Efemérides

1 de febrero: Nace Norman Rockwell (1926)

jueves, 2 de enero de 2025

A dónde van 10 años

 De las habitaciones rellenas de globos rosas hasta la altura de un metro, del sugerido fin de semana de acampada al lado de una autopista, de las recogidas de cadáver en Graubunden tras 78 kilómetros bajo la lluvia, de los viajes en tren con la SNCF visitando el baño cada cinco minutos malditas ostras, de las explosiones de los sentidos al comprender lo que es una cama, de los cómo sigue tu madre cuándo vuelves a casa te fuiste a Madrid para dos semanas.

De los silencios, de los tabúes, de las play stations, de los seres que transitan en domingo entre el sofá y la cama, de las cosas que no se dicen, de las cosas que después ya no se permite decir, de las cosas que se metieron bajo la alfombra porque así no se ven, de no parar de tropezarse con la alfombra de lo abultada que acaba, aunque no se vean.

De la desgana, de la ausencia, del desarrollo de las vidas paralelas, de la soledad acompañada, del acompañamiento solitario. Del atisbo de gritar y encontrar eco, del gritar, del gritar, del gritar, y que no te oigan; del gritar y que no te oigas.

De que un día ya no grites, y entonces resuene el estruendo del silencio, y entonces te oigan, y entonces ya no encuentres el camino de regreso. 

A dónde van 10 años. 


viernes, 4 de agosto de 2023

Matar al padre (I)

Llevo aquí un rato pensando en cómo presentar este artículo que les traigo y no acabo de encontrar la fórmula idónea, así que les voy a resumir en una línea lo que es así someramente el grueso de la información, para que ya ustedes se vayan haciendo una composición de lugar:

Mi padre se ha muerto y yo me he enterado por Facebook gracias a un Marine Americano.

Y ustedes ahora tendrán dudas, curiosidades, incógnitas... preguntas, en suma. Así que paso a proporcionar contexto. Permítanme que comience explicándoles que mi familia posee ciertas singularidades numéricas, pues tengo:

  • 1/2 hermana
  • 1 madre
  • 2 padres
  • 3 abuelas
Centrémonos hoy en el tema Padres. Yo tengo dos padres: el de verdad, y el de los genes. El padre al que hace referencia este artículo es el de los genes. Que es el que se ha muerto. Y que es un señor con gafas al que yo hacía 18 años que no veía, en directo o en diferido, así como a ningún miembro de esa rama genéticofamiliar. 

Bien: pues hallábame yo tan campante una mañanita en mi helvético puesto laboral cuando me metí en Facebook, que es ese sitio al que vas cuando no eres de ir a la cafetería o al fumódromo pero qué collons tú tienes tanto derecho como el que más a tus tres minutos de desidia, digo yo. Y hallándome en tan pintoresco destino, observé con una mezcla de incredulidad y sorpresa que un Marine Americano había dado a like a todas y cada una de mis escasas publicaciones públicas, así como realizado comentarios en las mismas (que ya es más de lo que hacen ustedes por aquí, so vagos), concluyendo en la última pública publicación con una oda a mis maneras, ingenio y, por supuesto, desorbitante belleza, coronando la mentada oda con un ruego a mi aceptación de su oferta de amistad y la prosecución de un mutuo conocerse. 

Pese a que todo lo narrado en el párrafo anterior no sorprenderá a nadie dado lo acertado de las características que se me achacan, su perfecto español, en combinación con su caucásico aspecto de madurito interesante y su grado de oficial de la Navy, acabaron de convencerme de su naturaleza de bot ruso.    

Y en calidad de tal, concluí que era mi deber cívico informar a Mark Z. de su existencia, reportando al binario sujeto, no sin antes acudir a ese misterioso rincón del feisbu donde aterrizan los mensajes privados que te envían las gentes que no están ligadas a tu cuenta, o sea, que no son tus amiguitos (aún), para ver si el utópico Adonis me había hecho llegar alguna suerte de cacacódigo pernicioso hackeante del que tuviera que ocuparme.

Y allí estaba, junto a la probable declaración de amor eterno del Marine Americano que nunca abrí, un más que improbable mensaje de un más que imprevisto remitente, un nombre de un miembro del Clan Familiar Paterno, en concreto el de mi prima Sandra, conteniendo un escueto texto, a saber: "Tremolina, lamento comunicarte que tu padre ha fallecido. Llama a mi madre a este número de teléfono y ella te explica todo". 
La casualidad quiso que el mensaje hubiera sido enviado solo unos días antes, y que el Marine provocara mi visita a ese limbo de misivas perdidas por el que hacía unos cinco años que no me pasaba.



Fin de la primera parte. Porque estoy viendo que esto se va a extender y ando muy desentrenada como para marcarme un culebrón en estos tiempos.            

martes, 1 de febrero de 2022

Actualidad política 3.0

Madre mía la de cosas que han pasado desde que no me paso. Virgensanta. Está el mundo fino, fino. Y yo como estoy aquí aneutralizada, pues no comento. Y ustedes ahí como vaca sin cencerro, como pollo sin cabeza, como Ramón sin Cajal, preguntándose cuál es el sentido de todo esto y buscando referentes de calidad. Viniendo a La Tremolina tratando de huir de las feik nius, de la falta de rigor periodístico, del discurso del odio. Pues aquí estoy, os cuento:   

La cosa se resume en que desde que Putin se divorció y se fue a cazar osos a pecho descubierto, pues está on high total. Decidido a recuperar el imperio soviético que Stalin lograra y que una panda de melifluos, que ocuparon el poder entre éste y aquél, se encargaron de desmembrar. Y oye, pues puestos a recuperar, empiezas por el sur, que hace más calorcito, tiene más heladerías y, como decía Rafaella, es al sur a donde hay que ir para hacer bien ciertas cosas (reitero el punto anterior del divorcio). 

Y entonces los ucranianos (pometedme que nunca, nunca, nunca usaréis el término "ucranios") están en plan "joder tío qué pasa si ya te llevaste Crimea por la cara y sigues aquí metiendo el cazo". Pero como estos pobres desde que les explotó Chernobil no han levantado cabeza, pues están ahí haciéndole ojitos a todo el oeste, una ayuda para tu mari familia. 

De tal forma que el Lejano Oeste, que tiene nuevo sheriff desde que el agente naranja fuera invitado a abandonar la sala, y que también está ahí con la morriña del "ay, qué fácil era la vida cuando el enemigo decía babushka matrioshka ninotchka y se le podía contactar por teléfono colorao, en lugar de tener que ir corriendo por los montes detrás de tíos en camisón que ponen cabras bomba", decía, pues el Far West en forma de nuevo sheriff se ha dicho que a enemigo regalado no le mires el diente y que mejor guerra en Europa que disturbios más cerca, y le ha respondido al presidente de Ucrania (no pongo el nombre porque no sabéis quién es): "Con tu quiero y con mi puedo, vamos juntos, compañero"

Y luego ya está el cercano oeste, o sea, la UE. Y aquí esto es que nos ha pillado muy mal. Tenemos el chiringuito hecho un cristo (no es tonto el de los osos, después de todo). Y es que desde que La Cancillera decidió que passsso total de vosotros, me aburrís, y se retiró a hacer punto de cruz, pues está el patio del cole desmadrao. Visualicemos: esto son un francés, un alemán, un español y un italiano que entran a un bar. Pues eso. El francés que quiere ser el nuevo delegado de clase pero los otros no lo eligen por chulito (y la que tiene montada en casa). El alemán que quiere recoger el testigo de su antecesora pero tiene muy poco salero el pobre (y con lo que tiene que lidiar en casa). El español, que con filtrar cartas en las que escriben su nombre a mano y coger las pelas para bregar con lo que tiene en casa, tiene suficiente. Y el italiano, que no os pongo el nombre porque no hay quien siga ese folletín de lo que pasa en su casa.

Y luego para más inri pues están los del cole de enfrente. Que les hicieron un patio conjunto para jugar pero lo que es la primaria, la hicieron con el de los osos. Y ahí es donde aprendes a leer, a contar, y lo que vale la vida humana.        

Y luego ya por último está un señor de la China que ha visto el cielo abierto con todo esto y gracias al cual vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos no aprenderán a decir "hello my name is" en el cole, sino "ni hao wo de mingzi shi". 


