Amigos todos,
Vuelvo a colarme en sus pantallas en una nueva entrega tremolínica. Mi amiga y musa DePedro ha abierto sin saberlo la Caja de Pandora de mi Afán Creador, al hacer mención en un mail a los curiosos nombres con los que se solía encontrar en cierto trabajo que tuvo. Ha desplegado en technicolor frente a mí los Archivos de Mi Memoria, en concreto aquellos referidos a personas de curioso nombre con las que me he tropezado en mis largos caminos por lo ancho y largo del continente, y que ahora, lógicamente, me veo en la obligación social de compartir con todos ustedes. Pasen y vean.
Cuando era mocica me escribía cartas con una tal C. Rubio Moreno, y con un tal J.M. Puerta Darriba. También con una finlandesa que se llamaba Marikka Mikkola, y que definitivamente está en mi Top 5. Habitando en Berlín, adquirí conciencia de la existencia de una tal Viola Loos, que para más inri estudiaba español, la pobre, y quería vivr en España. Y a lo largo de diversos puestos de trabajo me he tropezado con Rodrigo Díaz de Vivar, Massimo Memeo y C. Grauenauer. El que me acompañaba tenía clientes en su banco que se apellidaban "Zorilla de Matilla" o "Habia Coca". Y estos son los principales que me vienen así ahora a la cabeza, pero estoy segura de que habrá más, escondidos en lo más recóndito de mi inminente Alzheimer.
Y ahora, por primera vez en la existencia de este bló, voy a hacerles un ruego y pregunta. Voy a pedirles que compartan conmigo los Gloriosos Nombres que han de tener ustedes en su propio bagaje. ¡Vamos, vamos, no sean tímidos, comenten!
Efemérides
lunes, 17 de junio de 2013
Viola Loos, Marikka Mikkola y otros grandes
martes, 11 de junio de 2013
La vida te da sorpresas
Hallábame yo en el autobús de línea que diariamente me lleva a mi centro de trabajo cuando he atisbado en dirección diez menos diez a un chaval que trabaja en mi mismo centro. Es un mushasho de estos modernos con el pelo a lo Gran Gatsby y zapatos Fred Astaire, de unos 22 o 23 años de edad, de esos a los que "conoces" de cruzarte por pasillos y ascensores, de esos en los que reparas por alguna razón que suele ser mezcla de estética y actitud; ambas orientadas en dirección "mírame qué distinto que soy, qué de cuánto que valgo", y si fuera del Bronx en lugar de porejemplo Lausanne llevaría gorra patrás y diría madafacka. Bueno, esto último ya lo pongo yo como nota de color.
Total, que estaba el mushasho en dirección diez menos diez frente a mí, y llevaba adherida a su ser a una mushasha muy acaramelada, ésta de espaldas a mí, que proyectaba hacia él todo el clímax de la post-adolescencia, siempre teniendo en cuenta que esto es Suiza y no la República Dominicana: besito furtivo por aquí, carantoña ñoña por allá, el autobús avanza y yo reflexiono sobre las parejas de mozalbetes en las que ella es muy rubia y él tiene aspecto de perdonavidas, y sobre lo ajeno al ridículo que es uno cuando uno tiene una serie de años menos.
Cuando en esto que al llegar a la parada de mi edificio, la rubia se da la vuelta y me encuentro de bruces, ¡zas!, no con la preuniversitaria de Zermatt que yo esperaba, sino con otra española que se mudó aquí un mes después que yo, también proveniente de la oficina de Madrid, que a la adolescencia mira desde la atalaya de sus 38 o 39 años, y con la que en su momento compartí algunas tardes. Una española que se había mudado aquí con su perro y con su novio (por ese orden), un novio por cierto que estaba considerablemente bueno y que, para más inri, era fisioterapeuta.
