Efemérides

1 de febrero: Nace Norman Rockwell (1926)

lunes, 18 de mayo de 2009

El porvenir de mi pasado

Les voy a ser franca: a mí, que se muera Antonio Vega, no me bambolea los higadillos. Pero que se muera Benedetti, sí.

El primer libro de Benedetti que cayó en mis manos fue una antología ya descatalogada que yo saqué de la biblioteca municipal de Azuqueca de Henares. La culpa la tuvo Javi Bartolo, que en una hoja me escribió un adulterado poema titulado “Hombre que mira al cielo”, que un grupo punk había versionado. Me dio por olisquear más poemas de esos hombres que miran, y así fui a parar a la mentada antología.
Después de bebérmela en unas escasas tres horas, salí corriendo a comprarla. No sé cuántas veces la habré leído. No sé cuántas marcas tendrá. No sé dónde habrá ido a parar, puesto que hace ya algunos años que se la regalé a una de esas personas a las que en su momento se quiere mucho y a las que después se sigue apreciando, por lo que las penas con pan son menos penas, y uno pìensa que aunque ya no se edite la puñetera antología y no haya forma de conseguirla de nuevo, la suya está bien allá donde está (donde esté).

Luego vino La Tregua. Después vinieron más poemas. Y Quién de nosotros, y Buzón de tiempo, y Primavera con una esquina rota, y Esta mañana, y Montevideanos, y El porvenir de mi pasado, y etc etc etc. Es sin duda el rey de la B de mi librería, y entre él y Saramago podrían dominar los hemisferios, si quisieran. Kundera les ayudaría en el ecuador.


Estaba mayor. Tenía 88 años. Había estado ingresado varias veces últimamente. Qué quieren que les diga: yo sigo pensando que se ha muerto de pena. A la antigua usanza. Desde que murió su mujer, hace tres años, todo lo que le había leído decir eran nubarrones. Cirros, cúmulos y estratos por doquier, en cada entrevista, grises gases de tormenta. Se empezó a morir de pena ya entonces. Imagino que después de 60 años, debe de ser difícil acostumbrarse a una ausencia. Más aún si no se quiere.


Les voy a ser franca: me estoy quedando sin admiraciones. En este mundo con tendencia a lo insípido, aquellos que me enseñaron el abecedario van cayendo por ley natural. Y no parece que lleguen refuerzos. El día que se muera Sabina, apaga y vámonos. Nos vamos a quedar todos más solos que la una.

miércoles, 13 de mayo de 2009

La Conchinchina

Allí es donde he decidido irme estas vacaciones. Comprenderé que no os sorprenda: después de Kosovo, era el destino más esperable.

Mi interés por ese trozo de tierra empezó el día que a Ángel Bahamonde le dio por hablarme de Dien Bien Phu, los convenios de Ginebra, el paralelo 17, el golfo de Tonkin, la incidencia del budismo en la región y los chicos de familia bien que se educan en la metrópoli y cómo estos chicos acaban convirtiéndose en el Abuelo Ho.

Me voy a Vietnam, señores, sazonado con Camboya. A la antigua Conchinchina, a la antigua Indochina. A cubrir un espacio más grande que la primera, más pequeño que la segunda. Avisaré al Astrolabio pa que se vaya poniendo las pilas con finiquitar Serbia.
Serán 3 semanas 3. Pa arriba y pa abajo entre arrozales y deltas, y templos y trenes nocturnos.

Pero aún tocará esperar un tanto, porque no será hasta Octubre que nuestra protagonista hará pie en tierras monzónicas, emirato árabe mediante. Hasta entonces, me tendré que seguir viendo las caras con Ulrike, y con el portero de mi edificio que me gestiona las cartas, y con la tía de Telefónica que no entiende que no me interesen sus 5 megas, y con los suizos tan cansinos de mi puesto de trabajo, pero en Octubre me vengaré, amigos, me vengaré. Descocadamente.

domingo, 3 de mayo de 2009

Ulrike cogió su fusil

Ando muy calladita últimamente. Qué quieren que les diga: paso las horas libres conversando con Ulrike Meinhof, considerando a ver si me sale a cuenta llevar a cabo un trabajo de investigación sobre su persona, al que me obligan las responsabilidades para con mi cole. No se crean que lo tengo claro. Más aún, qué título darle a la suerte de tesina que de ahí ha de salir. De cómo una periodista de postín se lió a bombazos contra una editorial et alteres, o Ulrike cogió su fusil.