Y ahora que ya os ha quedado todo claro y estais equipados para la casual conversation en el bar de abajo, permitidme que exprese mi admiración por Ángela La Cancillera y os invite a hacer lo mismo. Ángela escogió tras canciones con las que despedirse en su prefuneral de Estado: un vals setentero, un canto cristiano para honrar a su padre y a su partido, y Du hast den Farbfilm vegessen de Nina Hagen, algo así como haber escogido a Un Pingüino en mi Ascensor en el equivalente patrio (por ejemplo, con El Salchichón, si queremos respetar la temática). No tiene precio ver a la banda militar del ejército alemán interpretar este himno oriental cómicopunkie. Aquí os lo dejo, subtitulado por un ser humano con canal de yutub, con mayor o menor éxito. No me digáis que no tenéis ganas de declararle amor eterno a Angie. 


   





lunes, 3 de mayo de 2021

De la perfecta felicidad

Hace tanto que no aterrizo por aquí que ya no sé cómo enfretarme al cursor en blanco. Hay cosas que quiero decirle, pero he perdido el hábito de articularlas. Mil veces he paseado por los frondosos bosques del "habría que volver a La Tremolina", pero desde que mi vida de adulta de la mediana edad trasladó mis anhelos del ordenador a la máquina de coser, mi ansiedad se libera de otra forma. En fin: que aquí estoy, y estoy aquí porque esta mañana he visto a Enrique Bunbury. 


No: no le he visto paseando por mi helvética ciudad de adopción como a un Fernando Alonso cualquiera. Lo he visto en la portada del periódico porque al parecer Netflix ha sacado un documental sobre Héroes del Silencio. Y eso me ha llevado al trailer, y eso me ha llevado a Iberia Sumergida, y eso me ha llevado a entrevistas en la televisión alemana, y eso me ha llevado a Bunbury con su melena pelirroja y su famélico torso desnudo retorciéndose por el escenario. Pero sobre todo me ha llevado a su nariz. 

Déjenme que les explique: a mí Enrique Bunbury me pone muy triste. No ya porque el pobre hombre tenga ese aire lánguido de habérsele muerto el gato por la mañana, sino por su parecido físico, gestual, expresivo, con La Espinita Que Llevo Clavada En El Corazón. 

La Espinita se llamaba Pablo, y todos le llamaban Pirulo. Yo me había percatado de su existencia desde el primer curso del instituto. Él era unos cursos mayor. Jamás había hablado con él. Los meses y las clases y los cursos y los consecuentes rolletes se sucedían y yo estaba tan a gusto porque siempre nos quedaría Pablo. Teníamos algún conocido en común y nos cruzábamos de vez en cuando en la pequeña ciudad en la que vivíamos. Apenas dos palabras. Y así Pablo se iba convirtiendo en ese ser mitológico perfecto, con su pelo largo y su Plataforma del Cero Siete y su tocar el bajo y su aire de misterio y todas las interpretaciones que yo a todo ello le superponía. Y yo seguía con mis clases y mis rolletes y ahora ya incluso mi universidad, y alimentando esa Atlántida a la que referirse para salir del paso rápidamente en caso de decepción afectiva, con toda esa legión de chicos que en fin, pobres, a fin de cuentas es que no estaban a la altura de Pablo. 

Y entonces un 5 de enero de 1999 de repente y por la espalda Pirulo me propuso que saliéramos juntos. 


Me ha llevado cierto rato empezar a escribir este siguiente párrafo. Porque no sé describir el contenido ni el continente de ese tiempo. Fue una época oscura, extrema, intensa, confusa, para mí. Bastante después comprendí que no hubiera podido ser de otra forma. Que no hay felicidad más perfecta que la que no se consigue nunca. Que Pablo no existía: que existía Pirulo. Pirulo, que además, el pobre, estaba tratando de agarrarse a un clavo ardiendo dentro de su ensalada anímica personal. Pero yo todo eso, entonces, no lo sabía. Yo lo que sabía era que no podía creerme mi suerte. Y por tanto, todo eso que chirríaba, todas esas montañas rusas, todos esos repentinos caramelos seguidos de besos de esparto seguidos de apegos feroces, todo eso había de ser. Y yo cada día más despistada por los senderos de la Atlántida, incapaz de librarme de tantos años de utopía y agenciarme una balsa con la que apartarme del inminente hundimiento. 

Un día de abril, abrazados en un parque, me puse a llorar. En silencio, de la nada. No recuerdo la conversación de después. Probablemente le hablé de esa sensación de impotencia, de ese enorme amor con el que no sabía qué hacer. Creo que él fue consciente de los dos mundos tan diferentes que los dos habitábamos, más que yo. Dijo que él no quería causarme dolor. Creo que fueron las últimas palabras. Yo ya sabía, antes de empezar la conversación, que mi llanto iba a concluir la aventura. Salimos del parque. No volvimos a hablar. No volvimos a vernos. 

En verano, me fui a Madrid, a trabajar en una tienda y a vivir en un piso sin agua caliente. Empecé a sentirme mejor. Decidí dejar de estudiar. Después volví a mi antigua ciudad. En Septiembre, un absoluto improbable me vino a olisquear. Un tipo imponente, al que no conocía más que de ir a su bar con mis amigas a tomar sus famosos chupitos. Un guapo del pueblo hecho a sí mismo del que no sabía absolutamente nada. Una relación de la que nadie podía esperar gran cosa y que, contra pronóstico, acabó siendo el primer novio-en-serio que tuve. 
Un día, a finales de 1999, yo estaba en su bar y apareció Pirulo con sus amigos. Al cabo de un rato, para mi sorpresa, se separó de ellos y se me acercó. Qué tal. Me han dicho que estás con Pepe. No recuerdo el resto del diálogo. Recuerdo cierta sensación de triunfo por mi parte. Y de paz interior. Paz interior de saber que después de todo fuimos dos en esos meses de invierno, y no yo sola. Triunfo de sentir que por fin había retomado mi existencia, y esa noche me iba con Pepe en cuanto dieran las once. 

Confieso sin embargo, ya que la Atlántida sigue hundida pero estar está, que muchos años después, caminando por Moncloa delante del Ejército del Aire, vi pasar una melena y la nariz de Bunbury, y el corazón me dio el vuelco ese de las novelas -quizá por habérseme rozado la espina al girarme-.


******
"El tiempo y la naturaleza, que son sabios, nos permiten reemplazar la capas de alegría y de ilusión que nos van arrancando por capas de comprensión y serenidad, sostenidas en la intuición de que, junto a lo que va deshaciéndose por el camino, hay algo que construimos y que no puede perderse, algo que terminamos siendo y desde donde nos cabe resistir" (Lorenzo Silva, Los cuerpor extraños)

viernes, 26 de abril de 2019

Pedro me ha escrito una carta

Me ha escrito una carta Pedro. He abierto el buzón y ahí estaba su misiva: os la dejo abajo, para que veáis que no me lo invento. Me ha pillado totalmente por sorpresa: no me lo esperaba. Y me ha emocionado mucho. Así que siento la urgente necesidad de responderle.

CARTA DE RESPUESTA A PEDRO SÁNCHEZ

Querido Pedro, compatriota:

Muchas gracias por tu carta. Es la primera vez, en los casi ocho años que llevo fuera, que un representante de mi país, estado o nación me dirige la palabra: comprenderás mi excitación y nerviosismo.

Gracias igualmente por presentarme la España que quiero y por pedirme que me movilice para conseguirla. Una lástima que esa España moderna, inclusiva, integradora, solidaria, feminista, líder y competitiva, esa España de morirse en todos los sentidos, no sea también una España más previsora y puntual: tu epístola llegó ayer y, como sabrás, el plazo para que los aliens los del exterior votáramos terminó el martes. Se me ocurre también, ahora que sé que nos tienes en tus pensamientos, que si por fin derogarais la aberración esa del "voto rogado" habría más electores movilizándose por mi querida España esa España mía esa España nuestra.   

En mi favor debo decir que yo soy una de las elegidas. Sí: he conseguido, contra pronóstico, no ya solo procesar el ruego del voto, sino que las papeletas llegaran antes de las elecciones, e incluso he conseguido enviarlas en plazo pese a que tres días y medio de los cuatro que nos dabais Correos estaba cerrado por Semana Santa. Confío te sientas orgulloso de mí y de mis habilidades democráticas.

Te voy a confesar una cosa, ahora que hemos intimado. Te voy a contar un secreto. ¿Sabes qué? Yo te he votado. No por ciega admiración, ni por convicción ideológica (¿ideoloqué?), ni siquiera por un reducto del efecto Suárez 77 ("vamos a votar a este chico, que es muy guapo"). Te he votado porque eras lo que menos grima daba. Porque la evolución de nuestra reciente democracia ha sido, cómo te diría yo... como cuando sales a las diez de la noche dispuesta a ligarte a Brad Pitt y acabas a las tres de la mañana tratando de esquivar a Alfredo Landa. Para esto hemos quedado. Así que entre el bodoque de Aravaca, el marrullero de Granollers y el soberbio de Galapagar, menos repelús me da el flower-power cool. Al bombero torero ni lo mento, no entro al fuego de artificio que los medios, con escaso sentido de la responsabilidad, han abanderado.

