? ¿O que las características cinco únicas vocales fonéticas del castellano actual provienen en realidad del vasco? ¿Que somos tan diferentes, tantos siglos después? ¿De verdad creen que la corrupción está centralizada y es endémica en la influencia celta? ¿Me va usté a decir que no ha berreado a Los Chunguitos para sus adentros en alguna ocasión, y que tiene Rh negativo? ¿Y no le parece que, de hecho, hay algo de hermoso en todo ello ?

Para esta madrileña de nombre y apellido catalán que vive en un país allende la UE con cuatro lenguas oficiales donde cada uno va a su aire pero se trabaja por el bien común,  y que considera que el gran problema de la Europa Unida es haber permanecido desunida políticamente y que no nos gobierne ahora la Merkel a todos (por ejemplo), el sentimiento de pérdida por el que está doliente no proviene de la posible desaparición de un trozo de tierra de los mapas meteorológicos del telediario.  El sentimiento de pérdida emana del hecho de comprobar, una vez más, que desde Fernando VII no hemos cambiado tanto, pese al siglo y algo que nos ha sido dado para amortizarlo, y que mi país, ese que prometía tanto, se ve de nuevo devastado por la acción de paletos, catetos, garrulos y palurdos que, cual Urano, van devorando a sus hijos –a los pocos que conseguían percibir y agradecer la belleza, la riqueza de haber tenido la suerte de nacer en un territorio tan variopinto, tan rico en cultura y matices, en paisajes y climas, en mareas y vientos-.



miércoles, 22 de julio de 2015

El Auténtico Shock De Habitar En Centroeuropa

Amigos,

Son muchos los meses que llevo dándome a la vida parda, sin atender mis obligaciones de educadora del espíritu nacional en formato bloguero. Pero en estos días en los que veo cómo la Europa Que Nos Contaron se desmorona, y ese presente-pasado de exilio y peregrinaje no decae en sus cifras, y el internet se llena de decálogos del tipo 10 razones por las que Madrid es la mejor ciudad del mundo / 10 cosas que echarás de menos cuando emigres / 10 decepciones que nunca te contaron de vivir fuera / 10 xxxx xxxxx xxxx, decía, ante semejante panorama informativo-literario, comprendo que es mi obligación cívica rescataros cual griegos a la deriva de ese maremagnum de estupideces escritas por paletos cuasierásmicos, y prepararos realmente para

El Auténtico Shock De Habitar En Centroeuropa*

A saber:

1. Adelgazas de repente.
Porque la talla no es la misma. Y no me refiero a que en España digamos 38 y en Centroeuropa digan M o 2. Me refiero a que no hay mejor método para adelgazar que mudarse a Europa, porque te reduces ipsofactamente. La 38 española es una 36 en Alemania, la 36 española es una 34 en Suiza, y etc etc. Ojo que, como sabeis, cuando uno adelgaza, lo primero que pierde son las tetas. Así que una 90 española es una 80 en Holanda y vecindad. Y una 85, una 75. Y así sucesivamente. Adiós a las buenas noticias.

2. Muerte al rapero jipjopero.
Un hombre de verdad, un hombre elegante, un hombre con clase y distinción que aspire a una carrera envidiable en una multinacional de postín, lleva el largo de los pantalones por encima de los tobillos. Eso eh asín.

3. En el cine hay que hacer pis.
Y por eso hay pausa de entre 10 y 15 minutos en todas las películas, sin excepción. Si la película es muy larga, quizá haya dos pausas. Y las pausas las hacen a lo Tele5: nada de esperar a que Nicole Kidman termine la frase. Cortamos a-la-mitad-exacta y listo. Que para algo somos la tierra de los relojes.

4. La vida al aire libre.
El centroeuropeo, que es muy viajao, ha experimentado la sensación cervecita en una terraza y sabe que es agradable. Así que aquí también hay terrazas. En verano. Y en invierno. Porque anda que no es agradable ni ná sentarte en la calle a 4 grados con tu calefactor y tu mantita procurada a tal efecto por el concierge del local. Con tu cafetito caliente, a ver pasar los tranvías.

5. No solo de alcohol vive el hombre
Estoy, lo juro, hasta las narices de que todos sientan la necesidad de informar de lo caro que es tomarse una copa en Londres, porque claro, el alcohol es taaan caro aquí, nada que ver con España, pues anda que en Munich, que lo racionan con unos medidores. ¿Por qué nadie habla de que aquí la referencia económica del pescado (y de la carne, y de todo) es por 100 gramos, y no por kilo, lo cual da una idea de los precios que acompañan? ¿Por qué nadie dice que la de la fruta es por pieza? ¿Es que esa gente no come? ¿O es que no se han repuesto aun del trauma de la primera vez que fueron a la carnicería e, ignorantes, se dejaron la beca con un par de chuletitas de cordero?

6. No solo de fútbol vive el hombre
La sección de deportes del telediario abre con esquí. Y me encanta.

7. La "limpieza de primavera"
La limpieza de primavera (Frühjahrsputz) es como la fiesta de la cosecha en Rusia o la Fiesta de la Espiga en el pueblo donde me crié: un acontecimiento de primer orden que se planea con minuciosidad, expectación y algarabía. Hay publicidad al respecto y las gentes hablan sobre ello en el trabajo caundo se acerca el momento, más que sobre Siria o sobre la FIFA. La limpieza de primavera consiste en mover todos los muebles de la casa, limpiarla a fondo como si hubiera que desalojar al ébola, e inspeccionar cada objeto y cada cajón en busca del correspondiente cupo del que desprenderse, bien vía camión de basura, bien vía tienda de segunda mano.

8. El tiempo pasa más despacio.
Por eso cuentan distinto. Tiempo de preaviso para dejar un trabajo: 3 meses. Tiempo de preaviso para un despido: 3 meses. Tiempo aproximado de duración de un proceso de contratación: 2-3 meses. Tiempo de preaviso para dejar un inmueble: 3 meses (y nunca en septiembre, que está prohibidísimo).

9. Hay que usar protección.
Por eso, por ley, los bares, discotecas y salas de conciertos deben poner a disposición de los clientes tapones para los oídos, que se encuentran normalemente en la barra, para el libre uso y disfrute. Ante esta realidad, es de suponer que el éxito que tendría una sala de conciertos sin sistema de sonido es incuestionable.

10. No queremos limosnas.
Por eso la propina no se deja en el platito en bares y restaurantes, sino que se da en vivo. Es decir: viene la doña con la cuenta, 15.23, y tú ahí en ese momento tienes que hacer la cuenta y decirle mientras le das el billete: "cóbrate 16 / 17 / 18". Pero siempre cuenta con que como le digas 16, prepárate a salir de allí con la cabeza gacha.


BONUS TRACK, para que esto no sea un decálogo más: En tu casa tampoco quieres limosnas.
Así que aquí la publicidad se hace de forma diferente. No son cartelitos del profesor Yusuf que cura a distancia el mal de amores y la impotencia lo que te dejan en el buzón anónimamente, sino productos existentes en el mercado, para que los pruebes. En mi buzón han aparecido ya, como por prestidigitación, detergentes de lavadora, zumos, preparado para creps, salsas, cubitos para caldo, y una cosa de esas de poner en el váter para que huela bien. Entre otras que, ahora mismo, no recuerdo. Y todo de marcas de las de nombre. 




*note el lector que cuando digo Centroeuropa en realidad quiero decir principalmente Suiza y aledaños, en pura sinécdoque de venirse arriba, porque como buena helvética que estoy empezando a ser, non plus ultra.