Efemérides

1 de febrero: Nace Norman Rockwell (1926)

viernes, 18 de diciembre de 2009

La zezualidá

Amigos,

La reciente lectura de la última crónica de mi amiga Ana ha traído los efluvios de la época en que yo residía en el norte de Europa, y de un pequeño capítulo de mi existencia en que una informaba a sus allegados de cuestiones sexuales relacionadas con el lugar (como Labordeta informa de las migas extremeñas en sus periplos).

Aquí abajo lo recopilo, de nuevo. Al perro viejo, que todo se le vuelven pulgas, le resultará familiar. Pero puede que incluso así lo deguste, relamiendo de antemano el conocimiento que del hecho ya tiene.
Y el que sea nuevo, que se ilustre, rediez.
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Hoy nos proponemos hacerles partícipes de un tema tan cotidiano y habitual como es la zezualidá.

La zezualidá es un asunto primario del ser humano propiamente que en los países del norte de Europa se trata con naturalidá. La zezualidá está en el día a día cotidiano, en el que el lugareño de estas zonas se desenvuelve con soltura. Así, la zezualidá se entiende de forma amplia y tolerante, animando al individuo a tomar contacto con todas sus formas de expresión.

Veamos algunos ejemplos prácticos.

En el afecto mutuo de la pareja:
Uno de las vocablos más habituales con las que los componentes de una pareja se dirigen el uno al otro (a modo de nuestro "cari", "tesoro", "cielo" o "pichurri") es, en los Países Bajos, el vocablo poeppi, que significa, literalmente, "caquita". "Cómo te quiero, caquita", "Qué te parece si salimos con mis amigos, caquita" o "¿Te quieres casar conmigo, caquita?" serían así pues expresiones comunes de amor compartido, y muestra de la combinación de zezualidá y coprofagia.

Otra variante consiste en el término sletje, que en el mundo hispanohablante traduciríamos por "zorra", "furcia" o "putón verbenero". "Quieres que salgamos a cenar, mi zorra" o "Quiero que conozcas a mis padres, putón verbenero" se convertirían así en declaraciones de intenciones de amor puro, y hacen gala de la combinación de zezualidá, fantasías a tal efecto y tradiciones del casco antiguo de Amsterdam.

En el trazado urbano:
En el trazado urbano también encontramos ejemplos de la naturalidad con la que la zezualidá del individuo se relaciona con el entorno. Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en la glorieta anexa a la residencia de mi amiga Loes, a saber, la Gouderegenplein ("Plaza de la Lluvia Dorada"), en la que el callejero, la escatología y la zezualidá se erigen formando un armónico conjunto.


Los alemanes, por contra, tienen un sentido de la zezualidá también natural pero no embriagador, sino de caracter más bien práctico.

Uno de los ejemplos lo encontramos en las fotografías que acompañan. La primera hace referencia a las, al parecer, distintas capacidades innatas de los sexos a la hora de manejar aparatos con motor. El letrero que aparece significa (para los no iniciados) "plaza de aparcamiento para mujeres". A los interesados, puedo ampliarles información al respecto del tamaño de las mismas y de la disposición de éstas dentro del parking. La fotografía de referencia fue tomada en Bremen, el 19 de marzo de 2007.



La segunda se da en un ambiente laboral. Concretamente, en la zona del Reeperbahn de Hamburgo, que es como el caso antiguo de Amsterdam que citábamos anteriormente, pero más organizado. El letrero que aparece en la fotografía se halla sito en una valla opaca atravesada a lo largo de una de las principales calles de prostitución, y reza (también para los no iniciados): "prohibida la entrada a menores de 18 años y a mujeres". Y, efectivamente, junto a la valla hay un caballero que se asegura de que tales disposiciones no se incumplan. De tal forma que, siendo mujer, no se puede acceder (ni atisbar) la calle. Esta otra fotografía fue tomada el 17 de mayo de 2009.