Y en fin, que dios reparta suerte y que nos pille a todos confesados el domingo.

Atentamente, tu compatriota,
La Tremolina.

PD.¿Me podrías indicar la diferencia de matiz entre integradora e inclusiva? Estoy con el come-come desde ayer.


viernes, 22 de marzo de 2019

Qué es la democracia directa y por qué en realidad no la quieres


Periódicamente leemos pancartas y escuchamos eslóganes que dicen “democracia directa ya!”, u oímos a la gente, quizá incluso a nosotros mismos, decir que deberíamos tener una democracia directa “como en Suiza, donde todo se somete a referéndum y los ciudadanos votan y deciden ellos mismos absolutamente todo”. Esta afirmación, como casi todas las afirmaciones rotundas y absolutas, se cimienta en una profunda ignorancia y un superficial análisis (caso de haberlo) del asunto. Porque la afirmación no es errónea en cuanto a la realidad suiza. La afirmación es errónea en torno al “deberíamos”.

Déjenme que les explique por qué digo estas barbaridades con un ejemplo de democracia directa à la suisse llevado a cabo en un entorno similar al nuestro: el referéndum del Brexit. 
El referéndum del Brexit consiste en un político con inmenso poder viniéndose arriba para afianzar ese poder, lanzando al aire una cuartilla con una simple pregunta a un conjunto de ciudadanos acostumbrados a votar cada cuatro años para elegir, únicamente, a esa(s) persona(s) de inmenso poder. Así que esos ciudadanos acuden parcialmente a votar según lo que les hayan movido las entrañas unos tíos que gritan por la tele u otros, que son a su vez los que quieren acaparar más poder sin que les importe un carajo las consecuencias de lo que está en juego. Como resultado, sale por la mínima que tós p’afuera, y de repente esos ciudadanos se dan de bruces con lo que de verdad significaba esa cuartilla, eso que nadie les había explicado antes, ni ellos se habían molestado en indagar.

Veamos por el contrario en qué consiste e-xac-ta-men-te eso de la democracia directa suiza. De media, existen cuatro ocasiones al año en que los ciudadanos suizos están llamados a votar distintas iniciativas en referéndum. Más de un mes antes, les llegan a casa las papeletas y (atención) un libreto con cada iniciativa explicada, en versión resumen y en versión detalle, así como los argumentos a favor (redactados por los defensores) y en contra (redactados por los que la rechazan), además de (agárrense a la silla) “la recomendación del gobierno”, con su consiguiente explicación, que es (agárrense más fuerte) la que la gente suele seguir en caso de no tener una opinión pronunciada. Amén del libreto, la gente suele debatir con amigos y allegados opiniones y puntos de vista (y debaten, los jodíos, no le convencen al otro a gritos). Estas gentes de enorme experiencia y conciencia democrática introducen para colmo un elemento solidario del que en el resto de Europa no hemos oído hablar jamás, razón por la cual rechazaron iniciativas como ampliar las vacaciones de 4 a 6 semanas (“qué pasa con el pequeño negocio que no se pueda permitir pagar a sus trabajadores esas semanas extra”).

Así que yo sospecho que mientras nosotros, ciudadanos que nos desgañitamos a favor de la democraciadirectaya, no estemos por desarrollar esa conciencia política y democrática, esa responsabilidad que supone un voto, y ese civismo para admitir los resultados de los mismos, casi mejor que no nos lo pongan en las manos (y de la actuación de los profesionales de la política en caso de referendum, mejor ni hablamos). Y a los hechos me remito.

viernes, 23 de febrero de 2018

El Liberalismo o Por Qué Me Gusta Pagar Impuestos


Voy a cumplir 38 años, si no los he cumplido ya a la publicación de este texto. Voy a cumplir 38 años y en este rato mediante entre las bravuras de juventud y las nóminas a fin de mes, he visto a mis allegados y a mis alejados cambiar de miras en diferentes aspectos, entre ellos, lo que viene a ser el concepto de la propiedad, que es sobre lo que vengo a dirimir aquí.

Hay quienes cambian a lo Jiménez Losantos, y pasan de correr delante de los grises a liderar el fan club de Fraga. Hay quienes cambian más comedidamente, y pasan de las huelgas universitarias de pincho y cafetería a ganar un sueldito que defender con uñas y dientes. Luego hay también quienes no cambian nunca, y esto desde un punto de vista psicológico me resulta más preocupante, por contranatura.

Tengo una amiga que la única vez en su vida que faltó a clase fue para ir a ver pasar por la calle al entonces Príncipe (y siempre me odiará por recordárselo). Luego abrazó más bien el ideal republicano liberalista y, de hecho, acabó militando un tiempo en Ciudadanos. Tengo otros amigos que, sin llegar a tanta efusividad ni al principio ni al final, sí consideran que pagan demasiados impuestos (con la gente con jeta que hay apuntada al paro porque no quieren trabajar, y los que llegan de a saber dónde y tienen derecho al médico que yo pago) y que mejor nos iría si cada cual se preocupara de su ascua y de su sardina (después de todo, pagan un seguro privado aparte y tienen un plan de pensiones igualmente). Muchos de ellos opinan que el que no piensa igual es un idealista desfasao a lo Julio Anguita, alguien que vive en una realidad ajena, o que es simplemente imbécil. También tengo amigos militando en este campo de los idealistas desfasaos surrealistas. Y conocidos militando en el de los imbéciles.

El caso es que cuanto más transito por la vida y más vetustos nos hacemos, más parece imponerse el viejo dicho de que “si a los veinte no eres de izquierdas no tienes corazón, y si a los cuarenta no eres de derechas, no tienes cerebro”. A mí personalmente este análisis me resulta insuficiente, muy cortico de miras. Así que voy a explicar Por Qué A Mí Me Gusta Pagar Impuestos, descerebrada de mí:
  • Me gusta pagar impuestos porque disfruto saliendo a la calle sin pensar que me van a robar el bolso.
  • Me gusta pagar impuestos porque disfruto aún más con la idea de que no me vayan a volar la cabeza para robarme el bolso.
  • Me gusta pagar impuestos porque me agrada acceder a un pueblo perdido con transporte público, y me gusta que haya quien quiera y pueda vivir en ese pueblo perdido: en Madrid y Barcelona ya somos demasiados.
  • Me gusta pagar impuestos porque, si miro alrededor, los países donde menos cabezas vuelan es aquellos en donde se fomenta una educación pública de calidad.
  • Me gusta pagar impuestos porque resulta agradable pensar que si te da un yuyu en plena calle, la ambulancia no va a llamar a tu banco primero a ver si hay parné.
  • Me gusta pagar impuestos porque mis amigas Ana y Nella (entre otros) hacen un trabajo excelente como trabajadoras del Estado, compensando a tantos por encima de ellas que no lo hacen. Y me agrada saber que soy parte de su sueldo.
  • Y por último, me gusta pagar impuestos porque sé que, de no hacerlo, el que ahora abusa de ellos encontraría la forma de joderme igual –o peor-.

Y les juro que ni tengo las paredes forradas con fotos del subcomandante Marcos ni llevo en la muñeca un banderín rojo, gualda y azulón.

domingo, 19 de febrero de 2017

Tanaaaaaa

Cuando Cómplices cantaba "Es por ti", yo tenía nueve años. Mi hermana tenía dos y apenas hablaba, la jodía tardó muchísimo en hablar, indicando así ya entonces una predisposición en su fuero interno a llevar la contraria. Sin embargo, cuando aparecía Cómplices en la radio, nos arremolinábamos las dos en torno al radiocasete, los ojos ansiosos mirando alternativamente al dial y a las pupilas de la otra, todo bajo control, se acerca el momento, madrugada, balanceo nervioso de las bocas y los cuerpos, para colarse, ya está aquí yastaquí yastaquíiiiii, por tu ven sonrisa enorme de satisfacción anticipada TANAAAAAAAA!!!!!!!, y mi hermana  y yo soltábamos el tanaaaaaa al unísono y a grito pelao, sensación del trabajo bien hecho, una de las pocas cosas en las que nos sincronizaríamos a futuro. Ese par de sílabas eran las únicas que la jodía era capaz de repetir de toda la canción, de las pocas que en general pronunciaba a sus dos años de edad, y las dos nos lo pasábamos pipa y disfrutábamos como las enanas que éramos con ese tana bien plantao, justo a tiempo, lo hemos vuelto a lograr, satisfacción de hermana mayor que le ha enseñado algo a la pequeña, satisfacción de hermana pequeña de la que vuelve a estar orgullosa la hermana mayor, si tuveramos más años nos fumaríamos un cigarrillo postcoital.

