Efemérides

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domingo, 27 de enero de 2008

El peluquín que sube y que baja

Ayer, tras mi semanal cita televisiva con David Cantero, tuve ocasión de descubrir casi como por casualidad que, si uno tiene un poco de paciencia, después del fútbol hay un apartado de deportes. Para los no versados indicaré que David Cantero es un señor en el que probablemente piensa su señora los sábados de noche durante los prolegómenos del lecho conyugal. Bueno, al tema. Que después del fútbol resulta que sale un apartado de deportes. Y así se me apareció por sorpresa mientras procedía yo a la ingesta de una sopa castellana, con la imagen en pantalla de unos señores rusos (dama y caballero) que, dando vueltas por una pista de hielo con sendos patines en los pieses, de repente él la agarró a ella por un tobillo y ella, echa un ovillo sobre sí misma, dio unas 5 vueltas completas girando alrededor de él, que actuaba como eje. "Se trata de otro impecable ejercicio de la escuela rusa", comentó el locutor deportivo.
Claro. Normal. Es lo que llaman un gap cultural, convine yo. Un español, cosas del clima y las costumbres, no concibe en principio que uno pueda ir deslizándose sobre el hielo y agarrar de repente a la pareja por un tobillo con el fin último de dar siete vueltas sobre sí mismo. No sé, no surge. Aquí hace calor y tal y uno sale a la calle y se aplatana. En cambio en Rusia, pues oye, qué vas a hacer, es lo que tiene el frío. Vives en plena estepa en el siglo XIX, algo así como Los Santos de la Humosa pero en llano, llega Septiembre, te metes en casa, no hay electricidad, sabes que hasta junio no vuelve a salir el sol, ¿qué haces? Pues escribir Guerra y Paz. A ver, qué vas a hacer. Como ahora ya hay televisión, pues en lugar de hacer el Tolstoi, a los rusos les da por girar sobre sí mismos con la parienta adherida por el muslamen. A ver, qué vas a hacer.

Y en fin, en mis reflexiones estaba cuando descubrí que el futuro inminente me tenía reservada otra sorpresa. Esta vez, de muy mayor envergadura. Qué dirán ustedes que ví, señores. Pues un anuncio de Movistar. Pero no cualquier anuncio, no: ¡¡es un anuncio que termina con una imagen del peluquín que sube y que baja!!! ¡Já! Todos aquellos incrédulos que se apartaban de mi lado cuando yo departía al respecto del peluquín de Gran Vía que sube y que baja, todos esos impíos que se burlaban de mi estado de salud mental cuando les preguntaba si conocían de su existencia, todos esos prepotentes que vivían en la ignorancia, todos, todos, tendrán que rendirse ahora ante la evidencia y la irrefutabilidad que otorga la comprobación empírica. ¡¡El peluquín que sube y que baja existía, señores!! ¡¡Las multinacionales no mienten!!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Oiga señorita, acabo de bajar de una nube y fíjese, el peluquín ni se me sube, ni se me baja. Lo del bigote es lo de menos ya que es el pegamento ese de imedio hace maravillas, sabe? Bueno, pues lo dicho y redicho, no es por no mentir sobre la metodología de mis ancestros los diestros pero ande, andeeeeee... que hoy es noche buena y mañana navidad.

Un saludo cordial desde Castellón para una grandísima amigüita medio madrizleña y ogopesiná ;-P

Txetun dijo...

Yo conozco el peluquín que sube y que baja de la Gran Vía; pero la gente no se fija porque va mirando con los ojos llenos, en lugar de ir viendo con los ojos cerrados a lo obvio. Ver el peluquín que sube y que baja de la Gran Vía es hacer un ejercicio de mirada primigenia, y no todo el mundo está por la labor. :P