Efemérides

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sábado, 7 de septiembre de 2013

Tu primera amiga, tu primera ilusión... tu primer aterrizaje de emergencia: ¡chispas!

Apreciados súbditos,

Recientemente he realizado un viaje a Varsovia y me veo en la necesidad de compartir con vosotros mis experiencias. Pero discúlpenme de antemano y si no consigo parir una obra literaria de la calidad a la que os tengo acostumbrados: es que ando espesa hoy, qué queréis que os diga. Llevo toda la tarde realizando actividades mundanas y plebeyas como pasar el aspirador y fregar suelos, y ahora la literatura se verá afectada por ello. Son sin embargo tantas las voces que piden insistentemente que vuelva, que no puedo sino doblegarme antes ustedes y tenderles aquí mi arte.

Que total: que he estao en Varsovia. Pero permítanme que empiece por el principio. El principio es un vuelo de Swiss que despega de Zúrich a las 07:00 de la mañana, para el cual aquí la que suscribe hubo de salir del catre a las 03:15. Ustedes me dirán si hay derecho.

Hice pie en el aeropuerto y accedí a un reciento que llaman "sala VIP" al que te dejan entrar si un samaritano portador de una tarjeta platino te anexa a él, y que es un sitio que se caracteriza por tener silloncitos, periódicos, y comida gratis; y cuando llegó el momento, me introduje en el aparato: un Avro JR100 cuatrimotor de ala alta. Que viene a ser parecido a los aeroplanos que ustedes han visto en las películas de Hércules Poirot. Y surcando los cielos europeos nos encontrábamos, cuando nos hablaron las voces:

"Señores pasajeros, les habla el comandante. Tenemos un problema en el sistema de frenado: los flaps no se despliegan. Vamos a tener que proceder a un aterrizaje de emergencia. La torre de control de Varsovia ya está informada y seremos desviados a la pista 3, que es la pista más larga que tienen, donde pensamos que tendremos suficiente espacio para frenar. Es posible que vean fuego en los motores al aterrizar. La temperatura en Varsovia es de 23 grados y el día está soleado".

Mi primera reacción fue pensar que lo había entendido mal. Pero el jodío lo repitió en inglés. Así que mi segunda reacción fue pensar que igual era una broma, ocurrencia ésta inspirada por el detalle de la temperatura varsoviana. Pero confirmé con mi compañero Uli que los suizos no gastan bromas cuando se trata de aterrizajes de emergencia (tras lo cual él quiso saber si los españoles sí). Como tercera reacción, procedí a observar las reacciones del pasaje. Mi jefe estaba sentado unas cuantas filas más atrás y tenía esa mirada que tiene él que lo mismo puede significar "díos mío cómo me hubiera gustado ver crecer a mis hijos", que "yo creo que la cocina quedaría mejor si la pintáramos de azul". Así que, dadas las circunstancias, opté por ojear el panfleto del duty free y reflexionar sobre por qué la gente comprará cosas del carrito ese si son mucho más caras que en la droguería de tu barrio.

El piloto, por su parte, optó por sobrevolar los campos polacos en círculo varias veces cual ave carroñera para gastar todo el combustible que llevábamos en el cuerpo, lo que nos tuvo entretenidos unos 45 minutos más del tiempo estimado de vuelo y nos permitió conocer en profundidad unos 10 kilómetros cuadrados de la zona suroeste de la provincia de Mazovia. Cuando debió de calcular que en caso de hostia, si ardíamos, ardíamos poco, efectuó ya las maniobras de aproximación que desembocaron en tocar tierra y y pisar freno a modo de reversa en los motores como si no hubiera un mañana (literalmente). Y sí, al final tuvimos suficiente espacio en la pista de aterrizaje: nos debieron de sobrar unos 3 metros lo menos, de hecho. En mi deslizamiento por la pista 3 del aeropuerto de Varsovia, pude observar por la ventanilla que me había sido adjudicada las medidas de seguridad que habían sido dispuestas para la ocasión: una cisterna de agua tirada por un tractor, y un coche de policía. Decidí pensar que el parque de bomberos en pleno se encontraba sito en el lado de la pista que yo no veía. Y en fin, al final, ni fuego en los motores, ni nada: crea expectativas para esto. Ahora, eso sí: esta vez no hubo ni un solo gilipollas que encendiera el móvil antes de llegar al finger.

Y en fin, poco más. De mi estancia polaca solo voy a resaltar que estuve dos días seguidos lavándome los dientes con crema de afeitar (malditos hoteles pijos donde los tubos son todos iguales y están escritos en raro), y que Varsovia es la única capital europea donde en 2013 se siguen viendo curas por la calle con sotana (¡y muchos, y jóvenes!).


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Because there were so many bodies, and because so many of the bodies had been destroyed there was never a list of the dead, thousands of people were left to suffer hope. (Jonathan Safran Foer, Extremely Loud & Incredibly Close)