Han ido pasando las décadas y todavía nos reímos cuando nos acordamos del tana, y todavía de vez en cuando coreamos un tana al unísono, pupilas que se entienden y se encienden una milésima de segundo. Han ido pasando las décadas y mi hermana habla más, a veces demasiado, y yo hablo menos, a veces demasiado poco, y a veces justo lo contrario. Ella mantiene ciertos complejos de hermana pequeña, y yo ciertos complejos de hermana mayor, que ambas nos negamos a admitir. Ese tiempo ha confirmado lo que ya se perfilaba entonces: que no podemos ser más diferentes, que estamos abocadas al fracaso comunicativo si pasamos demasiados días bajo el mismo techo. Sin embargo, también ha confirmado que no hay ampolla que el tana no cure cual compeed de la memoria. Es mi hermana pequeña, la quiero de esa forma ta irracional que hace que no pueda sino hablar maravillas de ella frente a otros y temerla y enfrentarme a ella sin embargo cuando la tengo cerca y me cerca; de esa forma tan animal que hace que la pegue collejas en casa pero ay de tí como se te ocurra pegarle una en el cole, eres hombre muerto aunque pierda las gafas.

Esta mañana estaba ordenando la casa y mi versión moderna del radiocasete de repente ha expelido a Cómplices. Y he pensado en ella, y he sonreído, y la pupila se me ha encendido un segundo, y he cogido el whatsapp y le he enviado a mi hermana el correspondiente tana voz mediante, Teo y yo a grito pelao. Y espero que ella lo escuche y se le encienda la pupila un momento y comprenda que han ido pasando los años y que yo la quiero y la temo y la respeto y velo por ella y le daría a veces dos hostias y otras muchas la arrullaría si se dejara y en esta eterna contradicción e impotencia siempre, siempre, siempre estaré allí para ella, como entonces.    



"Es curioso cómo puede el niño sobrevivir en el adulto" (Romain Gary, La promesa del alba)

martes, 4 de octubre de 2016

La vuelta al cole

Hace como un año que no me retrataba por la presente. Esto se manifiesta en que me ha costado dios y ayuda "loggearme": ni me acordaba del usuario, ni me acordaba de la contraseña, ni me acordaba de nada. Pero El Altísimo en su sabiduría ha decidido que ya tenían ustedes bastante con lo que tienen, y que sin su tremolina no se podían quedar. Y aquí estoy.

Y vengo a deciros, hermanos, que he vuesto al cole. Sí. O eso creo. Porque mi ficha sigue diciendo que "matriculación en trámite", pero en la secretaría me han dicho que habiendo pagado, considéreme matriculada. Que el trámite es un mero trámite. Así que tengo plena patria potestad para erigirme en estudiante UNED. Y aquí estoy.

Lo primero que puedo decir es que la universidad no ha cambiado tanto de hace 18 años a ahora. Su página web y los servicios que ofrece a través de ella parecen ser los mismos. Qué dolor de muelas, en pleno 2016. Entre los grafismos ryanair y la concepción técnica, me juego el cuello a que, si busco, me encuentro con ofimática como asignatura optativa.

Lo segundo que puedo decir es que, habida cuenta de que mis nuevos estudios pertenecen a la facultad de Filosofía, yo daba por hecho que íbamos a estar cuatro gatos ahí: yo, una perroflauta de Jerez, un alemán en busca del sentido de la vida, y el clásico presidiario. Pero he abierto la página con los listados de los de primero y somos como en la película: trescientos. No sé si es que esta carrera se ha puesto de moda en Alcalá-Meco, o que eso de que con la crisis a la gente le da por estudiar es francamente indiscriminado.

Y en fin, que digo yo de mili y de matricularme de primero, pero eso no es así exactamente. Como yo tengo que comer, y tengo que venir a una oficina, no es que me haya apuntado así al mogollón a todo un primero de carrera como cuando éramos jóvenes. No, qué va. Me he apuntado a dos asignaturas: una en el primer cuatrimestre, y otra en el segundo. Así, con tranquilidad, na más que pa que me den el carné de estudiante y pueda por fin visitar la Biblioteca Nacional, y que me salga más barato el cine. Y para tener un aliciente intelectual en la vida: he echado cálculos y, si me aplico y progreso adecuadamente, en veinticuatro años tengo la licenciatura. En veintitrés y medio, si me convalidan Lingüística. Siempre y cuando el año que viene no decida pasarme a Historia porque la cuestión antropológica no me acabe de convencer, claro. En ese caso, tendría el bachelor of arts como regalo de jubilación aproximadamente.
Si esto no es planificar a la suiza, que venga el mismo dios del principio de la crónica y lo vea.        

viernes, 25 de septiembre de 2015

Ser o no ser

Me saturan los periódicos desde hace semanas con la amenaza secesionista (sic), el derecho a la libre determinación (sic) y, en suma, el asunto de la eventual independencia catalana del resto del territorio de lo que llamamos España. Y me descorazona sobremanera comprobar que el asunto me deja en alta medida indiferente., cual crónica de un desastre anunciado al que uno ha tenido tiempo, años, para acostumbrarse.  

Cuando todavía iba al instituto, defendía la idea de que en toda España deberíamos estudiar nociones de las cuatro lenguas oficiales existentes en todo el territorio. Me miraban como si hubiera que mandarme a la hoguera y lo más agradable que escuché como respuesta fue un “para qué”. Mal íbamos.
Los que me preguntaban “para qué” fue con los que luego, ya en la vida adulta, me enzarzaba en discusiones al respecto de “por qué tengo yo que aprender catalán si me quiero trasladar a Cataluña”. Pues por respeto, gilipollas, y de paso por tí mismo, porque cuál es el problema de aprender algo nuevo. De la misma forma que te convendría aprender alemán si te mudas a Berlín. “Es que Cataluña está en España”. Y he aquí la madre del codero.

Soy una madrileña de pedigrí, de esos escasos ejemplares provenientes de chulapos bisabuelos (y más allá, no sé).  Me sume en el desconcierto que el 90% de los madrileños de hoy en día no sepa de qué va eso del chotis, ni haya visto jamás una zarzuela, ni conozca la historia de la Gran Vía, ni comprenda las metáforas chulapas que usaba mi abuela para comunicarse en el día a día. Y me resulta hilarante que los descendientes de toledanos y cacereños traten de convencerme de lo que significa ser de Madriz. Por mi parte, nunca he sentido la necesidad de demostrar, justificar o defender lo que soy: yo lo tengo bastante claro.
Por otra parte, ¿qué es ser español? No tengo ni idea. Si ser español consiste en llevar pulseras tranzadas con la bandera de España más el azul añil, yo no debo de serlo.  Si consiste en considerar que el resto del mundo ha de hablar castellano por encima de todo, tampoco debo de serlo.  Y si consiste en colgar una bandera del balcón los días de fútbol, para qué queremos más.
Y sin embargo, intuyo que, además de madrileña, soy española. Se me encogen los higadillos cuando escucho Mediterráneo. Me rasgo las vestiduras cada vez que me encuentro un hecho por un echo, no digamos una b por una v.  Me hincho de orgullo cuando analizo el cambio que dio mi país con la entrada en la UE. Y creo que no hay pena en este mundo que una morcilla de Burgos no pueda curar. Pero soy también europea, europea convencidísima, que es la aspiración con la que me crié y en la que cada vez me reconozco más, en vista de los disgustos que me da mi patria.

Estimados paletos de España, estimados garrulos de Cataluña, estimados catetos de Oviedo y estimados palurdos de Talarrubias: dejen sus complejos a un lado, abandonen al charnego que llevan dentro y mírense con conciencia: ¿de verdad creen que son tan insolentemente puros que no hay traza del resto en ustedes? ¿Acaso no saben de dónde vino la peseta? ¿O que las características cinco únicas vocales fonéticas del castellano actual provienen en realidad del vasco? ¿Que somos tan diferentes, tantos siglos después? ¿De verdad creen que la corrupción está centralizada y es endémica en la influencia celta? ¿Me va usté a decir que no ha berreado a Los Chunguitos para sus adentros en alguna ocasión, y que tiene Rh negativo? ¿Y no le parece que, de hecho, hay algo de hermoso en todo ello ?