Su dilatación de pupila no deja lugar a dudas: no me esperaba. Lo cual tampoco me explico, porque a fecha de hoy no compartimos gran cosa, a excepción de una conocida común hacia la que mis pensamientos se desarrollan. ¿Tendrá acaso miedo de que se lo vaya a comentar a ella? ¿Por qué? ¿Es que acaso el asunto es secreto? Ya lo dudo, si te plantas de esa guisa en el autobús que va directito al campus de mi empresa...
-Hola! Hacía mil años que no te veía -le comento yo, intentado normalizar por mi parte el asunto
-Sí... bueno... sí... ¿Qué tal?
-Bien, ¿y tú?
-Bien... bueno, no sé si os conoceis... Este es Chindasvinto* -dice así de refilón señalando al maromo, que al bajar del bus se ha quedado un paso más atrás.
Chindasvinto me indica que no habla español así que le digo en alemán que hola y que le he visto alguna vez por el edificio. Él a mí también, a mí no me engaña, aunque no lo diga. Como la tensión se puede cortar con un cuchillo, opto por desearles un buen día y avanzar un poco más rápido: para qué hacerles pasar un mal rato. Y en lo que llego a mi oficina, me voy diciendo que a qué se deberá su azoramiento, si el asunto será en efecto un affaire oculto o de puertas abiertas, y que qué cosas, ya ves, la buena Marieta*.
Pero sobre todo, sobre todo, me pregunto si el novio fisioterapeuta seguirá por aquí, y si efectivamente habrá dejado de serlo.
*nombre ficticio
lunes, 3 de junio de 2013
Entendimientos
Estamos a 3 de junio y el ventanal que me muestra el día que hace afuera de mi oficina me despliega un cielo gris plomizo, terrible, temible, sazonado con 8 grados de temperatura y precipitaciones a flor de nube. Qué quieren que les diga: no lo entiendo. Esto ni es junio ni es ná. Y así no hay quien se oriente. Porque es importante entender las cosas para no ir por la vida como vaca sin cencerro. Y lo cierto es que últimamente hay muchas cosas que no entiendo. Por ejemplo:
No entiendo que haya que hablar con un psicólogo para poder abortar, y no para ponerse unas tetas. Y no entiendo que hayamos acordado la venta anual de 5.000 jóvenes españoles preparadísimos a Alemania y a su vez anunciemos la facilitación del permiso de trabajo a trabajadores cualificados que importemos nosotros. A este respecto, menos aún entiendo que en el país de Berlusconi pidan perdón a los emigrantes forzados, y en el mío se me diga que si me voy es por mi afán de aventura (y además, mientras no me vaya más lejos de Letonia, al parecer tampoco es que me haya ido). Tampoco entiendo que TVE Internacional se haga eco de las noticias internacionales dos días después (de media) de que lo hagan el resto de medios de comunicación, y tampoco entiendo de quién es primo el rotulador que diariamente me mete esos gazapos y faltas de ortografía de vergüenza ajena en el Telediario. No entiendo asimismo por qué la campaña "Descubre tu país" del Ministerio de Información y Turismo (me voy acostumbrando a la inminente re-nomenclatura) me invita a visitar en España cosas que no son visitables, como el peñón de Vélez de La Gomera, que es un enclave militar frente a la costa marroquí de restringido acceso. Y tampoco entiendo que puedas acabar en la cárcel por quemar una bandera de España porque eso sea apología del terrorismo, y sin embargo no sean apología del terrorismo canciones como esta que circulan por ahí y nos resultan tan simpáticas.
