Josef Fritzl se tapa la cara con un archivador azul, demostrando que las verdades absolutas que se aprenden en la más remota infancia, perduran para siempre: si te tapas los ojos, ya no te ve nadie, ya no estás. Cu-cu… trás.
Qué verdades absolutas habrán aprendido sus hijonietos en la más remota infancia.
Que la Tierra tiene 50 metros cuadrados, y todos esos libros donde dicen que es plana, se equivocan.
Que tu padre es tu abuelo y el Espíritu Santo, que se lleva a algunos de tus hermanos al cielo, escaleras arriba, al poco de nacer.
Que un día dura lo que duren los filamentos de bombillas Philips.
Que parece ser que en la Tierra hay más gente, a juzgar por los señores esos de casco y metralleta que están entrando por la puerta.
Soy incapaz de siquiera acercarme a imaginar todo lo que habrá pasado por las consciencias, las coherencias, los raciocinios y los aparatos digestivos de esas personas al ver la primera brizna de césped, una tras 24 años, otros tras lo que dure una vida.
Descubrir la evolución de 1984.
Los húngaros pueden venir a vernos.
Los malos ahora son los árabes.
Y Michael Jackson.
Y en esta evolución de 1984 existe un nuevo monstruo, llamado televisión. La televisión, que está en todas partes y quiere tu cara. Y te da dinero, y muestra a tu padre en cada pantalla, y tiene una novia en cada puerto, en cada juzgado, en cada vecina.
Y la insalvable verdad de haberse erigido uno en mono de feria.
Cu-cu… trás.
Efemérides
martes, 17 de marzo de 2009
Cu-cu... Trás
lunes, 16 de marzo de 2009
Los gatos
Redacción: los gatos
Los gatos son unas cosas peludas y con piernas que andan hacia delante y se chupan la manos. Tienen por costumbre engancharse en el cuero, la tela o la pana de los sillones y sembrar pelito por alfombras y camas. A algunas personas les gustan los gatos y entonces quieren cogerlos y agarrarlos y los gatos hacen bbbbbbfffffffff y no se enganchan en el cuero de los sillones sino en la piel de las personas.
Los gatos son muy listos y saben lo que les gusta a las personas y cuando las personas tienen un jersey azul con triangulitos que les gusta mucho pues a los gatos también les gusta y se cuelan en los cajones para rendir pleitesía al jersey que les gusta mucho y que también te gusta a ti y para ello hacen pis en el jersey y también firman con las uñas.
Pero a los gatos nunca les gusta el jersey verde con lunares que pones en el suelo aposta para que hagan pis en él.
Los gatos también son unos animales que se van de casa con sus amigos y vuelven para comer pero si no tienes whiskas para darles no vienen para comer y ya no vuelven nunca más.
Y eso son los gatos.
(Dedicado a Rony, en su patidifúsica ocurrencia de querer agenciarse un gato)
jueves, 5 de marzo de 2009
Madrid no tiene tundra
El jodío del tedio ha vuelto hoy a por mí. Habrá ido a mi antigua oficina, se habrá enterado de dónde trabajo ahora, habrá cogido un taxi, y aquí se ha plantado, en la 3ª planta, con su hatillo y su sombrero.
Cuando le he visto aparecer por el pasillo, directo hacia mi mesa, silbando, no me lo podía creer. “Cómo cojones ha dado este desgraciado conmigo”, pensé, mientras miraba alrededor en busca de refugio. Pero no ha habido tiempo. Ha tirado el hatillo parriba, ha vuelto a trepar por la pata de la mesa haciendo gruuuummmpppffff, se ha sentado en el borde dejando las piernas colgando, ha girado la cabeza para mirarme, y me ha dicho: “Bueno, qué. ¿Te tiro de los pelos ya, o te pones con La Tremolina?”.
Así que he mirado hacia delante, a la pantalla, y me he puesto a aporrear el teclado sobre un documento .doc. Nada que ver. No se disfruta lo mismo, la verdá.