Para esta madrileña de nombre y apellido catalán que vive en un país allende la UE con cuatro lenguas oficiales donde cada uno va a su aire pero se trabaja por el bien común,  y que considera que el gran problema de la Europa Unida es haber permanecido desunida políticamente y que no nos gobierne ahora la Merkel a todos (por ejemplo), el sentimiento de pérdida por el que está doliente no proviene de la posible desaparición de un trozo de tierra de los mapas meteorológicos del telediario.  El sentimiento de pérdida emana del hecho de comprobar, una vez más, que desde Fernando VII no hemos cambiado tanto, pese al siglo y algo que nos ha sido dado para amortizarlo, y que mi país, ese que prometía tanto, se ve de nuevo devastado por la acción de paletos, catetos, garrulos y palurdos que, cual Urano, van devorando a sus hijos –a los pocos que conseguían percibir y agradecer la belleza, la riqueza de haber tenido la suerte de nacer en un territorio tan variopinto, tan rico en cultura y matices, en paisajes y climas, en mareas y vientos-.



miércoles, 22 de julio de 2015

El Auténtico Shock De Habitar En Centroeuropa

Amigos,

Son muchos los meses que llevo dándome a la vida parda, sin atender mis obligaciones de educadora del espíritu nacional en formato bloguero. Pero en estos días en los que veo cómo la Europa Que Nos Contaron se desmorona, y ese presente-pasado de exilio y peregrinaje no decae en sus cifras, y el internet se llena de decálogos del tipo 10 razones por las que Madrid es la mejor ciudad del mundo / 10 cosas que echarás de menos cuando emigres / 10 decepciones que nunca te contaron de vivir fuera / 10 xxxx xxxxx xxxx, decía, ante semejante panorama informativo-literario, comprendo que es mi obligación cívica rescataros cual griegos a la deriva de ese maremagnum de estupideces escritas por paletos cuasierásmicos, y prepararos realmente para

El Auténtico Shock De Habitar En Centroeuropa*

A saber:

1. Adelgazas de repente.
Porque la talla no es la misma. Y no me refiero a que en España digamos 38 y en Centroeuropa digan M o 2. Me refiero a que no hay mejor método para adelgazar que mudarse a Europa, porque te reduces ipsofactamente. La 38 española es una 36 en Alemania, la 36 española es una 34 en Suiza, y etc etc. Ojo que, como sabeis, cuando uno adelgaza, lo primero que pierde son las tetas. Así que una 90 española es una 80 en Holanda y vecindad. Y una 85, una 75. Y así sucesivamente. Adiós a las buenas noticias.

2. Muerte al rapero jipjopero.
Un hombre de verdad, un hombre elegante, un hombre con clase y distinción que aspire a una carrera envidiable en una multinacional de postín, lleva el largo de los pantalones por encima de los tobillos. Eso eh asín.

3. En el cine hay que hacer pis.
Y por eso hay pausa de entre 10 y 15 minutos en todas las películas, sin excepción. Si la película es muy larga, quizá haya dos pausas. Y las pausas las hacen a lo Tele5: nada de esperar a que Nicole Kidman termine la frase. Cortamos a-la-mitad-exacta y listo. Que para algo somos la tierra de los relojes.

4. La vida al aire libre.
El centroeuropeo, que es muy viajao, ha experimentado la sensación cervecita en una terraza y sabe que es agradable. Así que aquí también hay terrazas. En verano. Y en invierno. Porque anda que no es agradable ni ná sentarte en la calle a 4 grados con tu calefactor y tu mantita procurada a tal efecto por el concierge del local. Con tu cafetito caliente, a ver pasar los tranvías.

5. No solo de alcohol vive el hombre
Estoy, lo juro, hasta las narices de que todos sientan la necesidad de informar de lo caro que es tomarse una copa en Londres, porque claro, el alcohol es taaan caro aquí, nada que ver con España, pues anda que en Munich, que lo racionan con unos medidores. ¿Por qué nadie habla de que aquí la referencia económica del pescado (y de la carne, y de todo) es por 100 gramos, y no por kilo, lo cual da una idea de los precios que acompañan? ¿Por qué nadie dice que la de la fruta es por pieza? ¿Es que esa gente no come? ¿O es que no se han repuesto aun del trauma de la primera vez que fueron a la carnicería e, ignorantes, se dejaron la beca con un par de chuletitas de cordero?

6. No solo de fútbol vive el hombre
La sección de deportes del telediario abre con esquí. Y me encanta.

7. La "limpieza de primavera"
La limpieza de primavera (Frühjahrsputz) es como la fiesta de la cosecha en Rusia o la Fiesta de la Espiga en el pueblo donde me crié: un acontecimiento de primer orden que se planea con minuciosidad, expectación y algarabía. Hay publicidad al respecto y las gentes hablan sobre ello en el trabajo caundo se acerca el momento, más que sobre Siria o sobre la FIFA. La limpieza de primavera consiste en mover todos los muebles de la casa, limpiarla a fondo como si hubiera que desalojar al ébola, e inspeccionar cada objeto y cada cajón en busca del correspondiente cupo del que desprenderse, bien vía camión de basura, bien vía tienda de segunda mano.

8. El tiempo pasa más despacio.
Por eso cuentan distinto. Tiempo de preaviso para dejar un trabajo: 3 meses. Tiempo de preaviso para un despido: 3 meses. Tiempo aproximado de duración de un proceso de contratación: 2-3 meses. Tiempo de preaviso para dejar un inmueble: 3 meses (y nunca en septiembre, que está prohibidísimo).

9. Hay que usar protección.
Por eso, por ley, los bares, discotecas y salas de conciertos deben poner a disposición de los clientes tapones para los oídos, que se encuentran normalemente en la barra, para el libre uso y disfrute. Ante esta realidad, es de suponer que el éxito que tendría una sala de conciertos sin sistema de sonido es incuestionable.

10. No queremos limosnas.
Por eso la propina no se deja en el platito en bares y restaurantes, sino que se da en vivo. Es decir: viene la doña con la cuenta, 15.23, y tú ahí en ese momento tienes que hacer la cuenta y decirle mientras le das el billete: "cóbrate 16 / 17 / 18". Pero siempre cuenta con que como le digas 16, prepárate a salir de allí con la cabeza gacha.


BONUS TRACK, para que esto no sea un decálogo más: En tu casa tampoco quieres limosnas.
Así que aquí la publicidad se hace de forma diferente. No son cartelitos del profesor Yusuf que cura a distancia el mal de amores y la impotencia lo que te dejan en el buzón anónimamente, sino productos existentes en el mercado, para que los pruebes. En mi buzón han aparecido ya, como por prestidigitación, detergentes de lavadora, zumos, preparado para creps, salsas, cubitos para caldo, y una cosa de esas de poner en el váter para que huela bien. Entre otras que, ahora mismo, no recuerdo. Y todo de marcas de las de nombre. 




*note el lector que cuando digo Centroeuropa en realidad quiero decir principalmente Suiza y aledaños, en pura sinécdoque de venirse arriba, porque como buena helvética que estoy empezando a ser, non plus ultra.
  

viernes, 5 de diciembre de 2014

Pirulas de yodo

Suiza tiene un total de cinco centrales nucleares, de las cuales tres están en el cantón de Argovia, que es el cantón siguiente al mío. La cuarta está en otro cantón que también pega con el que habito. Y la quinta está mucho más lejos, lejísimos: a un total de 110 km. de donde moro. Así pues, en un margen de entre 48 y 110 km. de mi persona, tengo colocadas cinco bombas de relojería. Había una sexta, pero les salió rana: hubo un accidente al inició de su vida útil y se selló, con su radiación y todo. Como nota de color, les diré que la central de Beznau I, a 58 km de mi choza, parece ser la más antigua del mundo que sigue en servicio.

No crean que yo esta información la tengo porque sea natural de Almaraz y lleve el plutonio en las venas. Esta información la he buscado recientemente como consecuencia de la recepción de una carta en mi domicilio en la que el Ministerio de Defensa me informa de que se ha decidido ampliar el radio de « impacto » de las medidas al respecto de las centrales nucleares y, como tal, me corresponde un paquete de pastillas de yodo que recibiré cómodamente en mi domicilio en las próximas semanas, al encontrarse mi vivienda a menos de 50 km. de distancia de una central nuclear. Haga usté el favor de no tragarselas salvo que se lo digamos via emergencia nacional, y haga usté el favor de no dejarlas al alcance de los niños. Aunque el Estado sabe que yo no tengo niños y me informa convenientemente de que, de tenerlos, me habrían correspondido más pirulas.