Y hasta aquí nuestra lección de hoy, amigos.

domingo, 6 de diciembre de 2009

La modernidad, el aburrimiento

Aburrirse es cosa peligrosa. Aburrirse le deja a uno el campo libre para concebir cosas terribles, como reflexionar al respecto de su propia existencia y generar pensamientos, por lo general, destructivos, ya sean para sí mismo o para el entorno. "Pero a mí quién me mandó hacerme astronauta", "Tarda mucho Marilú en volver de la compra, pa mí que ha conocido a alguien", "Y si pusiera Camela a tope en esta noche de miércoles y abriera las ventanas", "Voy a pintar unos girasoles muy grandes así como con rayajos y luego lo guardo hasta que me muera y lo descubra mi hermano -jiji, y me corto una oreja y se la dejo al lado, se va a cagar-", "Qué te parece Pierre si empezamos a desmigar la pechblenda ésta y con lo que quede probamos a hacernos fotos del cuerpo por dentro", "Cuántos judíos cabrán de una sola tacada en una cámara de gas de 10 x 20".

Sólo les diré que La Tremolina nació una tarde de aburrimiento, como saben los lectores de solera. Una tarde de Nochevieja, concretamente la de 2007, en la que esperaba paciente en la casa familiar nuclear a que la gente se atusara para ir a un cenorrio familiar no nuclear. Apuesto a que El Tedio, ese bichardo con pelos al que también conocen los lectores más fieles, me lanzó la pregunta terrible agazapado desde detrás de un silla, directamente al oído, para que me entrara directo por el caracol hasta lo más profundo del cerebelo como un aguijonazo. "¿Qué será eso de los blós que mentó Sebas...?". El resultado, ya lo conocen.

Esta semana pasada he estado jugando al tute con El Tedio. Toda la semana, en mi lugar de trabajo. Mi jefe no estaba y, dado que mi cometido se basa en un mano a mano con él, no me quedó otra que sacar el tapete verde y pegarle al as de oros. En esas estábamos cuando El Tedio, cigarrillo colgando de la comisura del labio y en el momento justo en que yo iba a cantar las cuarenta, me espetó: "Igual eso del feisbuk no está tan mal. Mira que hasta Mario y El Tío Matt se han hecho. No sólo debe de ser para los que compran las novedades de Matilde Asensi".
Hijo de puta. Cómo sabe cómo distraerme.
Huelga decir que me ganó la mano: yo ya me pasé el resto de la tarde rumiando sus palabras. Y efectivamente. Porque se ve que, en mi caso, en momentos de aburrimiento me da por la tecnología. Que nadie me deje un láser al alcance.

Sí, amigos. La Tremolina tiene feisbuk. Tiene página de amistad y hasta página de fan, incluso. Porque yo, puestos a hacer las cosas, las hago bien. Es mi yo alemán. Exactitud y detalle. Por ejemplo, puedo decirles que el número exacto es 800 judíos.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Cómo regalar 16 euros a la jet set teatral

Amigos,

Ayer me fui con el que me acompaña y el novio que le lleva a los teatros a presenciar un espectáculo que goza de cierto nombre y que, según anuncia, lleva 15 años subsisitendo con el resto de la cartelera madrileña: La katarsis del tomatazo. ¿Qué sabemos de La katarsis del tomatazo? Pues sabemos que se trata de un chou donde los alumnos de una de las más afamadas escuelas teatrales de la capital realizan una serie de sketches teatrales y que, si te gusta, les aplaudes, y si no consideras que lo hagan bien, les tiras un tomate que previamente te han facilitado. Pues bueno. Puede pintar simpático. Ea p'allá, vamos a verlo.

La entrada, vía Atrápalo, cuesta 16 euros. Entiendo que in situ será más cara. Incluye un refresco o una caña, eso sí.

En fin. Después de esperar cosa de una hora mientras una serie de personajes disfrazados de esperpéntico se pasea por allí, se permite por fin el acceso a la sala. Y allí que nos depositamos sobre nuestros asientos.