En fin, qué les cuento. He visto a Fidel Castro con un chándal de Adidas en una fotografía. Qué quieren que les diga: a uno se le caen los cimientos de la civilización con esto. Yo, que provengo de la Guerra Fría, con un mundo de soviéticos vs capitalistas y los de en medio pillando de los dos laos en la medida de lo posible en lo que caían las bombas atómicas de ambos, pues ante estas vicisitudes me despisto y se me caen las estructuras de las cosas. Como si a Ho Chi Minh lo soltaran en un Mercadona. Pues se despistaría, el hombre. Me aparece Fidel con un chándal de Adidas y lo siguiente es ver a Reagan de vacaciones en un koljos. Con una piña colada, cual playas de Malibú.
Y hablando de playas, nunca he entendido por qué las gentes del mundo lamentan que en Madrid no haya playa. “Ay, está muy bien, pero le falta la playa”, “es que Madrid no tiene playa”… Coño, tampoco tiene tundra, y no creo que llegue al 2% el porcentaje de capitalinos que se despierta todos los días pensando en eso. “Ay, si Madrid tuviera tundra”, “la lástima de irte a vivir a Madrid es que no tiene tundra”… y el metro abarrotado de ojos llorosos cada lunes por la mañana porque Madrid no tiene tundra. Pues no, ciertamente Madrid no tiene playa, ni los desagües de la ducha llenos de arenilla, ni el cuerpo pegajoso todo el verano, ni la necesidad de comprar agua embotellada, ni la imposibilidad de seguir caminando hacia delante, que es lo que para mí, ente de interior, significa una costa.
Porque no olvidemos las limitaciones que suponen las mismas, muy clarividentemente expresadas por mi vecino Jorge a los 4 años de edad: “Los chinos no pueden tener muchos hijos porque como son muchos, no caben, y se caen al mar”
lunes, 23 de febrero de 2009
¿Nadie es profeta en su tierra?
Le han dao el monigote y ahora vamos a tener Pé los próximos cinco meses hasta en la sopa. La que nos espera, amigos. Es como cuando digo que yo fehacientemente deseo que las Olimpiadas se las lleven a Nueva York, o a Singapur, o a San Marino, a cualquier sitio menos a Madrid. Porque si esto ya está inviable así tal cual, no me quiero yo imaginar con unos Juegos Olímpicos de por medio. Casiná.
El caso es que le han dado la estatuilla, estatuilla que ella ha recogido henchida de felicidad en su nombre y en el de todos sus fans de La Quinta Marcha. Lástima que no haya estado Almodovar en el escenario para haber gritado "¡¡¡Peeeeee-neeeeeee!!!!".
Otra gran e inesperada triunfadora ha sido la película Slumdog Millionaire, que curiosamente fui a ver el domingo pasado al cine. Quisiera continuar esta breve introducción con lo que viene a ser mi síntesis-crítica cinematográfica de la misma, porque sin duda merece dedicarle ese tiempo; y hacerlo al estilo Sacau.
Ahí voy:
La película es una puta mierda.
A los académicos del cine estadounidense que me están leyendo: disculpen la zafiedad, producto sin duda del temperamento latino. Disculpen también ustedes, lectores de a pie, si, simple y llanamente, la película ha resultado agradarles, por mucho que tal posibilidad nos resulte inverosímil a las personas de bien.
En cualquier caso, sólo una advertencia si aún no la han visto: no se dejen engañar por los trailers de curiosos planos evocadores de la India más profana y profunda. A partir de la mitad, el filme se convierte en una americanada con velos. Para más INRI, concluye con una coreografía jei-pita-pita-del de las de fin de curso de 6º de EGB en las que tanto se está apoyando la India para crear marca de identidad, cual Holanda con las prostitutas y los porros estatales.
Resulta útil, eso sí, para inciarse en los códigos cinematógraficos de La India, porque estaremos de acuerdo en que no es lo mismo una película española, que una rusa, que una china. Y es que cada una tiene sus códigos de narración. Así pues, sirve este rodaje para adentrarnos en el terreno de los códigos indios, y concluir al respecto sobre la filosofía y la metafísica del país, que a lo largo de los siglos ha ido guiando a sus gentes y creando pautas sobre el bien y el mal.