Yo no tengo ni idea de para qué sirve el yodo más allá de para añadirlo a la sal marina,  así que le pregunto a mi amiga Nella, que es natural de Argovia y de esto seguro que sabe mogollón.
"Es pa que no se te caiga el pelo cuando la diñes, y mueras con gracia".
Pues nada. Me quedo esperando las pastillas de yodo pacientemente y con curiosidad. 

Pero no son las pirulas lo que llega, sino otra carta del Estado. En ella me informan de que, como al parecer hay ciertas dudas sobre pa qué sirve exactamente el yodo y si eso nos libra de todo mal, han decidido enviar esta otra misiva para despejarlas. A saber:
  • Recibe usté tabletas de yodo porque no puede descartarse que una central no vaya a pegar un petardazo.
  • Las pirulas no le protegen del Maligno, solo del yodo radioactivo del Maligno. Pué que se liberen otras delikatessens como cesio o estroncio, y que éstas le induzcan al cáncer y la leucemia, contra lo que no le protegerán las pirulas de yodo, no.
  • En caso de petardazo, los víveres y el agua pueden contaminarse incluso a muy larga distancia. No tenemos claro qué haríamos en tal caso.
  • Las pirulas funcionan únicamente si se ingieren poco antes del advenimiento de una lluvia radiactiva. Pero no podemos garantizar que el aviso pa tomar las pastillas llegue a tiempo.
  • Junto con el aviso pa tragarse las pastillas, llegaría un aviso de evacuación. Cómo se evacuaría a tanta gente y a dónde se la llevaría, no lo tenemos claro.
  • Dependiendo de los vientos, es posible que una nube radiactiva  se desplace más de cien kilómetros. El Estado provee de pastillas de yodo únicamente a los habitantes en un radio de 50 km. de una central, y sólo en suelo helvético.



Así que Nella tenía razón.  

Una vez solventadas todas las dudas, mi paquete de pirulas efectivamente llega al cabo de unos días. Y ahí lo tengo, con el ibuprofeno y el angileptol. 

Ante comunicaciones como esta a la población, no me extraña que los suizos hayan decidido prescindir de la energía nuclear y hayan ratificado un plan para cancelar la construcción de tres centrales más que estaban pendientes, además de desmantelar todas las existentes entre 2019 y 2034.

Para curiosidad del lector, las centrales están todas siguiendo la especie de línea que se aprecia en el mapa por el riesgo de seismos que tiene este país. Yo, en concreto, habito sobre una falla.

jueves, 18 de septiembre de 2014

If you're goin' to San Francisco

Hola guapines,

Como mujer de mundo que soy, déjenme decirles que he estado en San Francisco, que es ese sitio americano donde los coches se persiguen unos a otros dando saltos por sus empinadas cuestas. Ese sitio que pese a tener pocos habitantes más que Valencia, suena como Nueva York. Ese sitio al que llaman "la ciudad más europea de Estados Unidos" y yo sigo sin comprender por qué. Pero a lo que voy.

Que he estado en San Francisco porque soy una mujer de mundo a la que en su trabajo meten en un avión y mandan a sitios. Y en San Francisco he hecho un montón de cosas. He sobrevolado un sitio que se llama Wahpeton. Me he indignado porque el formulario de inmigración ya no me pregunta si voy a asesinar al presidente. He viajado a 1887 en un "cable car" y a 1963 en un tranvía. He comido unas ostras riquísimas de tres variedades distintas. He tocado con mis propias manos una raya (de tipo pez). He visto más vagabundos juntos que en toda mi vida, muchos de los cuales no superaban los 25 años de edad. Y he tenido ocasión de despertarme a las 3.20 de la mañana gracias a un terremoto de magnitud 6.1 que hizo que mi cama se sacudiese como la de la niña de El Exorcista.

Sí, hijos míos, sí. Los terremotos no son nada bonitos. No son nada cúl. Porque además, nadie se ha encargado nunca de decirme qué hacer en caso de terremoto, al igual que nadie se ha encargado nunca de decirme qué hacer en caso de ataque de anaconda en mi Iberia natal. Estoy puestísima con respecto a si me quemo o me inundo, pero si me sacude la tierra... nada. Así que aquí les relato lo que creo recordar que hice:

Bamboleo-bambolea. Qué coño pasa. Apertura de ojo. La cama se mueve (mucho). Mrrrhhmmmhhmmdoy la luz. La tele se mueve (mucho). Hay un ruidico mantenido, sutil y cavernoso, así como procedente de la Madre Tierra. Hostiasestovaaserunterremoto. No puede ser que venga a San Francisco tres días y me vaya a tocar a mí. Salto (literalmente) de la cama y me dirijo a la ventana. Veo a otro ser humano buscando respuestas desde la ventana de enfrente. Así que no son imaginaciones mías ni hambre de aventura. Me dirijo rauda al armario. Me pongo la gabardina. Me doy cuén de que no va a ser buena idea acabar en mitad de la noche sanfranciscana en pijama de verano, pantuflas y gabardina. Me quito rápidamente la gabardina. Observo que me la había puesto con percha y todo. Me calzo unos vaqueros y un polar.
Todo esto en aproximadamente cuatro segundos y medio.

Salgo al pasillo del hotel, donde un caballero que ha reflexionado menos que yo se halla en calzoncillos. Ambos nos dirigimos a la recepción. Él tiene los huevos de coger el ascensor. Pese a todo, yo consigo bajar más rápido que él los cuatro pisos de escaleras. En la recepción hay un chino, que es lo que tienen las recepciones de hoteles estadounidenses de categoría pagable a altas horas de la noche. Le preguntamos sobre el particular. "This is Califormia, man", contesta. Pero yo sé que nos dice esto en un alarde de profesionalidad, para que no nos preocupemos y vivamos los últimos momentos de nuestra existencia en paz y armonía. Y lo sé porque a su lado hay otro chino, que está cagao, al que he oído decir "wow, esta sacudida ha sido más fuerte que la anterior!!" justo antes de aparecer yo en su campo visual.

Y en fin. Su Tremolina de cabecera ha sobrevivido a un terremoto. Entre esto y los aterrizajes de emergencia, vaya racha llevo. Ahí es na. Aunque ahora sé a qué se refería el de las flores en el pelo con el "such a strange vibration" y el "people in motion".

viernes, 6 de junio de 2014

Todo cambia

Yo únicamente iba a revisar el correo, como todos los días. El caso es que no sé a qué botón le di, de manera inesperada, en la bandeja de entrada de mi e-mail, pero de repente todos los correos bailaron al compás y, cuando me quise dar cuenta, se habían colocado en el orden inverso al habitual, es decir: de los más antiguos a los más modernos. Y los más antiguos tenían más de una década.

Y la pantalla empezó a ofrecerme un desfile de cadáveres con el que yo no contaba. Algunos nombres ni siquiera los reconocía. Pero otros resucitaban de entre las tinieblas su vivo retrato, y traían consigo el fresco recuerdo de las pasiones y los insomnios que los acompañaron. Si alguien me hubiera dicho en aquellos momentos que más pronto que tarde yo iba a reirme con otras bromas, a encandilarme con otras risas, a llorar por otras penas, y a desvelarme por otras brisas. Me hubiera resultado inconcebible. Como nos resulta siempre.

Esos vivos retratos trajeron a su vez el presente de sus dueños, o, al menos, la evolución de los mismos durante el tiempo que duró el contacto. El alma compulsivamente libre lleva ya cinco años de relación afectiva y dos hijos. Al que la vida se le había dado la vuelta no se arrancó a más de un lejano y formal "hola" en el aeropuerto de Londres, acompañado de la que lo acompañaba en esa vida que se dio la vuelta. Mi uña y mi carne ahora son agradable encuentro en Navidades. Y la horma de mi zapato acabó por convertirse en suela, de pura desidia. Todos han cambiado. Todos son distintos.

Todos son distintos, y yo la primera. Qué absurdo es sorprenderse ante el cambio ajeno, sin percatarse de que uno no es un ser inerte. De que uno muta y evoluciona y se tiñe con los colores que le regala cada ocaso; de que uno es la mezcla casual de todos esos vivos retratos en conjunción con lo que uno aporta. Y de que uno es en cierta medida partícipe de cada cambio.
Porque el alma compulsivamente libre tenía una indecisión enfrente, porque una salió por patas cuando las vidas ajenas se dieron la vuelta, porque yo poca manicura le hice a la uña de mi carne, porque al final me aburrí de tanta desidia ajena.

Y yo cambio y muto y en cierta medida no soy la que era, ni la que fui después, ni la que seré mañana, probablemente. Y a dios gracias, líbranos Señor de los impermeables.





