Efemérides

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domingo, 3 de enero de 2010

Gigantes y cabezones

Amigos y compañeros del metal,

me dispongo a dejar la gatera de mi lado oscuro abierta para que asome una de mis vicisitudes más discretamente llevadas, a fin de poder escribir esta crónica de hoy y dotarla de sentido. Confío en su discreción. No se lo vayan a decir a nadie.

Cómo les diría yo. Cómo explicarlo... Hay a quien le gustan las colegialas. Hay a quien le gustan las enfermeras. Hay a quien le gustan los curas y por eso hay quien se parece mucho a su tío. Y hay a quien nos gustan los enfermos de gigantismo. Así. Sin más. Sí, lo confieso. No lo puedo evitar. El solo hecho de que un hombre mida cuanto más mejor, basta para que yo le rinda pleitesía. De haber conseguido fotos de Romay, mi habitación de adolescente no hubiera estado empapelada de posters de los New Kids on the Block. Y no veo que haya cura, confieso aquí que mis más bajos instintos se despiertan sobremanera cuando en mi vagón de metro entra un señor que se pasa el viaje con el cuello girado 90 grados -sensación que mi madre denomina "...y se le hizo el chichi coca-cola"-. Entiendo que es enfermizo, no lo niego. Pero qué le vamos a hacer, a estas alturas. Literales.

El caso es que, hace unos días, diose la casualidad de que un serbio llamó a mi puerta (aquellos que sigan El Astrolabio de Livingstone ya saben de mi debilidad para con los Balcanes). El serbio se caracterizaba por haber sido campeón de Europa de baloncesto con el último equipo que llevó la designación "Yugoslavia" en la camiseta, amén de por hablar perfecto español con el uso del subjuntivo y todo. Para más inri, ostentaba el mérito de haber creado el "anagrama más largo en lengua serbia" (como buen serbio, su presentación en sociedad era muy de ganar). A lo que voy: que el mariano medía un total de dos metros cero cinco centímetros. Para qué les voy a decir más. Mi record estaba en dos metros cero uno. Qué dificil lidiar con la tentación.

Y en fin, ahí estuvimos tomando unas cañas: el serbio, El que me acompaña, Sacau, una amiga de Sacau y yo misma. Finiquitamos las cañas. El que me acompaña y yo volvimos a casa.

-Tengo que decirte una cosa -le espeté. -Qué puta mierda que existas, en estos momentos de la actualidad presente.
El que me acompaña me miró como se mira a un cachorillo abandonado en la calle.
-Ese individuo es muy feo -me indica. Y no le falta razón.
-Joder, es que si nos ponemos a mirar detalles sin importancia...

Empezamos a cenar. Qué puta mierda que exista. Principalmente, porque su existencia impide que en el fondo, en lo más recóndito de mi ser, yo genere las ganas necesarias para convertir la tentación en ultraje. Qué puta mierda que exista, finiquitando los usos y costumbres. Qué puta mierda que exista, y a mí me guste su existencia.
Lo miro.
Uno ochenta y tantos tampoco está tan mal, joder. ¿Podrías vestirte un día de enfermero?

6 comentarios:

dezaragoza dijo...

Aprovecho para decir "feliz año nuevo". El resto... lo callo discretamente.

Anónimo dijo...

Si me tuviera que enfrentar a una disyuntiva, tipo o paella o fabada y realmente me apetecen las dos, mi único dilema sería probablemente buscar un dia que tenga el hambre justa para comerme las dos.

No se puede desperdiciar nada. Eso sí sería una faena.

Soberbia descripcion psicológica, no obstante.

Don José

Txetun: dijo...

Tanta sinceridad, asusta... aunque supongo que "el que la acompaña" lo habrá agradecido.

En cuanto al "chichicocacolismo" que padece ante el gigantismo, lo entiendo perfectamente. El listado de "kinky" atracciones que manejo está encabezado por el minimalismo y el esquimalismo, lo que hacen que Bjork, la esquimala que robó a las focas su forma de cantar, sea un tótem fetiche desde tiempos inmemoriales...

Y ahora es cuando caigo en que quizá no debiera haberlo confesado aquí, dada la enooooorme audiencia de la que su blog goza. :$

Jesús dijo...

Mensaje para el que la acompaña:

Ha probado usted el uso de tacones? :)

sacau dijo...

Estimada Tremolencia:

No es por exagerar, pero aún me duele el cuello de mirar parriba. Qué tío más grande, es la única persona que ha tenido que agacharse para entrar en la librería...

Por otro lado,te entiendo, Tremolina. Yo tuve mi época pasión morbosa por las chicas de pelo corto. Me gustaba una que salía por la tele (y era bizca, pero llevaba el pelo cortísimo). Ahora se me dá por las chicas de nariz importante...

Alguna rapada nariguda por ahí??

mami-mami dijo...

Ya habia yo observado tu tendencia a los larguiruchos, pero no pense que llegara a tanto.
¿será para compensar que desciendes de una que mide 1,50 y uno que malamente llegaria al 1,70?
Y menudo problema tiene esa gente: en la cama sacan los pies y se les quedan frios y en el coche que hacen para conducir ¿quitan el asiento delantero y se sientan en el de detras o sacan medio cuerpo por la ventanilla? como hacia yo con la cabeza cuando se helaba el parabrisas.....vamos, que me quedo con mi 1,50.
Si el que te acompaña se decide a vestirse de enfermero, yo tengo una bata blanca y utiles que podrian servirle; previo alquiler claro. Ciao tremolineros.