No se crean que las tengo todas conmigo. Cuanto más leo, cuantos más vídeos veo, cuantas más grabaciones escucho, más me da la sensación de que la tía estaba como una cabra, punto. Pero eso no es suficiente. Tengo que conseguir dotar a los 20 folios de sesudo verter literario de la suficiente credibilidad y profundo análisis crítico como para que sean dignos de acabar aplastados por otros similares en algún cajón de algún despacho docente. Eso si alguna vez llegan a imprimirse, porque con los tiempos que corren, suerte tendré si acaban en un lugar llamado Papelera de Reciclaje y a nadie le da por darle a "vaciar papelera". ¿Está seguro de que desea eliminar estos 1248 elementos? > Sí. Pero en fin, resumiendo: que mi sesudo análisis no puede ni debe limitarse a "La tía estaba loca". Sin embargo, en el actual estado de cosas, me es imposible concebir un índice que no sea el siguiente:

Cuando el periodista cruza la línea. Ulrike Meinhof. Factores de incidencia:
1.- Infancia y juventud de Ulrike. Su marido se la pega con unas tetas más grandes
2.- Teoría de los daños cerebrales. Eliminación de un coágulo de sangre en 1962 y metida de pata del cirujano.
3.- Tesis sobre la lucha antiimperialista. Si eres tía no puedes dar de hostias a tus hijos (tu yo familiar) y luego no dar de hostias en la calle (tu yo político).
4.- Contacto con Andreas Baader. Salta por la ventana y date a la vida en fuga.
5.- La Editorial Springer, icono capitalista. Estos desgraciados publican la mierda del Bild Zeitung y hay que volarles la central. -Confieso que en este apartado comulgo con Ulrike, y cualquiera que haya tenido el Bild Zeitung en sus manos lo comprenderá-
6.- Detención y aislamiento de Ulrike. Me habéis pillao, cabrones. Me voy a volver loca perdía.
7.- Suicidio de Ulrike en la cárcel de máxima seguridad de Stammheim. ¿Me habré suicidao, o no?
8.- Conclusiones sobre los factores endógenos del periodista. La tía está como una puñetera cabra y por eso se lía a tiros.

Y en fin, ayer, como ya no podía más de tanto videomontaje, tanto nostálgico y tanto blog chorra -y no chorra-, decidí darme a la cena sana y copiosa y nos fuimos a Artemisa. Y ahora paso a relatarles algo mucho más útil e interesante para ustedes que todos los párrafos previos que se han tragado, para que su visita no haya sido en balde:

En Artemisa (en nuestro caso, acudimos al clásico, el de Ventura de la Vega) no deben perderse el Pastel Farah Diba: "Delicias de seta rellenas de paté a las finas hierbas sobre lecho de ajitos tiernos, trigueros y berenjena, todo gratinado al queso Gouda". Eso sí: ojo con la carta cibernética, que los tunantes no tienen los precios actualizados y el pastel cuesta 2 euros más de lo que pone ahí (total: 13,95)


(Espacio dedicado a aquellos tremolineros a los que se les ocurrió sugerirme la apertura de un blog gastronómico, insensatos)
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Nota al pie: Una información más amplia y representativa al respecto de Ulrike Mainhof se encuentra en el artículo de la wikipedia en inglés. El artículo de la wiki en español que les he puesto más arriba para comprensión de todos parece, francamente, escrito para loa personal y poco más del tío que ha traducido sus manifiestos, amigo de universidad de la muchacha.

miércoles, 22 de abril de 2009

Si yo nací para mantenida...