Por ejemplo: en la India, la protagonista de las películas ha de ser una mujer bellísima y exhuberante, y el protagonista ha de tener cara de lerdo. Si no, no hay química, intuyo.
Gana mucho también el filme si, en el devenir histórico de los personajes, se introduce el milagro biológico por el cual, a partir de la pubertad, ella de repente parece tener diez años más que él. Y la película alcanza el súmmum si, después de hacer entender que la protagonista ha vivido como esclava más o menos sexual toda su vida, la historia culmina con un casto beso en la mejilla cuando por fin consigue estar con su amado.
Bollywood, qué miedo me das. Ahora que conseguimos librarnos de la dictadura no siento las piernas, somos tan tontos de ser capaces de acogerte en nuestro seno cual dogma inamovible.
Aunque puede que por cinco meses dejemos de menospreciar las españoladas, y todos relatemos a los viandantes, exhaltados, el día que nos cruzamos con Pé, esa gran amiga nuestra qué chica tan maja cuánto vale, en la pueta de la Fnac.
sábado, 21 de febrero de 2009
Los suizos también roncan
Acabo de regresar de una semana concentrada cual selección futbolera en un hotel de una noble y rancia provincia castellana: Segovia. Esto lo puedo decir así ufanamente porque me consta que no tengo ni un solo lector de Segovia. Me consta que mi lector es de Madrid.
Y algún despistado que habite en Alemania.
Decía: acabo de volver de una semana de concentración en un hotel de Segovia. Consiste en lo siguiente: tú te vas al hotel de Segovia un lunes por la tarde, y sales de él un viernes a mediodía. Y en ese intervalo de tiempo, te juntas con algunos de tus compañeros para estrujarte los sesos concienzudamente y al unísono e innovar, con el fin de que tu empresa sea la más puntera, rentable y eficiente del mundo; mission, vision and goals, soldadito español.
Son cosas que hacen las empresas modernas. Si en un momento determinado irrumpiera en la sala de reuniones el dueño de Caramelos Paco, probablemente nos diera una colleja a cada uno mientras se le oyera vociferar: "¡¡a trabajar, so vagos!!". Pero en las empresas modernas y europeas, las empresas con mission, vision and goals, las cosas no funcionan así. En las empresas modernas y europeas con missionvisionandgoals la gente se concentra y piensa. Y luego se lanzan EREs a ritmo de ribera de duero, en algunos casos. Aunque creo que no es el nuestro, por el momento. Es lo bueno de las farmacéuticas. Siempre habrá cancerosos por el mundo.
Total, que lo que les decía. Concentrada como el Avecrem. Aunque no lo parezca, es una labor muy cansada. Consiste en mantener durante 9 horas al día un gesto inmutable que aparente que el ser que lo porta está comprendiendo y procesando todo lo que recibe con un resultado óptimo que derive en beneficio. Es como el Pajaritos a bailar que mi lector más antiguo recordará, pero en inglés. Little birds to dance, when they are just born. Y después, por la noche muy de noche, se va uno por fin a la cama del magnificente hotel, oh reducto de monástica paz, sólo para descubrir que el azar lo ha dispuesto todo para que no se eche en falta el hogar: en la habitación de al lado hay un suizo que ronca más aún que el que me acompaña. Y se le oye como si estuviera a los pies de la cama, acurrucado en la alfombrilla. Cómo cambia el mundo sin traje.
lunes, 9 de febrero de 2009
Apatrullando la ciudad
He tomado la decisión. Han sido muchas visitas a diferentes centros, mucha recapacitación al respecto y mucha consulta numérica resto dos me llevo una, y al final, valiente soldadito español, lo he hecho. Abrí la puerta del lugar, saqué de un solo golpe los billetes, los puse sobre el escritorio tras el que una melena morena hablaba por teléfono, y espeté: "Vengo a apuntarme a la autoescuela. Modalidad 2: veintisiete clases prácticas."