Qué quieren que les cuente. El espectáculo me sorprendió. Me sorprendió principalmente por lo inesperadamente malo que es. Pero malo, malo, malo con ganas. Malo que de haberlo sabido me habría ido a la representación de La casa de Bernarda Alba de cualquier grupo de jubilados de Móstoles. Malo de que, si se esfuerzan, no es peor.
Un texto de caca-culo-pedo-pis ya muy visto, predecible, chabacano y que convierte a Los Morancos en paradigma del humor intelectual. Unos chavales aspirantes a actores (y lo digo con toda la base: en la escuelateatro hay un cartel que dice "Abierto el plazo de inscripción para adolescentes y adultos") que, a excepción de un par de ellos (de ellas, más concretamente), no dejan mucha diferencia con la obra de teatro que hacíamos en el cole motu proprio en fin de curso.
Pero no se preocupen: donde hay vida hay esperanza. Y pensando en ese espectador que puede quizá no quedar satisfecho con esos sesudos diálogos, esa puesta en escena, ese buen hacer de sus actores, ese espectador que, erróneamente, puede llegar a concebir la idea de que acaba de tirar 16 euros a la basura, se han guardado un golpe de efecto en la manga: en una espiral nostálgica que el público no espera, la obra de teatro nos devuelve al núcleo duro de una de las más brillantes etapas del cine español: el destape. Sí, amigos: el espectáculo incluye culos y tetas para ser degustados por el espectador exigente -lo que a su vez, y como es sabido, consagra a una actriz, la convierte en actriz auténtica, le aporta la madurez actoral que la hace merecedora del papel protagonista en la próxima película de Costa-Gavras. "Tú a donde vas, piltrafilla, ¿acaso has enseñado las tetas? Pues te quedas de recogetomates"*.

Entiendo que me estoy enrollando. Entiendo que ustedes, oh público lector, a lo que irían a la obra es a tirar tomates, y punto. Pues tampoco se emocionen: los tomates se tiran en un pequeño porcentaje de tiempo de lo que dura esa indigestión. Lo demás son coreografías de barrio, los culos y tetas ya mentados y, eso sí, una retahíla de reivindicaciones cheguevara trasnochadas y deslucidas. Un regreso a la pubertad, en suma. Por la que apoquinas 16 euros.
Y encima los tomates no estallan.

En fin. Que yo, y otros como yo con los que hablo al salir de la función, le hemos regalado 14 euros a Cristina Rota (descuento 2 del Nestea). Eso, sumado a lo que los chavales inviertan en concepto de matrícula año tras año (cuya cuantía desconozco, ya que no aparece en la página web de la escuela), espero que dé para vivir y para seguir montando espectáculos. Y para que Juan Diego Botto se costee algún cursito en alguna otra parte -que, y ahora entiendo por qué, siempre me pareció muy mal ¿actor?-.
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*diálogo ficticio que sibilinamente imagino en una posible discusión entre dos integrantes del grupo a la finalización del evento.

Nota al pie: tengo entendido que no en todas las representaciones toman parte los mismos integrantes. De corazón espero que, si se les ocurre pasar por allí, no sean los mismos que yo tuve ocasión de degustar.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Cosas que hacen que la vida valga la pena II

Esta tarde ha aparecido por la espalda y sin avisar una canción que no esperaba, y que me ha puesto ante los ojos una polaroid de hace casi cuatro años, de una mañana en que yo, viviendo en Holanda, concretamente en La Haya, recibí una llamada de mi amiga Amber instandome a ir por la tarde a Amsterdam a ver el desfile del orgullo gay. Pues bueno, bien. Tarde de sol en agosto, es un buen modo de pasar el rato -unos ratos que, por lo demás, pueden hacerse eternos en ese país-.

Son las 3 de la tarde cuando salgo con Amber de la estación, a donde me ha ido a recoger. La primera sorpresa es que el desfile aquí, lógicamente, es por los canales. Así que los transeúntes, en lugar de mirar a las carrozas parriba, miran a los barquitos pabajo. Uno se sitúa con sumo cuidado al borde de alguno y, armado de paciencia, ve pasar las horas. Y las curiosidades.

Una novedad de pro es que allí, conscientes de que este colectivo de antiguamente apestados lo que están es podridos pero de dinero en amplia medida, muchas de las barcazas están patrocinadas por empresas, o son directamente de empresas (y "desfilan" los empleados). Por ejemplo, ING. O Rabobank, que le viene al pelo y que, para los no iniciados, es uno de los principales bancos de Holanda (y no de semen, pese al nombre). Y es que en Holanda la pela es la pela y a ti te encontré en la calle, os lo garantizo.

