Efemérides

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sábado, 13 de diciembre de 2008

Tronco, yo no corono rollos con bombo

Tengo un problema. Un problema que se agrava al llegar estas fechas. Y es que yo no juego a la lotería. Y eso me produce un gran handicap social. Como lo de no beber vino.
Ni cerveza.

Paso por Gran Vía y esquivo las ingentes cantidades de gente que sitian a doña Manolita por todos los flancos (porque la cola da la vuelta hasta esquinas inimaginables). Y nada. No me pone nada.

Mi hermana, siete años menor, juega. Y esto me provoca el mismo complejo insípido que el hecho de que ella tenga carné de conducir desde los 18 años, y yo siga con mi vehículo ecológico a base de femorales. Y es que ella es una mujer de la vida, un mujer de la actualidad, una mujer de la posmodernidad, y yo una de edad moderna tardía tirando a contemporánea, que dijo uno. Yo muy bien sería el profesor de la República que incita a sus alumnos a recapacitar sobre la naturaleza de la babosa, y ella, la más admirada trilera de Benidorm. E iría por la calle tarareando: "Ies... que... yo! larala-lá, amo la vida y amo el amor...". En fin, cada cual nace como nace, cada uno es de su padre y de su madre.


Sin embargo, y a pesar de todo, y esto es lo que me tiene a mí en suspenso, sucede que puntualmente me llegan participaciones de lotería. Sé que se llaman así porque lo pone arriba y yo reflexiono al respecto y concluyo que este será el nombre que normalizadamente reciba el pequeño documento rosado en DIN A-8. Pero, en el fondo, desconozco en qué consisten. Sólo sé que en torno al 7 de enero mi madre me dice: "bah, los puedes tirar todos, no ha tocado nada". Y yo los echo a reciclar.

Pero últimamente me pregunto qué ocurrirá cuando ya no pueda refugiarme más en el concepto hija de Julia y el prójimo pase a considerarme unidad familiar en mí misma. De hecho, demasiado creo que me han dejado ya en tan cómodo batiscafo. ¿Qué ocurrirá entonces? Las unidades familiares ajenas que puntualmente envían participaciones esperarán que las envíe yo también, y entonces llegará el Armagedón.

Y yo me despierto cada noche empapada en sudor, justo en el momento en que salto al mostrador de doña Manolita vestida de carlista y grito, bayoneta en mano:
-¡¡¡Le dije que acabara en siete!!!"

3 comentarios:

dezaragoza dijo...

Hola de nuevo Sra. Tremolina. Mis disculpas por tutearla, es una mala costumbre que me quedó de la modernidad. No volverá a suceder hasta el momento en que se me dé el correspondiente permiso :) .
Gracias por sus comentarios en mi blog, muy interesante especialmente el de las búsquedas, buscaré ese tipo de google que no lo tengo. Si no le importa, no respondo todavía a la pregunta de "¿de Turingia?". Hay cosas personales que prefiero no publicar, ya se lo diré algún día al oído si procede (en mensaje privado).

Respecto a su post de esta vez... pues cuando sea considerada unidad familiar, comprará en otro sitio donde haya menos cola la lotería de marras y cumplirá con la tradición solo para evitar enfrentamientos absurdos. Y créame, es lo mejor. A veces la felicidad consiste en elegir batallas, y la de la lotería no merece la pena ni con uniforme de carlista ni con nada parecido. Saludos y a seguir escribiendo así de bien.

mami-mami dijo...

Hija discola y perversa (loteristicamente hablando)aprovecho la ocasión para darte el nº al que jugamos el dia 22 !apunta¡ 7 9 1 3 3 y por aquello de la crisis; solo son 3 euracos (para ayuda del piso en Opera con lo que te toque)
Y no te preocupes, que cuando considere lo de ser ya unidad familiar tu; yo estaré en la residencia de ancianos y entonces me lo cobraré todo junto, Je, je.
Eso si, sacate el carné; porque para entonces tendré que ir mucho al médico y yo ya no estaré para conducciones. Ciao

Anónimo dijo...

Bien si no juegas a la lotería me parece genial, igualmente cada persona debe hacer lo que le venga en gana. Por otra parte yo estoy orgulloso de no jugar a la lotería como todo el mundo ni tener tatuajes ni piercings, todo es moda, se original.

Saludos.