Tengo un compañero que defiende la teoría de que Suiza, como mejor estaría, sería acabando de cerrar los Alpes, rellenándola toa de agua y convirtiéndola en un gran parque acuático. Si bien esta visión geográfica del mundo centroeuropeo se me antojaba algo drástica y sorprendente, después de 3 meses 3 trabajando en una empresa de tal nacionalidad debo admitir que comparto por entero la propuesta de tales obras públicas.

Ayer me tocó irme de cena con unos señores suizos que andan de visita por estos lares. De reunión en reunión y tiro porque me toca. Es lo que tiene ser una mujer del mundo empresarial de postín –y que tu jefe esté enfermo y pase total, añado-. Llevan aquí toda la semana (y lo que les queda), y esto es muy cansao, señores. Yo no estoy hecha para la vida paulina rubio. Yo estoy viejuna y necesito dormir convenientemente porque si no, al día siguiente, me ocurre lo de hoy: que tengo los ojos fritos y soy incapaz de discernir si lo que se sienta enfrente es mi compañero Raúl o un dromedario parlante. No puede ser, no puede ser. Ha sido un triunfo que ni el desembarco de Normandía conseguir emerger del lecho esta mañana para estar aquí como un clavo a las 9:00 de nuevo. Sobre todo, porque en el lecho se quedaba, como cada día, el señor con barba que me acompaña, al que a eso de las 7:00 diariamente aborrezco como jamás aborrecí a nadie en el mundo. Luego se me pasa, pero de 7:02 a 7:06 se me ocurren toda clase de muertes violentas en las que visualizo cada detalle tan bien hilado que la policía es incapaz de encontrar prueba alguna que ponga en duda el elemento albanokosovar del homicidio –jamás. Menos mal que en ese intervalo de tiempo me retiene la puerta del baño, y las necesidades primarias.

Míralo, ahí, el bendito, roncando, henchido de felicidad, alcanzado el nirvana en su nueva condición de indemnizado. Cómo le odio.

En fin, que aquí estoy, intentando mantener en equilibrio la cabeza sobre los hombros, y que mi ligera e inevitable mirada extraviada no se achaque a un posible problema de alcoholismo.

Menos mal que al menos han levantado las restricciones a La Tremolina y puedo acceder libremente a esta su página amiga, para hacerles partícipes de oh mi gran desdicha, pobre de mí, esta gran víctima del mecanismo laboral neocapitalista que soy.

viernes, 17 de abril de 2009

El cielo desde Berlín

Estimados seguidores de la vida contemplativa:

Tengo un catarro mu gordo. Ay. Este catarro me ha convertido en un ser medio sordo que expulsa trozos de cosas por la nariz, los cuales, ante la imposibilidad de abortos espontáneos, he dado en concluir serán trozos obsoletos de napia. De tanto sonarme, que se me estará cayendo a trocitos, como a Michael Jackson. Yo qué sé. Y como el mundo es esponjoso y yo habito en mi universo paralelo, me da igual.

Esta semana de catarro viene después de una experiencia única consistente en pasarme la Semana Santa en una aldea salmantina de la que es originario el que me acompaña. Aprovecho para saludar a mi semisuegra, que me estará viendo.
Quién me iba a decir a mí, después de toda una vida dedicada a la interacción entre culturas y el buen entendimiento paneuropeo, que iba a acabar con un señor con barba que la palabra más extranjera que pronuncia es "estitar" (vocablo que, ahora sé, se utiliza por esos lares rurales del noroeste para referirse a rechupetear los huesitos de las partes animales tales como chuletitas y alitas de pollo). Deformación profesional, es muy cierto que he observado que los salmantinos no hablan como nosotros, los capitalinos de postín. Dicen "no armes" cuando quieren decir "deja de tocar las narices/cojones", o utilizan, como hicieren mis abuelos, la palabra "maestro" para lo que aquí denominamos "profe" o "seño" de cole. "Un profesor es el universitario", me espeta muy digno el que acompaña. Anda vete a estitar por ahí.