 
******
 
Es raro que no haya un instinto que le avise a uno de que está hablando con alguien por última vez (Antonio Muñoz Molina, en El dueño del secreto)
 
******

miércoles, 14 de mayo de 2014

Hablando bonito

Hallábame yo al final de mi cena, pongamos por ejemplo ingiriendo un yogur, mientras en el telediario trataban el asunto de las revueltas en Venezuela. Palos por aquí, mangueras por allá, y el reportero que se acerca a una joven transeúnte a preguntarle sobre el particular. Ésta, visiblemente alterada y temerosa de dios en el barullo general, le responde como puede que estaban manifestandose pacíficamente cuando de repente "comenzaron a accionar armas de fuego" (comensaaaron a aksionaar armas de fueeego).


Chapó. Ay que ver lo bonito que hablan los latinoamericanos, rediez. Cualquier español en su lugar se hubiera arrancado por un "se liaron a pegar tiros!!" y se hubiera quedado tan a gusto. Me sigo comiendo mi yogur mientras reflexiono sobre la versatilidad de la lengua castellana. Me vienen a la memoria un grupo de colombianos junto al que pacientemente esperé más de dos horas a que una tormenta de nieve nos permitiera despegar de Basilea. Comentaban entre ellos lo mal que hablaban los españoles, y el suplicio que supuso para dos del grupo vivir en Madrid unos años y tener que soportar expresiones como "y una mierda", "pero qué coño", "joder esto, joder lo otro" a todas horas, y lo peor de todo: el execrable "me cago en dios". "Los españoles se pasan la vida cagando", decía uno.

Y no les falta razón. Hablamos muy, muy mal. No hablamos nada lindo. En Latinoamérica hay bastante más respeto y educación en el lenguaje, algo que a nosotros nos falta. Es posible que te vuelen la cabeza de un tiro en Caracas, o que te cuelguen de un semáfoto en algún bastión del narco mejicano, o que aparezcas degollado en un vertedero de Bogotá, pero siempre, siempre se hará con educación y con el máximo mimo para no ofenderte. "Disculpe, caballero, sintiéndolo en el alma, no me queda más remedio que accionar armas de fuego contra su nuca. Sería usted tan amable de retirarse el cuello de la camisa, no quisiera yo que cuando sus famliares recojan su cadáver tuvieran que botarla". "Pero claro, m'hijo, con gusto, no más que acerquémonos a ese callejón, no vayamos a incomodar a los viandantes".

Así que a ver si hacemos el favor de aprender, hostia ya.


****

"Un buen taco a tiempo limpia los pulmones" (Manuel Vázquez Montalbán, en Galíndez)

  


miércoles, 23 de abril de 2014

Hombres

He conocido a un hombre. Es rubio, deportista, con los ojos verdes y clavaíco clavaíco a Mr. Burns, el de Los Simpsons -aunque con algunos años menos-. Bueno, cuando lo miras con cuidao, de cerca y con el tiempo, ya no es tan clavaíco -sólo un poco-. Pero qué quieren que les diga: a ciertas edades ya no se puede andar con tonterías, sobre todo porque los justin timberlake del momento a mí no me ponen y yo estoy muy orgullosa de haberme hecho mujer con Brad Pitt, del que sigo muy enamorada, añado. Así que hay que valorar otras cosas. Por ejemplo: mi Mr. Burns tiene pelo. Ni un principio de alopecia, ni una entrada: nada de nada ¡Inverosímil!. Y nada de barriga cervecera tampoco. Ustedes me dirán si no es un bombón.

Pero a lo que iba. Cuando lo conocí, llevaba camisa, corbata y pantalones de pijama. Yo llevaba pantalones de chándal, sandalias con tacón e impecables calcetines blancos. Y el resto de la gente iba aún más estrafalaria, porque estábamos en una "fiesta del mal gusto" (que por lo visto, por estos lares, se estilan mucho). El caso es que vino a hablar conmigo y tal y cual y quedamos un día para comer. Y a los pocos días alguien me "alertó", para mi sorpresa e incluso inaudito pasmo, de que el muchacho por lo visto es un womanizer de gran éxito y que yo seré la siguiente de su lista, muah-ja-ja. Lo cual, confieso, me alegró bastante, porque yo soy una mujer moderna y liberada que no es cuestión de desperdiciar, y por otra parte, tampoco me veo pasando las vacaciones el resto de mi vida de Ironman en Ironman. Así que alertada quedé, y llena de ilusión y esperanza ante las nuevas, por consiguiente.
Pero por el momento, el latin lover de Reinach lo único que hace es contactar conmigo puntualmente los martes para ir a comer los miércoles. Así que ustedes dirán. Para más inri, el otro día me presentó a su madre. No fue intencionado, pobre hombre: es lo que tiene que la casualidad te vomite en forma de autobús. Pero no me pude resistir y le escribí un mensaje a mi alertadora. "No te pongo en duda sus intenciones, pero me ha presentado a sus padres" . Y me reí un poco así pa dentro, confieso también.
Así que de momento he conocido a un hombre, pero no he conocido varón.

El caso es que entre medias, como cuando se está en racha esto no hay quien lo pare, he conocido a otro hombre. Este no vive en mi ciudad y es más guapo que Mr. Burns; además, mide como uno noventa y tres lo menos lo menos (cualquiera que me conozca sabe de mi fetiche particular con los altos como otros lo tienen con las japonesas). Total, que me enrollo: que estábamos en su ciudad y el muchacho me dejó entrever así como que lo tenía mochales, pero a la hora de faltarme al respeto... nada, todo muy casto. Hasta que caí en una vicisitud en la que yo misma me he visto en innumerables ocasiones, y que resulta más efectiva que el bromuro para eliminar todo conato de pasión que pudiere acontecer:
"Esto va a ser que está sin depilar", me dije.
Y como fui, me volví a mi pueblo.
Así que de momento he conocido a un hombre, pero no he conocido varón.

Queda empero la esperanza de una eventual visita de El Noventa y Tres a mi ciudad en breve, y/o de que un día Mr. Burns deje de proponerme ir a comer para que me proponga ir a cenar.

Bueno, y un tercer hombre que he conocido, pero esa es otra historia...


*******

"Those days are gone forever. You won't catch me being anybody's sex object." [...] Jan, however, could not resist addressing one remark to her. "If you knew how terrible easy it is not to be a sex object" (Miland Kundera, en The Book of Laughter and Forgetting)

lunes, 3 de marzo de 2014

Atentados musicales, volumen I

Estimados todos,

Una de las cosas más fascinantes del viajar y vivir fuera del propio terruño es la posibilidad de conocer mejor otras culturas, entrar en contacto con otros modos de expresión artísticos, y ampliar las miras de uno para comprender cómo se nos ve a nosotros desde fuera. Sólo así se aprende y aprehende que en España el sistema de transporte público no está nada, pero que nada mal, o que en Noruega sí saben divertirse, y puede que más que nosotros. Pero a lo que vamos, que me enrollo. Me he decidido a compartir hoy con vosotros algunos de mis hallazgos a este respecto, en concreto, dentro del campo musical, para que vean hasta qué punto nuestra propia cultura ha calado y se ha hecho un hueco en los corazones guiris.
Todo ha surgido esta mañana, cuando mi compañera Esther me ha soltado un Hossa!!! lleno de esperanza, y yo he respondido con un mandeeee? en la jeta. Ante mi insistencia en que tal vocablo no significaba nada en español, me ha referido al primero de los vídeos que aquí les entrego:

1.- Rex Gildo: Fiesta Mexicana

Quisiera hacer especial hincapié en el "adio Mexico", así, en italiano.

2.- Hanna Aroni: Eviva Espana 
Para sorpresa de propios y extraños, os diré que el "Que viva España" de Manolo Escobar no se lo inventó él, sino que lo versionó. En realidad, se lo inventó un holandés allá por 1971 bajo el imponente título de "Eviva Espana", lo cantó por primera vez una tal Samantha (también holandesa), y lo lanzó a la fama otra holandesa, Imca Marina, que para estupefacción de todos lo seguía "cantando" en 2010.
Yo les dejo aquí la versión de Hanna Aroni, una cantante israelí nacida en Eritrea de padres yemeníes que canta en alemán, precursora del mundo globalizado que estaba por venir.

Mención aparte merece el rítmico acompañamiento de palmas. Pero las capacidades psicomotrices en conjunción con la capacidad auditiva de los pueblos norteños es cuestión aparte.
Como curiosidad, que sepan que existen versiones en francés, noruego, danés, finés, turco, sueco, árabe, húngaro e inglés. Y que puede que le debamos el nacimiento de España como macropotencia turística.

