Efemérides

17 de febrero: Kosovo se declara independiente (2008)



martes, 28 de octubre de 2008

Falete en Húsavík

Mi amiga Amber, natural de Holanda, a la que os presento desde estas líneas, ha estado estos días por Madrid. Y entre tacita de té y saquito de pipas, me ha relatado al respecto de sus vacaciones en Islandia.

Se fue para allá con la intención de realizar una ruta a caballo desde un sitio del norte hasta un sitio del sur, y entre tanto, decidió pasar un día en la localidad costera de Húsavík, famosa, al parecer, por el avistamiento de ballenas (hay holandeses que se van a ver pájaros a Extremadura, y hay holandeses que se van a ver ballenas a Islandia).

Amber llegó a su hotelito a media mañana y, tras dejar la maleta, salió a la calle a ver ballenas.
Como no las veía bien, cogió un barco de ver ballenas.
Al fin consiguió ver la cola de una a lo lejos.
Volvió a tierra firme, y optó por explorar la ya mentada ciudad de Húsavík, una de las principales del país, con sus 2.296 habitantes censados en 2006 (estimo que con las últimas vicisitudes padecidas por el país, quedarán un 296).
Amber visitó la ciudad.
15 minutos después y una vez visitada la ciudad, Amber visitó el Museo de la Ballena.
Amber volvió a visitar la ciudad.
Amber, en ausencia de absolutamente nada mejor ni peor que hacer, decide visitar el Museo del Pene. Y aquí es donde me voy al punto y aparte.

Al parecer, el Museo del Pene de Islandia (The Icelandic Phallological Museum) contiene un ejemplar de cada mamífero que habita en la isla y alrededores. Esto incluye, lógicamente, penes de ballena (de algo más de un metro de longitud, para curiosos) y -no podía ser menos, siendo estas gentes del Norte de Europa-, incluye también a Jimmy.
Según la información proporcionada por Amber, Jimmy es el pene de un donante humano, parece ser que el de un caballero de 93 años de edad que es además fundador del museo y que quiere predicar con el ejemplo. Aunque eso sí: post-mortem, así que (para curiosos) aún no está expuesto. Lo único que hay expuesto es un certificado de la esposa del citado caballero a la que al parecer pertenece el pene (¿?), certificando que el aparato se encuentra en perfecto estado y expresando su conformidad para entregarlo al mundo de la cultura.
También parece ser que se admiten donativos, porque junto al certificado de Jimmy hay otros dos de otros dos caballeros (o sus esposas), también esperando a que el portador la palme y puedan por fin ser admirados en sus urnitas de cristal. Uno de ellos, de un estadounidense, por cierto. Quizá se trate de algún intercambio en potencia con el MOMA.

Eso sí: el museo tampoco debe de contar con demasiadas obras, porque a las 8 de la tarde, y después de haber cenado (y visitado la ciudad de nuevo), Amber ya estaba en la cama de su hotelito provincial, lista para proceder al sueño (a falta de nada mejor o peor que hacer).

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Información práctica:
Una vez investigado el asunto a conciencia, sólo puedo decir que el nombre oficial del museo en castellano es "La Faloteca Islandesa". Y podéis entrar hasta el fondo pinchando aquí.
Observe el curioso lector que el castellano es la primera lengua que aparece en su web. Ay, criaturas.

miércoles, 22 de octubre de 2008

A hostias

Esta tarde me ha contado la tele que un chino se ha cargado a una china y al individuo que ésta portaba en el útero, erigiéndola así en Víctima Número 53 de la Violencia Machista.

Está la cosa pa pocas bromas. Yo no sé si es que antes no se nos cargaban tanto, o es que simplemente lo del cachete / tortazo era normal y esperable (para el aprendizaje sobre comportamientos del ser humano español del último siglo, recomiendo Usos amorosos de la posguerra española, de Carmen Martín Gaite). El caso es que ahora, tanta bajada de azúcar, tanto no si se llevaban muy bien así que no sabemos que le habrá pasado a este hombre, tantos 15 minutos de fama a base de cargarse a la parienta... al final una se acojona.

Miro por el rabillo del ojo al que me acompaña. Se rasca la barriga mientras intenta pasar de la tercera página de Fundamentos del Marketing. No: un hombre que baja la tapa del water por propia iniciativa no puede ser malo. Además, para cargarse a alguien hace falta una cierta hiperactividad y nada más lejos de la realidad de mi hombre, que saca brillo diariamente a su certificado dudeísta.

Pero el caso es que parece ser que no todas tienen esa suerte. Y no hace falta ser pobre ni tonto ni feo ni ignorante: me sulivella hasta la glotis el que piensa que cuando una aguanta un guantazo es porque quiere. No, my friend: cuando una aguanta un guantazo es porque no se da ni cuenta, es porque el proceso de desgaste previo ha sido tan exhaustivo que del guantazo ya ni se percata. Es porque ya está acostumbrada a que haya excusa para todo, y hace ya mucho que esa persona dejó de ser esa persona.

Lo bueno es que es este un campo en el que el país demuestra una gran solidaridad para con los pueblos del mundo. Aquí fallecen españolas, rumanas, chinas, brasileñas, colombianas y etcéteras, sin discriminación por razones de sexo, raza o religión.

domingo, 19 de octubre de 2008

Universos paralelos

Tengo una vecina que, en el año 73, decidió subir al Mercado de los Mostenses en camisón y gritar que Carrillo y ella iban a arreglar el mundo (el lector fiel ya lo sabe: habito yo en una comunidad de vecinos salerosa y pizpireta como ella sola).