Y claro, así no se puede, porque va uno por la vida desorientado, sin entender nada, encomendándose al paraguas para esquivar lo displicente de los tiempos, atmosféricos y no atmosféricos, que nos ha tocado vivir.
sábado, 18 de mayo de 2013
La baronesa
Esta tarde he visto el "biopic" La Baronesa*, sobre Tita Cervera, y ahora estoy teniendo una crisis vital. Me pregunto cómo he malgastado mi vida de esta manera y no me hallo en estos momentos en la cubierta de un velero en el Lago Maggiore, liada con un aristócrata suizo, a mis 33 tacos de edad. Yo lo he puesto todo de mi parte: me he mantenido soltera y sin hijos para no tener mácula, he aprendido idiomas y algo recuerdo de las clases de Historia del Arte, y hasta me he venido a este país a vivir. Pero nada: nadie me invita a fiestas en Lugano, ni los banqueros me invitan a proseccos al salir de sus oficinas. Es más: es sábado tardenoche y aquí estoy, en casa, con el chándal cutre de faena y las zapatillas del hogar (sin borla). A este paso se me pasa el arroz.
Estaba yo muy engañada con esto de Suiza. Los ricos no se identifican entre la plebe, ni parece estar esto plagado de ellos. Como la hermana de mi amiga Irene, que me preguntaba si veía a los famosos por la calle cuando se enteró de que vivía en Madrid.
Total, que aquí estamos, mi minicrisis de la mediana edad, y yo. En fin. Dedicaré lo que queda del día a cosechar puerros (que creo que se me están saliendo de madre, nunca había visto unos puerros con flor) y a hacer sopa miso, a ver si me pongo más feng shui y menos zen. ¿Y si me agencio un perro? No, quita, quita, que la crisis de mediana edad pasa, pero al perro hay que sacarlo cuando llueve. Y además, qué coño, se me había olvidado que mañana me largo un par de días a un hotel-spa pijo de cojones, con mi amiga Esther. ¿Estará mi Heini particular esperándome allí?
¿Se imaginan ustedes, el museo Schmitli-Tremolina en pleno eje Prado-Recoletos?
domingo, 21 de abril de 2013
El baño turco
No sé cómo introducir el particular, así que voy a resumírselo lo mejor que pueda:
Y claro, ahora ustedes querrán que se lo explique.
Todo empezó cuando mis compañeras (y amigas, añado) me propusieron pasar el fin de semana en Berna, con visita incluida al circuito de un precioso "hammam" de oriental aspecto. Planazo.
Yo había oído rumores. Las gentes extranjeras hablaban del asunto con estupefacción. Pero nunca había conocido a nadie que de primera mano pudiera dar testimonio. Así que lo creía a medias y, por si acaso, consciente de que probablemente no se tratara más que de otro comentario para desvirtuar a este trozo de tierra que nos acoge, y llena de esperanza por ello, me llevé el bikini. No podía ser que en Suiza, en las saunas, baños turcos y derivados, la gente fuera en pelotas. No era posible.
Pero sí lo era. En este país donde es raro que las mujeres sigan trabajando cuando se casan, y casi punible que sigan haciéndolo cuando tienen hijos en lugar de quedarse en casa cuidando de sus vástagos, decía, en este país donde en según qué sitios todavía te miran raro si vives "con tu novio", las saunas son mixtas y la gente va en pelotas.
La verdad es que no estoy siendo del todo exacta. La gente va envuelta en un trapo (literal) que te dan a la entrada con el fin de que no hagas el impúdico. Un trapo que al meterte en las piscinas esas de agua calentita, huelga decir, se va levantando hacia arriba con un acusado efecto Marilyn contra el que hay que luchar mientras a su vez procuras que no se te escurra hacia abajo. Un trapo que, no obstante, hay que quitarse cuando llegas a las distintas estaciones del circuito: peeling, mascarillas, y demás.
Estación nº 2 - peeling:
Aquí, para salvaguardar la moral y la decencia, hay una salita para hombres y otra para mujeres. No parecen haberse percatado, eso sí, de la inutilidad de las mismas si uno les adjudica puertas transparentes. Doy fe, que yo estaba esperando fuera mi turno mientras veía a mi compañera Lisa y a sus nalgas moverse vigorosamente durante la aplicación del guante de lufa.