3.- Zanger Bob: Laat de zon weer schijnen
Descubrí esto cuando vivía en Holanda, y creo que fue cuando comprendí de una vez por todas que yo no sería feliz en ese país en la vida. De hecho, estoy convencida de que aceleró mi regreso.

No sé por dónde empezar, así que les dejo a ustedes la disección y análisis del asunto.

lunes, 13 de enero de 2014

Hasta luego, Lucas

Para escribir la crónica de hoy debo desvelarles uno de mis secretos mejor guardados.

Verán… me gusta planchar. La frase habrá provocado que alguno de los lectores se haya santiguado y otros, sorprendido, pero poco más. Sin embargo, el escándalo lo es si les hablo de cómo me gusta planchar.

Pues aquí va, a bocajarro: Me gusta hacerlo de pie, en el salón, preferentemente en domingo, y habiendo escogido para la ocasión un título de entre lo que las colecciones llaman “Nuestros Clásicos” y los demás llamamos “Españoladas”; a saber: El turismo es un gran invento, Operación cabaretera, El cochecito, Crónica de 9 meses, La ciudad no es para mí, etc.

Cuando se recuperen de la risa, sigo.


Bueno. Pues que el caso es que estaba yo el domingo pasado planchando y en esta ocasión me acompañaba Tú y yo somos tres, de 1961.
La película… Cómo podría decirles… Es uno de los mayores bodrios concebidos por mente humana. Es una calatravada cinematográfica. No la levanta ni la fugaz aparición de Jose Luis Lopez Vázquez. Pero a lo que voy: que el caso es que estaba yo lidiando con la chaqueta de punto beige, cuando en esto que allá por el minuto 00:59:58 de esta soporífera obra fílmica oigo que, en una escena en que están dos en un bar, uno de ellos le dice al barman según se van:

“Hasta luego, Lucas” 

Deslizamiento por cuello de chaqueta beige parado en seco. Capacidad psicomotriz invalidada por unos instantes. Tic en aleta derecha de la nariz y párpados desplegados hasta la rabadilla mientras intento procesar lo que ha ocurrido en mi extrarradio sensorial.
Rebobino, por si acaso.

Efectivamente: dice “hasta luego, Lucas”.

Y de repente una parte integral de mi vida cobra sentido y me siento como el que por fin comprende que dios sea el padre y el hijo y además una paloma.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Te pego por tu bien

Voy a escribir un texto político. Que hacía mucho.

Verán ustedes, cómo les diría... Una se indigna ante el hecho de que esté aquí haciendo la cena y pensando en lo que tiene que preparar para mañana, y salga en la tele un señor con gafas a decirle lo que ha pensado hacer con el fin de garantizar mi derecho inalienable a la maternidad. Sí, es cierto, ya ven: soy una tía muy susceptible y no me satisface que los iluminados de recta moral y dudoso proceder vengan a explicarme lo que es bueno para mí.

Pero sobre todo, sobre todo, me fascina el ejercicio de cinismo, una vez más, que se gastan los agentes del gobierno a la hora de imponerme sus involuciones. Que se cite la defensa de mis derechos para cercenármelos de raíz. Como el "te pego por tu bien". Y me fascina igualmente observar lo mucho que se preocupa el gobierno por los cigotos, y lo poco que se preocupa por los que ya han nacido. Es necesario proteger al no-nacido, pero no parece ser tan necesario proteger al que ya anda por aquí. Al que lleva por aquí poco rato, recortando sus becas, o al que ya lleva por aquí mucho, negándole unos cuidados médicos cada vez más caros mediante el bloqueo de las pensiones (no lo llamemos recorte, que como se hace con el juego del trilero del PIB, puede uno ahorrarse la palabra con la cabeza bien alta). Es necesario proteger al que viene con una deformación que hará de su vida un infierno, pero no dotarle de opciones que hagan su vida mínimamente llevadera. Sólo puedo concluir que al Gobierno lo que le interesan son los úteros, no las personas.

Un gobierno que se preocupa mucho por que yo haya de pasar por la humillación de tener que obtener dos certificados médicos que digan lo loquita que me voy a volver si tengo un hijo que va a sufrir toda su vida, que según la malformación es probable que además sea breve. Y por que yo, pecadora de 16 años, pague la culpa de haber procedido al coito. Y a que, si es fruto de una violación, presente por delante la denuncia -prueben, verán como dan con escalofriantes casos en los que eso sería improbable-. Esta es la forma que mi gobierno tiene de defender mis derechos como española. El de la sanidad, el de la educación, el de la vivienda, el de que los políticos corruptos paguen con euros y con cárcel, ese solo es un derecho de otras nacionalidades. A mí, como española, me corresponde la mantilla. Y que luego me venga Campofrío con gilipolleces rancias y casposas. Pero ese es otro tema.


******

"Sólo quería decir que en mi opinión el niño no tiene ninguna culpa", explica [...] ¿Por qué habla de la inocencia del niño y no de la suya? ¿Acaso S. tiene la culpa? ¿En qué consiste su culpa? ¿Cómo esconderse de los justicieros que, al igual que G., están seguros de saber qué es lo mejor en semejante situación?"

Slavenka Drakulic, en Como si yo no estuviera



miércoles, 11 de diciembre de 2013

Cosas que no deberían existir y sin embargo existen: I. Los gimnasios

Fue culpa mía. Escuché a las voces, las hice caso, y no debería haberlo hecho; así que fue culpa mía.  Pero ellas, insistentes, no me dejaban en paz. “Deberías hacer algo de ejercicio, Tremo”. “Te estás anquilosando, Tremo, deberías moverte un poco”. “El ejercicio es bueno pa la salud, Tremo”.  Qué pesados, si ya hice ejercicio una vez, hace 16 años. El caso es que un día en que debieron de echarme algún tipo de estupefaciente en la bebida, hace ya unos 5 meses, no se me ocurrió otra cosa que meterme en la página web del gimnasio de mi curro y apuntarme a una cosa con nombre de prefecto romano: “Pilates”.  

“Las clases de Pilates están completas. Lo situamos en lista de espera”. Comprenderán la lástima que me dio verme liberada del esfuerzo con la conciencia impoluta.
Y me hallaba yo tan feliz en mi retiro espiritual, cuando en esto que me llega un mail en el que soy informada de que ya hay plazas disponibles en los cursos de crucifixión de elegidos. La conciencia me ataca en forma de recuerdo de madre suplicante. Así que me armo de valor y me digo que ya está bien de sopa boba y que la fama cuesta, como decía la profesora de Leroy, y hala venga, y le doy al link.  

“Las clases de Pilates están completas. Lo situamos en lista de espera”. Aquí ya es cuando decido que me están tomando el pelo y que en realidad ni hay gimnasio ni hay ná, y que lo publicitan pa tirarse el pisto. No obstante, observo que en el mail se ofrece una alternativa  a mi triste destino. “Todavía quedan plazas libres en BBP. Le sugerimos que se apunte a BBP”.

No tengo ni idea de lo que es el BBP. Una compañera me dice que ella estuvo y que es muy aburrido, que la tipa da la clase como si fuera para abuelillas de 80 años, y que se desapuntó al mes. Definitivamente, suena como algo para mí, así que decido tirar la casa por la ventana y apuntarme a BBP, ¡qué narices! Y al jueves siguiente me persono en el mentado gimnasio.

Lo primero que tuve ocasión de observar es que la moda deportiva ha cambiado mucho en estos 16 años, y al parecer, ya nadie lleva mallas y camiseta.  Y, también al parecer, no debí de ser la única que se percató de esta inesperada ruptura del contínuo espacio-temporal, ya que diversos ojos se posaron sobre mi atuendo así como indecisos sobre si lo mío era vintage, o demodé a secas.

Y en fin, ahora ya sé lo que es el BBP. Para los iletrados diré que consiste principalmente en encerrar a 8 tíos en una sala con una música atronadora insoportable y torturarlos poco a poco durante 50 minutos.  Yo era uno de los tíos. Y la tortura ha surtido efecto: durante 5 días seguidos solo he podido caminar en estilo postparto. También tiene sus consecuencias psicológicas: ahora cada vez que oigo “¡¡¡Aiguan tumufit-mufit!!!” me echo al suelo y me lío a hacer abdominales.  


Y en fin, poco más que contarles. He pensado en prender fuego al local. También, en denunciarlos ante La Haya.  Cuando me siento débil de carácter, he pensado simplemente en huir sin dejar dirección ni teléfono a mi marcha, por si acaso.  De momento, les dedico una tremolina. Se van a cagar.