Hacía ya mucho que no se sabía gran cosa de Inés -lo que viene a significar que se había casado y no había vuelto a pasearse por los comercios de la zona con fines revolucionarios-. Pero el otro día llamaron a la puerta de mi semiabuela, que vive en la planta de arriba.
-Buenos días. ¿Ha venido el Príncipe?
-(...). Hmmnno, no ha venido.
-Ah. Pues es que hemos quedado aquí, y no sabía si habría venido ya. ¿Sabe si va a venir?
-Hmmmpues no, no creo que venga.
-Ah. Gracias.
Mi semiabuela cerró la puerta y observó por la mirilla. Inés, que al parecer se había vuelto monárquica, llamó a las tres puertas restantes, antes de volver a llamar a la de mi semiabuela y de nuevo a las otras tres.

Una de las vecinas de mi semiabuela, al volver a abrir, le barruntó que como siguiera molestando y llamando a la puerta, iba a llamar ella a la policía. Inés se marchó escaleras abajo, a mi planta, que es donde vivía antaño y donde sigue viviendo su madre, y mi semiabuela decidió contarle a esa vecina las vicisitudes relativas al sistema neurologicopsiquiátrico de Inés, que, al parecer, había vuelto a ser visitada por un brote raruno de esos suyos, después de tanto tiempo.
Pero a la vecina debe de ser que la familia real no le cae bien, porque barruntó de nuevo que a ella le daba igual lo que le pasara: como volviera a molestar, llamaba a la policía.

Cómo cambian los tiempos. De los Mostenses, se la trajeron de vuelta a casa los vecinos, antes de que la policía apareciera sin que nadie tuviera que llamarla. Pero hoy en día no anda la sociedad para imaginaciones paralelas.

jueves, 9 de octubre de 2008

Deltagen

Una amiga mía originaria de México que en estos momentos se halla de vacaciones por este nuestro país y cuyo nombre omitiré a fin de que el grupo de los Forbes de México no la enlate y aparezca un día allá en el campo grande allá donde vivía, decía, esta amiga mía mexicana me ha hablado del Deltagen.

Y yo me he quedado loca.

Resulta que llamemosla equis ha trabajado cierto tiempo en una industria alimentaria (que la llaman). Y me ha hecho conocedora del hecho de que cuando uno come carne de esta fría que se vende envasada no es carne lo que come, sino Deltagen. Cierto que todos lo sospechábamos, pero nadie había sido tan cruel de presentarmelo con nombre y apellido.

Parece ser este un invento que adquiere la forma de lo que toca. Como el Terminator, pero en polvo. Entonces uno coge un trocito pequeño de la carne que quiera crear, le añade agua, le pone de Deltagen hasta las orejas... ¡¡¡y el Deltagen va cogiendo la forma de la carne!!!. Preguntada si tiene algún tipo de efecto nocivo, ella respondió que "no, bah, apenas cáncer".

Si queda alguno de ustedes leyendo y no se ha marchado aún a Majaelrayo a criar cabras, le diré que lo mismo sucede con el pan de molde (ella citó una bimborosa marca que yo me abstandré de mentar). La masa del pan de molde se mete en el molde, ocupando cosa de 1 cm de altura. Este preparado se introduce en el horno, y al salir tiene el tamaño que conocemos normalmente. Esto se logra gracias a una enzima de no sé qué que obra el milagro.

Yo, desde ese día, huelga decir que me alimento de las hojas del amor de hombre y la aloe vera que tengo en la ventana.
Pero creo que así no se soluciona el problema. Debería tomar parte más activa, y empezar a asesinar a todos los ingenieros alimentarios / bioquímicos con los que tropiece.

Propongo quedada el lunes en su facultad.

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Fé de erratas:
Mermadas mis facultades de comprensión por la gravedad del asunto, se ve que no me quede bien con el nombre del producto. Me informa mi amiga equis de que no se llama "Deltagen" el elixir milagroso, sino "Deltagel".
Y eso que suena incluso peor.

miércoles, 8 de octubre de 2008

El astrolabio de Livingstone

Amigos:

Vengo a deciros que estoy viva. Y vengo a deciros que estoy, de hecho, muy viva. Han sido 16 días de tumbos por la parte de los malos de la antigua Yugoslavia: Serbia (+ Kosovo) y Montenegro, con aderezo de Macedonia y una cucharadita de Bulgaria, salpimentado con Hungría.

He venido con muchas ganas de darle a la tecla hasta que se borre incluso la letra X. Pero en el último minuto me he dicho eh quietoparao. Y es que, ¡ah, amigos!: yo ya tengo un nivel como para saber diferenciar un bló de un friquibló*. Y yo me he dicho: "vamos a ver: si vas a escribir tol rato de lo mismo esto es de cosas del viajar, ¡eso ya no es un tremolina! ¡eso es una tremolina especializada! (iba a escribir "monotemática" pero en el último instante me he percatado de que ese vocablo no vende tan bien). Así que he identificado lo que sin duda es un momento de oro para ir escalando peldaños hacia el cielo binario, y he procedido a inaugurar


El astrolabio de Livingstone


que encuentran ustedes a la izquierda de sus pantallas. Tiene por objeto concentrar las impresiones de viaje que andan desperdigadas por fotos, mails y notas, empezando, como es lógico, por el más fresco.

La Tremolina seguirá siendo la niña bonita. Es mi criaturita, mi bebé que llora a las cinco de la mañana, la que me regala alegrías cada vez que espeta "se debe moderar 1 comentario".
El astrolabio, para todo aquél que guste de relatos de viaje, con un carácter más o menos práctico según el párrafo.
La Tremo, para todo éste que siga persigiendo el nirvana a base de escaquear minutos de trabajo a su jefe.



*conocimiento patrocinado por mi amigo Sebas