Estación nº 4 - peeling con pringue:
Aquí ya se dieron cuenta de la tontería de las dos salas y directamente solo hicieron una (con sus puertas transparentes, que no falten). Así que es probable que mientras usté se refrota para eliminar sus células muertas, tenga al lado a algún desconocido caballero que, miembro en ristre, haga lo propio.
Y en fin, qué les voy a contar. Confieso que yo me encontraba cohibida al principio. Yo soy de las que han hecho topless en la playa, pero nunca en compañía del contable ni de la recepcionista. Así que en la estación nº 2 hice un tanto el mojigato con mi trapo, mi guante, y la esquina más cercana que encontré en la que agazaparme. Pero cuando quise llegar a la estación nº 4 y Lisa me propuso que nos acicaláramos mutuamente la espalda (y además a la vez, nada de primero una y luego la otra), pues qué quieren que les diga: elevé al cielo un alegre "From lost to the river!" que nadie comprendió y me desinhibí completamente, a lo Nadiuska, viva el destape.
domingo, 14 de abril de 2013
La importancia de ser andorrana
Amigos todos,
Me pongo hoy en contacto con vosotros para narraros mi reciente visita al Oriente Medio. "¿Y a santo de qué se va esta al Oriente Medio, pudiéndose ir a Manzanares el Real, Tarancón o Benalmádena, incluso?", se preguntarán ustedes. Pues la cosa es sencilla: primero, para constatar lo engañados que nos tienen tras haber decubierto lo que allí significa "kebab"; y segundo, porque mi hermana reside en Kuwait y me apetecía ir a verla. Así que combiné una incursión a Kuwait (que he sabido que no es "Oriente Medio" sino "Golfo Pérsico" a secas), con una aventura en Jordania, que es el único país de la zona en el que no parece que vayan a liarse a tiros de un momento a otro si no se han liado ya, en los tiempos que corren. Que además ya saben ustedes que yo soy de turismo bélico, pero en versión flashback mejor que en vivo.
En fin, que me enrollo:
Kuwait muy bien. Es algo así como que a un campamento de beduinos de repente les hubieran cambiado los camellos por Hummers, como trueque por esa cosa negra que les sale del suelo. Y ahí van ellos, sin saber montar en bicicleta pero con sus Hummers en dirección contraria, sin sifón en los baños pero con sus centros comerciales de oro macizo. Me han caído simpáticos.
Jordania también bien. Esto es algo así como que a un campamento de beduinos de repente les hubieran llegado cinco autobuses de alemanes. Y aquí he descubierto la importancia de ser andorrana. O más bien, la panacea que supone el minúsculo país pirenaico. Déjenme que me explique:
Si ustedes son viajaos, es decir: si ustedes han ido por ejemplo a Portugal a comprar toallas, es probable que se hayan dado de bruces con el sempiterno "¿Real Madrid or Barselona"? tras enseñar su pasaporte al policía de turno, o tras la perenne pregunta del "Where are you from?" con la que el vendedor de lo que sea le invita a pasar a su tienda. Yo personalmente, que atesoro un gran número de realmadridorbarselonas y tourtilapatatas de diversos confines intercontinentales, estoy sinceramente hasta los huevos. Sobre todo porque la primera vez te resulta simpático, pero a la decimoctava ya no sabes cómo explicarle al pobre camboyano que su estrategia comercial futbolística es inversamente proporcional al beneficio económico obtenido para conmigo, porque tú eres una intelectual de pro. Si aún me dijera "¿Severo Ochoa o Ramón y Cajal?", pues no te digo yo que no cayera alguna pashmina, pero eso de que si Messi que si Ronaldo o no sé quién... Bueno, que divago. Que el caso es que me hallaba yo frente a un camello al que bauticé como Anastasio cuando, a instancias de mi beduino de referencia, se me ocurrió la clarividente respuesta:
"I'm from Andorra".
Espectacular resultado.