El caso es que hoy, cosas del azar, ha pasado por el hogar, escala aérea mediante, Carl, un muy buen amigo como Tobias Pipa al que hacía exactamente la misma cantidad de tiempo que no veía, ya que la última vez fue también en Berlín, a finales de 2006. Él, originario de los Yunáited Estéits of America, se mudó a Berlín después de dos años en Madrid poco antes de mudarme yo a Holanda. Y allí sigue.
Ha sido todo un gustazo verle en las dos horas que nos ha dispensado Easyjet. Hemos estado charlando en el sofá como si nos hubiéramos visto ayer por la tarde. Qué a gusto se está siempre con las uñas de tu carne, aunque sólo las veas de siglo en siglo, como a Alberto, como a Tobias, como a Sebastian, como a Carl, o aunque las veas todos los días, como a Carlos.

Charlando de Berlín, de Obamas, de las culturas, de adaptarse. Yo me he hecho mayor: vivo con un señor con barba. Él se ha hecho mayor: se queda en Berlín por dinero. Y entre las perillas canosas y las patas de gallo, seguimos charlando de cómo va el mundo y las especies, prácticamente en el punto en que dejamos la conversación (ante)ayer.

viernes, 3 de abril de 2009

Hallo Tremolinen, ich bin da

La evocación de mi amigo Tobias Pipa está indefectiblemente ligada a Joseph Ratzinger. La penúltima vez que lo vi, fue durante su visita a Madrid que coincidió con el habemus papam de Benedicto XVI el Anticaucho. Concretamente, él estaba duchándose cuando en la tele apareció la fumata blanca.
–Tobias, habemus papaaammmm!!!!
-Endlich? Wer dann?
-Du wirdst es nicht glauben…
-RATZINGER!!!! Nein!!!*
Y salió, con la toalla anudada. “Ahora tienes un colegui en lo más alto del Vaticano”, le dije, habida cuenta de su condición de bávaro.
Y se volvió al baño, meneando la cabeza de lao a lao, como diciendo “pues que dios nos pille confesaos”, literalmente.

Después de unos días en casa, se volvió a Berlín, y ya sólo lo ví una vez, por otros pocos días, en noviembre de 2006. Justo por esas fechas había conocido a Anna. Anna era una chica que no le hacía especial gracia porque le parecía muy obsesiva y posesiva, que no dejaba de hablar cual maruja del Gente y que a mí me aborreció desde el primer momento en que hice pie en el piso de Tobias, y ella tomó conciencia de mi existencia en su existencia de él.
Pero Tobias estaba muy necesitado de afecto, y una vez, hablando precisamente del asunto de por qué daba coba a una persona si no le hacía gracia, me lo hizo saber. La verdad es que últimamente no había tenido mucha suerte con aquellos (aquellas) con los que se había tropezado. Y eso de que lo fueran acosando por las calles le daba un respiro al ego, ya machacado.
Así que ahí siguieron. Ella erre que erre y él coba cobilla. La cosa se fue formando. La cosa se fue consolidando. La cosa se fue mudando a un piso más grande y conjunto. Y Tobias era un tipo feliz, la verdá.

No nos hemos vuelto a ver, y me da rabia que tampoco hemos tenido un contacto tan frecuente como el que teníamos. Alguna postal aquí y allá, algún mail inconexo cada muchos meses… Comprendo por mi parte que yo ya no vivo en Berlín, y aunque una tienda a vivir mucho apoltronada en la nostalgia, no se le puede pedir lo mismo al resto del mundo, especialmente porque mi nostalgia no es la de los demás, y cada uno tiene su forma de encararse con ella. Puede que Tobias, por ejemplo, no perciba mi ausencia de la misma forma. Puede que no la perciba como ausencia, incluso.

