Efemérides

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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Imagina

Me aburro.
En el momento en que la voz interior ha pronunciado la frase a grito pelado, yo ya sabía lo que iba a pasar. El Tedio, al que hacía tanto que no veía, ha aparecido por el pasillo de la oficina, esta vez a todo correr, nada de decoros ni aires ausentes. Ha aparecido al galope como nunca se vio correr a este lado del Rif, el hatillo en volandas, las botitas rojas echando humo, orejas y pelos de las cejas hacia atrás por efecto de la velocidad. Ha hecho un triple salto mortal con tirabuzón cuando le faltaban dos metros para llegar a mi mesa, ha aterrizado sobre ella con un inmejorable demi plié, y se ha liado a darme capones, instintiva e insistentemente, así como diciendo “lo ves lo ves lo ves te dije que volvería”. Acto seguido se ha sentado, vista y piernecillas hacia el ordenador, y ha esperado pacientemente a que yo abriera el word > nuevo documento y comenzara a escribir estas líneas.

Siempre que me aburro en el trabajo me entran unas desaforadas y asfixiantes ganas de viajar. Pero de viajar bien, no de irme a Trujillo un fin de semana a comprar compulsivamente tortas del casar. En tropel me caen sobre la frente todos los recorridos acumulados en la sección “por hacer”, como si la Sra. Claypool hubiera abierto la puerta del camarote de la coronilla.
La cordillera andina p’arriba. Empezando por la Patagonia chilena y terminando en Perú. ¿A ver? Voy a mirar vuelos a Punta Arenas, por curiosidad. 4.128,63 euros un Madrid – Punta Arenas. Joder. Tengo que hablar con Paola, seguro que hay otras opciones. Y Paola se tiene que saber tó esto de maravilla, como si a mí me preguntara un holandés cómo llegar de Matalascañas a Langreo. Y con Barbara, también tengo que hablar con Barbara, a ver qué le parece lo del Transiberiano. ¿En invierno o en verano? En invierno cuenta con el encanto de la tundra. En verano cuenta con el encanto de regresar vivo. No sé qué elegir. ¡Y Estados Unidos, que no se nos olvide! Tengo que ir a Tucson Arizona y luego a Nueva York. Estaría bien tirarse 3 meses pululando por ahí, de costa a costa, y vuelvo porque me echan. Pero como de tener trabajo no tendré tiempo, y de no tener trabajo no tendré dinero, habrá que conformarse con el Biosphere 2, alfa y omega de mi Disney cienciaficticio particular, y después a Nuevayol a imaginarme viviendo en las calles de las películas de Woody Allen. Si encuentro una ganzúa, puede que en los pisos también. Y espera, que esta imagen que ha caído al mover la calle de Si la cosa funciona es ¡el Royal Scotland! ¡Es verdad! ¡Los viajes en trenes míticos! El Blue Train de Sudáfrica, el Canadian Express (inevitable pensar en el Barco de Vapor de mi infancia), el Glacier Express… Lo que nos lleva al velerito por las islas griegas, que acaba de aparecer justo debajo del Indian Pacific. ¡Ay, cuánto que hacer!

En fin. He conseguido consumir 20 minutos más imaginando. Quedan menos minutos para salir de la oficina. Para aquel al que mi exposición esté despertando cierta condescendencia, piedad y hasta compasión hacia mi persona en estos momentos, sepa que no hay nada más lejos de la realidad. El que me acompaña puede certificar que yo invierto tiempo cada cierto ídem a lo que yo denomino “imaginar”, y en momentos propicios para ello me es tan necesario como el gimnasio o siete masajes de espalda a otros, a fin de eliminar tensiones y evitar la quema de razones sociales e individuos. “¿Imaginamos?”, “me voy a la habitación a imaginar” o “¿y si imaginamos el martes del puente?” son frases habituales a las que El que me acompaña ya se ha acostumbrado y a cuya sugerencia puede en mayor o menor medida adherirse (siendo por lo general la medida menor la imperante, él es un tipo de corte racional y lógica numérica). Pero a mí, ese mero imaginar me alimenta como pocos sueros fisiológicos saben hacerlo, me da el optimismo, el humor y el ánimo para transitar por el mundo que me toca y, sobre todo, consigue que me mantenga en un trabajo remunerado como una persona normal. Lo cual no es cuestión baladí: han sido muchos años hasta alcanzar tal logro.

6 comentarios:

Jesús dijo...

Hola!

Me manifiesto aqui para reservarme plaza en el caso de velero por las islas griegas :)

Que es una cosa que también he imaginado alguna que otra vez...

Saludos!

El que la acompaña dijo...

Querida Tremolina,

Permítame que la tutee. Es una pequeña confianza que me tomo por eso de haber compartido cosas como vivir más de tres meses sin puerta en el baño.

Siento decir que subestimas, y mucho, mi capacidad de imaginar. A pesar de mi corte racional, deberías saber que paso una gran parte de cada día imaginando. Aproximadamente unas siete horas dentro de mi trabajo, y dos o tres fuera de él. Y muchas veces, muchas, imaginamos sobre lo mismo.

La diferencia es que yo, a diferencia de ti, imagino pa dentro. Es lo que tenemos los introvertidos. No es que no quiera compartir el imaginar, es que no sé. Mi cerebro no funciona bien hacia fuera. Hacia dentro, soy un orador excelente. Hacia fuera, sin embargo, casi nunca sé lo que digo.

Un beso.

P.S.: me encanta el Tedio, quiero uno :)

La Tremolina... dijo...

Ñiñi. :)

Me consta :).

(perdón al resto de la tremolencia por este segundo de puertas abiertas, intimidad en ristre)

el jurisconsulto del reino dijo...

Jo, qué tierno. Yo quiero...

sacau dijo...

Sr. Don El Que La Acompaña:

Comentario glorioso el suyo.No se puede esperar menos de un amante de la música de Duke Ellington.
Así que un orador excelente hacia dentro...

...a Fraga le pasa lo mismo!

Un abrazo

dezaragoza dijo...

Jo, qué enormes ganas de huír ¿eh?.