Efemérides

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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Saldando cuentas

Hace no muchos días, saldé una deuda pendiente que tenía contraída con mi adolescencia. A saber: monté en una moto. Sí, qué quieren que les diga: nunca había subido propiamente en moto. Había medio-matádome por una moto, pero nunca propiamente paseado en ella como las series de televisión estadounidenses me indicaban que hacían las chicas más populares del instituto. Así no había forma de ascender, y así fue que me pasé la adolescencia pasando desapercibida (o eso creía yo entonces).

Pero al tema: que hace unos días, entre pintos y flautas y zarandajas, surgió con unos compañeros mi incomparable falta de no haber subido nunca en moto. “¡Pero eso no puede ser!”, exclamó Manolo. “¡Eso hay que arreglarlo ya mismo!”, y muy amablemente me convidó a llevarme a casa cual rubia rolliza en el asiento trasero de su vehículo motorizado de dos ruedas.

-Glup (me dije yo así pa mí)
-¿No quieres?
-No… si sí… pero es que… como hoy llevo falda… (balbuceé yo, mientras observaba de reojo lo que a mí me parecía una máquina infernal ultrasónica y que al parecer resulta ser un “125 de ná”)
-Bueno, pues otro día que lleves pantalones, no te libras
-Vale… (madremíaenlaquemehemetido)

Y efectivamente. Otro día que llevaba pantalones, no me libré.

Sube aquí. Pon el pie allí. Te agarras acá. Y el casco así. Y eso que arranca. Y la Nacional II es nuestra amiga. Joder.

-¿Qué tal?
-Bien
Para mi sorpresa, consigo que el “bien” suene de forma inteligible, pese a lo apretado de los dientes. Bien los cojones. Voy modelo palo de escoba. Agarrada al asa de atrás que como nos demos una leche lo arranco de cuajo, pero no se suelta la mano, descuida. Coches a la derecha. Coches a la izquierda. Coches por delante. Coches por detrás. Joder con las curvas. Muchacha no trepes por la moto que nos vamos a pique.

Este rigor mortis duró hasta la Puerta de Alcalá, en que yo ya más o menos me fui confiando y hasta fui relajando los brazos. Era cuestión de dos segundos más relejarme del todo y disfrutar el paseo, casi casi saludando a ambos lados de la calle, cual coche de caballos con Señora De Apellido. Y descubrir pequeños placeres. Separar los dedillos de los pies y notar el viento entre ellos. Disfrutar de la vista de la calle sin cristales, como andando, pero más rápido. Esa especie de comunión con otros motoristas.

Me gustó, si señor. Ya a la altura de Plaza de España, la soltura con el medio era total: sólo me faltó desabrocharme la blusa y ponerme de pie frente a los camioneros a lo Ruta 66. Qué perdida, qué perdida, no haberme ligao al capitán del equipo de rugby en su momento. Pero en el pueblo en el que crecí sólo había punkies de ocasión y visionarios que criaban conejos.

Y tanto es así, que hoy me han vuelto a proponer otro paseo en moto: esta vez, vía Malasaña. No se hable más: la Tremo Davidson, la primera.

7 comentarios:

dezaragoza dijo...

:) qué tierno.

Pues nada, que te ha picado el tema motero, de aquí a un tiempo tienes carnet de moto y estrenas alguna de segunda mano que cae en tus manos. Y ya es el no parar.

sacau dijo...

Booooornnnnn to beeee wiiiiiiild!!!!

Me has recordado la única vez que monté en moto, de paquete evidentemente, con perdón.

Eso sí, una Jarlideivison más grande que un Tiranosuario, que hacía un ruido que haría llorar de miedo como un párvulo a Rambo. Desde Torrejón de Ardoz hasta Argüelles fui el amo del mundo. Creo que me hice un poco de pis, sólo para recordar la gesta marcando mi territorio, por la A-2.

Viva el rock and roll.

mami-mami dijo...

Por algo el primer vehiculo que llegó a la familia fué una vespa con sidecar.
Corrian los años 57-58 y en ella ibamos hasta 5 y tan felices... tus abuelos, que eran unos modernos de su época.
Pero cuidadin con las motos, que en ellas (como bien decia tu abuelo) el parachoques es la cabeza. Ciao tremolineros.

Txetun: dijo...

Hola, amiga

Cuánto tiempo! Hasta casi me da vergüena este lapso. Pero siempre da alegría volver - con la frente marchita etc - y comprobar que sigues tan frejjquita como siempre.

Pos ná, como te han dicho, de ahí te veo tumbando la moto, haciendo curvas, acudiendo a concentraciones moteras y batiendo al mismísimo Valentino (Rossi) de tú a tú.

Un besote!

La Tremolina... dijo...

¡¡No estaba muerto, que estaba de parranda!!

Sr. Txetun: una sonrisa doreja a oreja na más que por ver su nombre pendiente de autorización pa pasearse por estos lares.

No sea vil, cuenteme en un vis a vis, quién es el, en qué lugar se enamoró de ti, a qué dedica el tiempo libre, y todas las vicisutdes de este lapso de tiempo (o abrevie, si lo prefiere, y relateme su situación espacio-tiempo actual)

Ana Victoria dijo...

Dios mío, ya sí... ya sí que sí soy la única que no ha montado en moto en su vida. Pero es que me da canguelo... si me he puesto nerviosa sólo con leer su relato, Tremo. Enhorabuena por su atrevimiento, un ejemplo más de que el miedo se combate con la acción.

La Tremolina... dijo...

Pues sí, amiga Ana: ya debe de ser usté la única. Tiene que solventar esa vicisitud. Enteindo que ahora quizá no sea el mejor momento. Pero de aquí a nada puede inaugurar la experiencia en un sidecar, como mi madre de niña :D