Efemérides

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lunes, 13 de enero de 2014

Hasta luego, Lucas

Para escribir la crónica de hoy debo desvelarles uno de mis secretos mejor guardados.

Verán… me gusta planchar. La frase habrá provocado que alguno de los lectores se haya santiguado y otros, sorprendido, pero poco más. Sin embargo, el escándalo lo es si les hablo de cómo me gusta planchar.

Pues aquí va, a bocajarro: Me gusta hacerlo de pie, en el salón, preferentemente en domingo, y habiendo escogido para la ocasión un título de entre lo que las colecciones llaman “Nuestros Clásicos” y los demás llamamos “Españoladas”; a saber: El turismo es un gran invento, Operación cabaretera, El cochecito, Crónica de 9 meses, La ciudad no es para mí, etc.

Cuando se recuperen de la risa, sigo.


Bueno. Pues que el caso es que estaba yo el domingo pasado planchando y en esta ocasión me acompañaba Tú y yo somos tres, de 1961.
La película… Cómo podría decirles… Es uno de los mayores bodrios concebidos por mente humana. Es una calatravada cinematográfica. No la levanta ni la fugaz aparición de Jose Luis Lopez Vázquez. Pero a lo que voy: que el caso es que estaba yo lidiando con la chaqueta de punto beige, cuando en esto que allá por el minuto 00:59:58 de esta soporífera obra fílmica oigo que, en una escena en que están dos en un bar, uno de ellos le dice al barman según se van:

“Hasta luego, Lucas” 

Deslizamiento por cuello de chaqueta beige parado en seco. Capacidad psicomotriz invalidada por unos instantes. Tic en aleta derecha de la nariz y párpados desplegados hasta la rabadilla mientras intento procesar lo que ha ocurrido en mi extrarradio sensorial.
Rebobino, por si acaso.

Efectivamente: dice “hasta luego, Lucas”.

Y de repente una parte integral de mi vida cobra sentido y me siento como el que por fin comprende que dios sea el padre y el hijo y además una paloma.