Normalmente se callan y no vuelven a abrir la boca jamás. Ha habido algún caso aislado, pizpiretos de natural curioso, que han contraatacado con un "never heard of", e incluso con un desafiante "where is it". Entonces yo les explico que somos un país minúsculo e insignificante entre España y Francia y que nunca ha oído hablar de nosotros porque somos apenas unas 2.000 almas (aquí me vengo arriba un poco). El caso es que la conversación no pasa de ahí y las estrategias de compraventa, tampoco. Porque como además no tienen ni idea de qué cojones se hablará en ese agujero, pues no pueden soltarte en tu idioma esas expresiones propias de los sistemas de transacción comercial a las que se entregan con gran alborozo.
Total, que el asunto da resultado, y desde entonces soy andorrana en cuanto tengo ocasión. Eso sí: mi beduino de referencia se quedó con la copla, porque al volver de mi paseo por Petra con Anastasio cual Indiana Jones retirado, me bajé del andamio con patas ese y mi beduino aprovechó para invitarme a una fiesta en una boîte del lugar esa noche y hacernos una foto juntos, y, mientras me abrazaba castamente por el hombro y hacía el signo de la victoria con la mano, se arrancó por un "beduine and andorra!" de lo más sentido.
Y en fin. Podría hablarles de las maravillas de Petra, de la suerte que he tenido al poder pasar rato sin nadie más alrededor en esa maravilla cavada en piedra, de los lodos del Mar Muerto con Jerusalén enfrente, de las ruinas de Jerash, de las ruinas hoteleras de Amman. Pero humildemente creo que es mejor que vayan ustedes y lo vean. Aunque eso sí: si al final resulta que este blog tiene más éxito del que yo pensaba, es posible que les sorprendan con un regateo en catalán.
jueves, 14 de febrero de 2013
Dos bombones
Hoy ha venido un chino en la oficina y me ha entregado una cajita con dos bombones en su interior, mientras me dedicaba un "Happy Valentine". Yo le he preguntado que en qué podía ayudarle, que es una forma elegante de decir y tú qué (coño) quieres, y me ha dicho que nada nada, que era solo por tener un detalle conmigo. Ah pues muchas gracias, adiós, adiós. Y aquí estoy, comiendome los bombones de Chocolatier Suisse.
Desde que trabajo para un señor jerárquicamente gordo, me salen amigos por todas partes. Y como esto es Suiza, me regalan chocolatiers suisses en lugar de chiquilines. Yo, que soy de natural soviético, algo rudo y tirando a sequito, siempre directa, estoy que no doy crédito. Porque no sé cómo comportarme. Soy un lego en materia de dorar píldoras. Y no sé si dentro de 20 años saldrá en El País que una vez acepté dos bombones prevaricando con mi puesto de trabajo. Si al menos consiguiera corresponder a tantas atenciones con una sonrisa más profidénica...
Pobrecitos míos, no se lo pongo fácil. Soy una sota. Y una científica con necesidad de coherencia, porque juraría que ese es el mismo chino que hasta anteayer no se paraba ni medio segundo a hablar conmigo.
Confieso que algo disfruto cuando viejos conocidos que me hacen en el lodo me vienen con chulescas majaderías, sólo para conocer medio minuto después (y no porque yo se lo diga) el dato de "y en dónde estás ahora". Disfruto principalmente porque no me puede resultar más ridículo. No deja de llamarme la atención la cantidad de gente que vuelca su vida hacia el lado laboral, hacia "la carrera en la empresa", como si esta empresa o cualquier otra fuera la empresa de sus padres, esa en la que empezaron a trabajar a los 17 años y se jubilaron a los 65. Como si no hubiéramos pasado ya todos, los majaderos y yo, por reorganizaciones varias que demuestran que hoy estás arriba y mañana, mañana mismo, abajo. Y como eso te importe mucho, lo llevas claro.
En fin. Que ya me he zampado los dos bombones. A ver si viene algún otro con más.
En lo que vuelvo a estar abajo o no, me pondré de glucosa hasta las trancas.