En fin. Las barcas van pasando y yo me empiezo a amodorrar un poco. Que si unos vestidos de marineros, que si otros con plumas rosas... pues en fin, lo natural. Costumbres.

Amber continúa frenética saltando y saludando a todo procesionista y yo me pregunto cómo es posible que no esté aburrida ya de tanto orgullo suelto cuando de repente llega a mis oídos, desde muy lejos, una melodía que creo identificar. "No puede ser", me digo. "Es un efecto oasis, como en el desierto, porque llevas ya rato fuera del terruño y esto es todo muy monótono, y te estás montando una ilusión acústica, Tremolina, que tú de esto sabes mucho". Pero cuál sería mi sorpresa cuando observo que, en el giro del canal unos 40 segundos después, aparece efectivamente lo que viene siendo una barcaza con 40 tíos vestidos de tenista cantando el Eres tú de Mocedades. Con Amaya de fondo en dolby surround y ellos consiguiendo imponerse por encima de su voz, "eeee-ruesssss-chúuuuuu!!!!!..." Pero más aún inverosímil resulta girarte, ojiplática, hacia tu amiga, para comprobar que ella también se ha arrancado por aguas de la fuente y a todo lo que dé.
Sin otra opción posible, rompo a partirme de risa, a fin de sobrevivir mínimamente antes de ser abducida en esta rotura del espacio-tiempo.

Una vez ha pasado la barcaza y se ha perdido en el siguiente giro, Amber me explica que "Eres tú" fue votada como la mejor canción de la historia de Eurovisión según los holandeses, en una especie de concurso-referendum que había habido hacía unos meses.

Y esta es otra de las cosas que hacen que la vida valga la pena.





(Para los curiosos y los olvidadizos, quedaron en el 2º puesto)

domingo, 8 de noviembre de 2009

domingo, 1 de noviembre de 2009

El Trío Sacapuntas

Ayer se juntaron en Berlín los tres jinetes del apocalipsis. George Bush padre, Helmut Kohl y el espítiru santo Gorbachov, a cuál más gagá. El que mejor se conserva es Gorbachov: será por el fresquito de haberlo mandado a Siberia. Ahí estaban los tres: Kohl en su silla de ruedas quejándose de que ya estaba bien de fotos, Bush con su bastón, y Gorby soltando pullitas: "sí, sí, es que todas las potencias y sus dirigentes tienen que preguntarse cómo hacen las cosas o están condenadas a perecer...", así como diciendo por lo bajinis a Bush: "oye echa un ojo al niño que desde que te conducía borracho en la universidad es que no ha parao de armarla, el jodío". Y el otro respondiendo con la mirada: "Pues anda que tu Putin..."

Los tres juntos. Para conmemorar la caída del Muro. Hace 20 años.

Hace 20 años, cuando un tipo con gafas trepó a lo alto del hormigón, y otro la emprendía a golpes con un martillo, a Europa le entró un subidón adrenalínico que le impidió pararse a pensar "y ahora cómo lo hacemos". A mi ex-semisuegro le caían unas lágrimas frente al televisor de su Essen occidental que no se le conocían, y mi amigo Sebastian pasó a ser de un país que iba a tardar muy poco en dejar de existir. Honecker metía en bolsas de basura todo lo que le daba tiempo a meter como si de un alcalde de Marbella se tratare. Y Gorbachov debía de pensar: "joder, igual no me expliqué bien con lo de la perestroika".
Todos debimos de pensar que con quitar la alambrada, ya estaba todo solucionado. Y no.

Apenas unos meses después de que los berlineses del Este y del Oeste se abrazaran a medio camino, Kohl ganó unas elecciones en las que tres opciones políticas que venían a significar tres yahoraqués diferentes estaban sobre la mesa. La que ganó, la de Kohl, era la más radical: occidentalizar cuanto antes, sobre todo económicamente, a la Alemania del Este, es decir: una anexión, más que una reunificación, si me permiten decirlo así. Fue tal la velocidad del hecho que para el 12 de septiembre de 1990, cuando no hacía ni un año que dos países que no se habían visto las caras en 40 años de repente se encontraran de frente, se firma en Moscú el tratado que finiquita la "Cuestión Alemana". Y la RDA deja de existir.