El caso es que hoy me ha escrito un mail una tal Cantara Oetling, de título “Hallo Tremolinen, ich bin da”**. He estado a punto de borrarlo, pensando que era basura miserere reenviada conteniendo al Capitán General de Messenjer amenazante con que me lo fueran a cerrar. Pero la mención de mi nombre de pila y el "Oetling", que me sonaba de algo (aunque no es el apellido de Tobias) han hecho que me decidiera por abrirlo.
Y dentro había una foto de un minibebé rojo como él sólo, que me contaba que había nacido el día 31 y que había pesado tal y medido cual, y que podía felicitar a sus padres Anna y Tobias por mail cuando quisiera (el “por mail” en negrita puede resultar arisco, pero es totalmente natural en el proceder alemán). Y yo he puesto unos ojos muy grandes porque me ha vuelto a dar un mamporro en toda la boca la constatación de que el mundo, al igual que uno, se mueve, y los paisajes no se quedan en stand-by hasta que uno decide volver a un lugar y accionarlos.

Y me he alegrado mucho por Tobias, qué coño.



*-¿Por fin? ¿Y quién?
-No te lo vas a creer…
-Ratzinger? Noooo!!!!

**Hola Tremolina, estoy aquí

martes, 31 de marzo de 2009

El amigo historiador

Esta sociedad seguirá a la deriva mientras la figura de el amigo informático siga siendo más valorada que la de el amigo historiador. Uno se permite el atropello continuo de llamar a Juan el Informático, para gran desesperación de Juan, a la sazón, que no es informático sino programador y no tiene ni puñetera idea de por qué el güindous te suelta eso de connection default; y sin embargo jamás se toma la molestia de llamar a Ernesto el Historiador, antes de opinar a voz en grito sobre si las tropas de Kosovo o los americanos siempre jodiendo o hay que ver los afganos qué gente o nos vamos a enterar cuando los chinos den un salto todos a la vez, estos soviéticos.

No sabemos arreglar un connection default, que es algo propio de un aparato que manejamos todos los días, pero sí sabemos sentar cátedra sobre el Oriente Próximo, o mejor aún, sobre el lejano, que es algo que ni siquiera nos explicaron en el instituto. Nos permitimos presumir de ignorancia en aquello donde probablemente no lo seamos tanto, y sin embargo, ni siquiera consideramos lo mucho que incurrimos de forma flagrante en ella al dictar sentencia sobre temas en donde realmente sí lo somos.

El pobre Juan, saturado sin remedio, y el pobre Ernesto, suspirando por las esquinas. Reivindico la figura del historiador como guía espiritual de nuestras afirmaciones, y espero que algún día llegue cuanto menos a ser reconocida en la medida en que son reconocidos en la actualidad los informáticos.



-Biiiip… biiiiip…
-¿Sí?
-Ernesto, tronco, que me ha salido delante una foto de un tío con bigote, y no sé qué hacer.
-Bueno, calma, calma… ¿está en blanco y negro?
-Sí, tío, sí. Date prisa, que me estoy poniendo nervioso.
-Tranquilo, hombre, que eso te lo arreglo yo en un guá. Hmmm... en blanco y negro. ¿Le has dado a algún sitio? ¿Dónde has tocado? No habrás abierto El Capital, ¿no?...
-No, no, que vá, tío, no he tocado nada. Estaba ahí leyendo chistes reenviados y me ha salido esto. Ay madre, ¡¡¿no será un dictador que me borre el disco duro?!!
-¿Pone algo en ruso?
-No
-¿Y es negro, el tío?
-No, tampoco
-Y no pondrá algo en español… “una grande y libre”, “tú lo que quiere es que me coma el tigre”… cosas de estas...
-¡No, tío, no pone nada! Sólo es un tío con bigote que parece pintado, un sombrero ridículo, y mirando parriba.
-¡Ah bueno! ¡Entonces ese es Groucho Marx! No te preocupes, es inofensivo. Dale a guardar, y listo.