Efemérides

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domingo, 21 de abril de 2013

El baño turco

No sé cómo introducir el particular, así que voy a resumírselo lo mejor que pueda:

He pasado el viernes en pelotas frotándoles la espalda a mis compañeras de oficina.

Y claro, ahora ustedes querrán que se lo explique.

Todo empezó cuando mis compañeras (y amigas, añado) me propusieron pasar el fin de semana en Berna, con visita incluida al circuito de un precioso "hammam" de oriental aspecto. Planazo.

Yo había oído rumores. Las gentes extranjeras hablaban del asunto con estupefacción. Pero nunca había conocido a nadie que de primera mano pudiera dar testimonio. Así que lo creía a medias y, por si acaso, consciente de que probablemente no se tratara más que de otro comentario para desvirtuar a este trozo de tierra que nos acoge, y llena de esperanza por ello, me llevé el bikini. No podía ser que en Suiza, en las saunas, baños turcos y derivados, la gente fuera en pelotas. No era posible.

Pero sí lo era. En este país donde es raro que las mujeres sigan trabajando cuando se casan, y casi punible que sigan haciéndolo cuando tienen hijos en lugar de quedarse en casa cuidando de sus vástagos, decía, en este país donde en según qué sitios todavía te miran raro si vives "con tu novio", las saunas son mixtas y la gente va en pelotas.

La verdad es que no estoy siendo del todo exacta. La gente va envuelta en un trapo (literal) que te dan a la entrada con el fin de que no hagas el impúdico. Un trapo que al meterte en las piscinas esas de agua calentita, huelga decir, se va levantando hacia arriba con un acusado efecto Marilyn contra el que hay que luchar mientras a su vez procuras que no se te escurra hacia abajo. Un trapo que, no obstante, hay que quitarse cuando llegas a las distintas estaciones del circuito: peeling, mascarillas, y demás.

Estación nº 2 - peeling:
Aquí, para salvaguardar la moral y la decencia, hay una salita para hombres y otra para mujeres. No parecen haberse percatado, eso sí, de la inutilidad de las mismas si uno les adjudica puertas transparentes. Doy fe, que yo estaba esperando fuera mi turno mientras veía a mi compañera Lisa y a sus nalgas moverse vigorosamente durante la aplicación del guante de lufa.

Estación nº 4 - peeling con pringue:
Aquí ya se dieron cuenta de la tontería de las dos salas y directamente solo hicieron una (con sus puertas transparentes, que no falten). Así que es probable que mientras usté se refrota para eliminar sus células muertas, tenga al lado a algún desconocido caballero que, miembro en ristre, haga lo propio.

Y en fin, qué les voy a contar. Confieso que yo me encontraba cohibida al principio. Yo soy de las que han hecho topless en la playa, pero nunca en compañía del contable ni de la recepcionista. Así que en la estación nº 2 hice un tanto el mojigato con mi trapo, mi guante, y la esquina más cercana que encontré en la que agazaparme. Pero cuando quise llegar a la estación nº 4 y Lisa me propuso que nos acicaláramos mutuamente la espalda (y además a la vez, nada de primero una y luego la otra), pues qué quieren que les diga: elevé al cielo un alegre "From lost to the river!" que nadie comprendió y me desinhibí completamente, a lo Nadiuska, viva el destape.     

2 comentarios:

Ana Victoria dijo...

La única vez que he estado por esas tierras, concretamente en Thun, estaba yo de cena en un hotel y planificando mi bajada a la piscina climatizada de la que hablaban maravillas. Me levanté de la mesa despidiéndome educádamente del resto de comensales, uno de ellos español que avispadamente me advirtió: No pretenderás bajar en bañador, ¿verdad? -Emmm, ¿cómo? -Que aquí la gente se baña en pelotas. -Ahh, bueno, puessss va a ser que no hay piscina. ¿Un café?

mami-mami dijo...

Vivir para ver .... que decia mi abuela. Si en lugar de a esos "sitios raros" te hubieras hecho un tour "decente" por Toledo, Consuegra, Aranjuez etc. otro gallo cantaría .
Eso si, mucho más aburrido; seguro y hay que disfrutar de la vida todo lo que se pueda.