Para el común de los mortales, parece que la Guerra Fría dejó de existir también entonces. No se dan cuenta de que un altísimo porcentaje de los conflictos de hoy en día, si no todos, son meros rabotazos de aquella. No era tema común en las noticias del año 94 la responsabilidad moral de la Unión Europea en el asedio de Sarajevo, y parece que las crisis de Oriente Medio salgan de la nada. África, también, dejada a su suerte, cual metonimia del Sáhara occidental; Afaganistán, esa fístula.

Me pregunto qué pensarán los tres ahí en la tribuna bajo la luz de los flashes. Sobre todo, me pregunto qué pensará Gorbachov. De entre los tres, siempre me resultó el más inescrutable. Por ser el menos predecible. Habrá quien diga que es un Suárez. Pero me temo que las motivaciones son opuestas.

jueves, 29 de octubre de 2009

De langostinos y conejos

Hola, amigos:

Hoy me manifiesto desde la casa materna. Estar en casa de tus padres mola porque vuelves a tener 7 años y, a excepción de limpiarte el culete después de hacer pis, te hacen todo lo demás (y lo del culete, porque no lo pidas). Vuelves a ser reina mora y ese monstruo tronador que gritaba "¡¡¡a poner la mesa!!!" se ha reconvertido en los abuelos portacaprichos que ya no tienes. Eso sí, el día que tengan nietos de verdad, se acabó el reinado.

Pero estar en casa de tus padres no mola porque, en mi caso particular, casi siempre va ligado a un trámite médico.

Hoy ha tocado el ginecólogo.

Yo de verdad me pregunto qué hombre en su sano juicio decide estudiar 6 años para acabar viendo coños en serie. Es que así no se disfrutan. Y encima, como decía El Chivi: coños rapados, coños con pelo, coños cerrados, coños en celo, coños lavados, coños con costra, coños viscosos como una ostra...

Ir al ginecólogo es toda una experiencia. Es el clímax de toda frígida: abrirse de patas estando autorizado moralmente a pensar "azul, voy a pintar el techo de azul".
El ginecólogo es un lugar donde tienes que hacer muchas cuentas en un intervalo de 32 segundos para contestar cuánto te duró la última regla restando el día que vino y considerando el ratio de flujo más la raíz cuadrada de diez, y total que si se fue el 23 le añado dos, por si me he equivocado, que también puede pasar, "¡Cuatro!", mientras a su vez te estás despelotando para subirte al potro de la humillación donde, eso sí, muy púdicamente te ponen una especie de sabanilla sobre la tripa. Que te dan ganas de decirle al señor doctor "mire usté, si me va usté a hacer el mapa geográfico del body serrano con pintura a dedo, ahorrése la sábana: con confianza".

Y el miedo. El miedo a que el ginecólogo toque donde no debe y te salga alguna suerte de gemidillo, que la nerviatura es la nerviatura. Qué corte. Tú ahí tan expuesta. Azul, voy a pintar el techo de azul, Tremolina concéntrate en azul.

"Pues esto ya está". Y tú sabes que tras la frase tienes 48 segundos para hallarte en la puta calle con tu volante, receta o lo que se tercie en la mano, que tiene que entrar la siguiente a la sala. Esta es la parte más divertida de la consulta. Ver cómo salen las que han entrado antes que tú. Yo hasta ahora he conseguido mantener la dignidad y creo ostentar el record de mi municipio con sólamente los zapatos desabrochados. Ni que me hubiera pasado la vida huyendo de casas ajenas ante la llegada de esposas intempestivas.

En fin. Mi mamá me ha preparado lubina al horno y ha comprado langostinos para la ocasión. Me voy a deleitarme en mi infancia recuperada. Y por cierto, no sé qué les habrá parecido a ustedes la crónica, pero a mí seguro que me entran visitantes del gúguel a espuertas.

A ver si esos se dejan el parné, porque lo que es ustedes, han hecho caso omiso total a mi sugerencia de lo de la cuenta.

Cabrones.