Permítanme que me remonte unos meses atrás en el tiempo, cuando comencé a recabar información sobre los distintos lugares de pecado (por la usura) en los que se impartían las materias necesarias para alcanzar el santo grial: la L blanca sobre fondo verde de 19,50 x 15. Accedía a todas y cada una de las autoescuelas existentes a 1000 metros radiales desde mi hogar, comparaba precios, matrículas y clases prácticas, analizaba las tipografías de los diferentes panfletos... pero ninguna me convencía. Ninguna conseguía en mí la reacción mágica. No había feeling, no había química entre ellas y yo. Hasta que en una ocasión, al traspasar el umbral de la puerta del local de aquel definitivo inmueble... conocí a Li.
-Tú...quiele...qué.
-Hmmm... hola. Yo quería información sobre el carné de conducir.
-Sí, pasa, sienta.
Me senté en la silla que Li me indicó, rodeada a cada momento de individuos de indefinida nacionalidad asiática que intuyo china. Unos archivaban papeles, otros atendían en otros escritorios, otros salieron en tropel al abrirse la puerta de lo que debía de ser el aula, seguidos de otro que debía de ser el profesor.
Li ya había empezado a hablar.
-(...) legalo matlícula, tú paga una vez, tú no caduca, tú 15 clase, también tu paga esto y tú 27 clase, que tú quiele, yo legalo siemple liblo y test, y cuando tú tiene calné, yo legalo 10 clase pelfecionamiento, ¿sí?
El ritmo era frenético a mí alrededor. Y Li me tenía encandilada.
-Sí. Sólo tengo una pregunta, quizá un poco tonta... este... ¿las clases son en chino?
-¡¡Noo!!! Ji ji ji. Clase en epañol! Y inglé.
-Ah. Es que como veo al grupo que está saliendo...
-Ete glupo chino (dijo, señalando, con cierto tono despectivo). Psch, glupo epecial. ¡Pelo toda otla clase, clase epañol!
Di las gracias a Li, me incorporé, y me volqué de Chinatown de nuevo en la calle Leganitos. Pese al aire fresco, el espíritu Hu Jintao me había embriagado. Ya no se podía hacer nada. La suerte estaba echada, y las cartas sobre la mesa.
Y aquí me ven, señores, dispuesta a motorizarme cual Sor Citroen, con mi compañero Chan, los dos haciendo tests como locos.

miércoles, 4 de febrero de 2009
Regalos de empresa
Estimados feligreses buscadores del súmum literario:
Vivo sin vivir en mí. Esto es un sindios. Desde que empecé a trabajar de nuevo, no soy persona. Ando por ahí como vaca sin cencerro. Llego a casa muy tardíamente, con el único objetivo por bandera de ingerir desaforada y compulsivamente, deseo que al culminarse se repliega para ceder el paso a una inesquivable necesidad de dormir.
Esto así no puede ser. Necesito obtener acceso laboral a La Tremolina cueste lo que cueste.
Pero no todo iba a ser malo en esta mi nueva empresa. Y es que el otro día se celebró el "comité de bienvenida" a los doce o trece que hemos entrado nuevos en el último periodo de tiempo, donde, amén de explicarnos sibilinamente por qué somos unos afortunados por trabajar donde trabajamos, ay cuida tu puesto pataliebre, procedieron a los regalos de bienvenida de la empresa, en los que, además del consabido bolígrafo y hasta un fluorescente de color azul, nos dieron el sorprendente objeto de deseo.
Es necesario ahora no obviar el detalle de que la empresa a la que desde recientemente acudo todos los días por las mañanas se inscribe dentro del ramo farmacéutico. Pues bien: cuál sería mi y nuestra sorpresa al descubrir que, dentro de la bolsa-obsequio, junto al boli y al Staedler, se encontraban también 9 cajas 9 de un codiciado medicamento que alcanzó renombre mundial hace unos años por las circunstancias sanitarias del globo entonces, y que en este nuestro país resultaba (y resulta) difícil de conseguir. Manténgase fuera del alcance de los niños.
"Normal - pensé yo pa mí. - A mi hermana en su Starbucks le regalaban café, y a mí me regalan Floricadina*"
Y ya auguro que en la cesta de Navidad vendrán retrovirales, por si las moscas.
*nombre ficiticio
