Efemérides

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martes, 21 de febrero de 2012

En Laponia hace frío, pero yo me río

He escogido mal momento para emigrar de España, cagüenlaleche, merche. Amanezco cada día últimamente con las noticias internacionales devorándome en forma de nostalgia y envidia, ay, quién pudiera estar allí. Los españoles sí que saben divertirse. Es la vida social de mi querida España lo que se echa de menos cuando uno vive fuera. Ni la paella, ni el sol, ni la playa, ni el precio del whisky: lo que verdaderamente uno echa en falta cuando emigra es esa vida en la calle tan característica nuestra, ese interactuar tan de nobleza baturra con todo el que nos cruzamos (-¡hola!, -¡adiós!), ese gracejo nuestro tan inherente a nosotros. Y como desgraciadamente el "Spain is different" de Fraga se nos ha ido decolorando de a poquitos como se nos decoloró su orgulloso autor hasta quedarse pálido del todo, el Gobierno de la Comunidad Valenciana ha tenido que inaugurar una campaña de medios mucho más contundente y efectista, a fin de que al mundo le quede claro esa socialización a la que me refería más arriba.


(foto cortesía de Facebook)

Definitivamente, es una lástima que yo esté aquí. Porque a juzgar por la nueva terminología del poder, entre enemigos y el uso de la fuerza ante el ataque, con mi posgrado de Comunicación y Conflictos Armados, me auguro una meteórica carrera como redactora de discursos políticos caso de regresar al terruño.  

Claro que... es este un punto peligroso. Una navaja de doble filo. Porque, ¿y si vuelvo y acontece que pese a ser funcionaria me quedare en paro y, dado este perfil, me ofrecen un trabajo en el Congo que no puedo rechazar? ¿Tendría al menos chaleco antibalas como paquete de bienvenida?
Yo casi prefiero Laponia, si les digo la verdad, que una es valiente, pero no kamikaze. Además, en Laponia, como en las restantes zonas nórdicas esas que tanto nos gusta citar a algunos sectores de la sociedad, aparte del trabajo irrechazable sopena de extinción del paro para el que tan concienzudamente he ido cotizando, tendría la opción de que el Estado me diera un préstamo a un escasísimo interés para poder estudiar en la universidad y devolverselo posteriormente. O si en lugar de Finlandia fuera por ejemplo, digamos, Alemania, que en general nos gusta citarla a todos, tendría, además de la flexibilidad laboral que se me demandare, una política que defiende los 3 primeros años de mi maternidad con uñas y dientes, o el famoso Kindergeld, esto es, una asignación mensual a los hijos hasta que éstos trabajaren (no hasta que cumplen los 6 o 18 años de edad, no: hasta que éstos trabajaren ergo fueran independientes, creo recordar que hasta un máximo de 27 años de edad). 
Pero claro, son todas éstas cosas con las que el españolito no ha siquiera soñado jamás, por lo que ni se le ocurren. Claro que tampoco probablemente se le habrían ocurrido los pasacalles adelantados valencianos estos con los que nos deleita Rita, o la inauguaración oficial del contrato de tipo mepasoporloscojonesloquefirmes con el que nos deleita Valle Inclán el Gobierno . 

Qué quieren que les diga. Me tienen ustedes (una vez más he de decirlo) el país hecho unos zorros. Dejen de salir en las noticias, por dios. Que luego soy yo aquí la que tiene que dar la cara ante la Europa esa que le gusta mentar a cierto sector de la sociedad.  


 

[Aquí les dejo, por cierto, una captura de la portada de la prestigiosa revista alemana Der Spiegel, de hoy. Debajo de la noticia de apertura de los talibanes, la otra imagen dice: "Protestas en España: Brutal acción policial contra los estudiantes")]